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Torniquetes en emergencias: con alta formación, pero las brechas profesionales persisten

por | 31 Ago, 2026 | Capacitación, Emergentología | 0 Comentarios

Una encuesta publicada en BMC Emergency Medicine analizó cómo médicos, paramédicos y otros profesionales prehospitalarios de Halle/Leipzig son formados y utilizan torniquetes. Aunque la capacitación fue elevada, fueron detectadas diferencias entre grupos y brechas que respaldan la necesidad de actualizaciones estandarizadas.

Una encuesta regional sobre el uso prehospitalario de torniquetes

El uso de torniquetes en la atención prehospitalaria fue analizado desde una perspectiva centrada no solamente en la disponibilidad del dispositivo, sino también en la preparación de los profesionales encargados de utilizarlo. El estudio “Tourniquet use in different emergency medicine professional groups, results from a regional cross-sectional online survey” fue publicado en BMC Emergency Medicine el 3 de agosto de 2026.

La investigación fue desarrollada por P. Hilbert-Carius, H. Wrigge, K. zur Nieden, B. Stichert, A. Großstück y Michael Lautenschläger. Mediante una encuesta regional fueron examinados el nivel de formación teórica, el entrenamiento práctico, la experiencia real con pacientes y el grado de concordancia con las recomendaciones existentes para la utilización de torniquetes.

La investigación permitió comparar cuánto conocimiento teórico, entrenamiento y experiencia clínica tenían diferentes profesionales que participan de la asistencia prehospitalaria.

El trabajo fue realizado en servicios terrestres de Halle (Saale)/Northern Saale District, en Sajonia-Anhalt, y en servicios médicos de helicóptero de la región metropolitana Halle/Leipzig, Alemania. Fueron incluidos profesionales pertenecientes a distintos ámbitos de la medicina de emergencias prehospitalaria.

La encuesta fue desarrollada entre el 2 de julio y el 15 de octubre de 2024 y distribuida en 24 bases de EMS y 2 bases de HEMS, desde las cuales eran operados cuatro helicópteros.

La sigla EMS corresponde a Emergency Medical Services, es decir, servicios médicos de emergencia. Por su parte, HEMS significa Helicopter Emergency Medical Services, o servicios médicos de emergencia en helicóptero.

El cuestionario estuvo integrado por 44 preguntas destinadas a explorar la formación recibida, la disponibilidad de torniquetes, la experiencia previa de utilización y diferentes conocimientos teóricos y prácticos relacionados con estos dispositivos.

La evaluación no se limitó a determinar si los participantes conocían los torniquetes, sino que examinó formación, práctica, experiencia clínica y adherencia a recomendaciones específicas.

En total, 366 personas accedieron a la encuesta. De ellas, participaron 178 (49%), mientras que 132 (74%) de quienes participaron completaron el cuestionario.

Entre los participantes, el 74% eran hombres y el 26% mujeres. Entre quienes informaron su profesión, aproximadamente el 47% eran médicos prehospitalarios, el 32% paramédicos, el 9% EMT, el 7% HEMS-TC y el 4% AEMT.

La sigla EMT corresponde a Emergency Medical Technician, o técnico en emergencias médicas. AEMT significa Advanced Emergency Medical Technician, es decir, técnico avanzado en emergencias médicas. Por su parte, HEMS-TC corresponde a Helicopter Emergency Medical Services-Technical Crew member, denominación aplicada a los miembros técnicos de la tripulación de los servicios médicos de emergencia en helicóptero.

La participación de estos diferentes perfiles permitió comparar profesionales con competencias, funciones y trayectorias formativas distintas. El objetivo fue establecer si la formación, experiencia y adherencia a las recomendaciones se distribuían de manera homogénea dentro del sistema prehospitalario.

La formación alcanzó al 91% de los profesionales evaluados

Uno de los principales componentes estudiados fue el grado de preparación previa para utilizar torniquetes. Entre 160 participantes con información disponible sobre capacitación, el 91% (146) había recibido algún tipo de educación teórica, entrenamiento práctico o ambas modalidades.

La cifra mostró que la capacitación estaba ampliamente extendida entre los profesionales estudiados. Sin embargo, cuando fueron separadas las modalidades de aprendizaje, pudieron identificarse diferencias entre la formación teórica y práctica.

La educación teórica había sido recibida por el 81% (130) de los participantes, mientras que el 87% (139) había realizado entrenamiento práctico.

Nueve de cada diez participantes habían recibido algún tipo de capacitación vinculada con el uso de torniquetes.

El uso correcto de un torniquete requiere conocimientos conceptuales, pero también la capacidad de ejecutar una técnica apropiada en circunstancias potencialmente complejas. Por ello, la formación práctica constituye un componente especialmente relevante en procedimientos que pueden ser utilizados bajo presión y con tiempos limitados.

El estudio no consideró que la sola participación previa en una capacitación garantizara necesariamente un dominio actualizado de todas las recomendaciones. Por esa razón, además de preguntar por la formación, fueron evaluados conocimientos específicos relacionados con indicaciones, sitio de colocación y duración de la oclusión.

Al comparar las distintas profesiones fueron observadas diferencias significativas en la formación teórica, con un valor de p=0,0062.

La proporción más baja de formación teórica fue registrada entre los EMT, con 67%, mientras que la más elevada fue observada entre los paramédicos, con 96%.

La elevada proporción global de capacitación ocultaba diferencias importantes cuando los resultados eran analizados según la profesión de los participantes.

Estos resultados mostraron que el 91% de capacitación global no podía ser interpretado como evidencia de una formación idéntica entre todos los grupos profesionales.

Otro resultado relevante fue que el 43% de los participantes había buscado formación por iniciativa propia. La preparación vinculada con torniquetes, por lo tanto, no había dependido exclusivamente de instancias educativas organizadas por los servicios o instituciones.

La iniciativa individual puede favorecer una mayor exposición educativa, aunque también puede generar trayectorias de capacitación heterogéneas, con diferencias en contenidos, frecuencia y actualización.

EMS: los servicios médicos de emergencia tuvieron mayor formación teórica

La comparación entre el personal de EMS —Emergency Medical Services o servicios médicos de emergencia— y los médicos prehospitalarios reveló una de las diferencias más relevantes del estudio.

La formación teórica había sido recibida por el 91% del personal de EMS, frente al 73% de los médicos prehospitalarios. La diferencia fue estadísticamente significativa, con p=0,003; OR 3,9; IC95% 1,4–11,7.

La sigla OR corresponde a odds ratio o razón de posibilidades. Por su parte, IC95% significa intervalo de confianza del 95%.

La formación teórica fue informada por el 91% del personal de EMS y por el 73% de los médicos prehospitalarios.

El valor de OR 3,9 reflejó la asociación observada entre pertenecer al grupo de personal de EMS y haber recibido formación teórica dentro de la muestra estudiada. Sin embargo, el diseño transversal no permite establecer una relación causal.

La menor proporción de formación teórica entre los médicos resultó especialmente interesante porque no fue acompañada por un desempeño inferior en todos los conocimientos evaluados.

Al analizar el lugar recomendado para colocar el torniquete, los médicos prehospitalarios mostraron mayor concordancia con las recomendaciones que los restantes profesionales.

Menor formación teórica declarada entre los médicos no significó necesariamente menor conocimiento de todos los componentes de la técnica.

La diferencia demuestra que formación declarada, experiencia clínica y conocimiento específico representan dimensiones diferentes y no deberían ser consideradas equivalentes.

En consecuencia, los resultados no permiten establecer que una categoría profesional estuviera globalmente mejor preparada que otra. Fue identificado un patrón heterogéneo, con fortalezas y brechas diferentes según el componente analizado.

Más de la mitad había utilizado torniquetes en pacientes reales

Además de la capacitación, fue evaluada la experiencia clínica directa. Entre 135 participantes con datos disponibles, el 57% (77) informó haber colocado al menos un torniquete en un paciente.

Esto significa que más de la mitad del grupo evaluado había utilizado el dispositivo en una situación asistencial real y no solamente durante entrenamientos o actividades de simulación.

Además, el 13% (18) indicó haber necesitado colocar más de un torniquete simultáneamente.

El 57% había utilizado al menos un torniquete en un paciente, mientras que el 13% había requerido colocar más de uno de manera simultánea.

La experiencia previa fue informada por el 80% de los EMT, el 67% de los AEMT, el 55% de los paramédicos, el 73% de los HEMS-TC y el 54% de los médicos.

A pesar de estas diferencias porcentuales, no fueron encontradas diferencias estadísticamente significativas entre las profesiones en relación con la experiencia previa.

Por ese motivo, las diferencias numéricas no permiten afirmar que una determinada profesión haya acumulado sistemáticamente una mayor experiencia práctica con torniquetes.

Cuando fue examinada la frecuencia de utilización, el 29% había colocado torniquetes 1–2 veces, mientras que el 21% había realizado el procedimiento entre 3–5 veces.

El 6% había utilizado torniquetes entre 6–10 veces, mientras que solamente el 1% manifestó haberlo hecho más de 10 veces.

Aunque la experiencia clínica estaba ampliamente presente, la utilización repetida del torniquete era poco frecuente para la mayoría.

Esta distribución resulta relevante porque un procedimiento utilizado ocasionalmente puede requerir entrenamiento periódico para evitar la pérdida de conocimientos o habilidades técnicas.

La experiencia clínica puede reforzar la capacitación, pero no todos los profesionales tienen oportunidades similares para utilizar torniquetes en pacientes. Por ello, la simulación y las actividades prácticas periódicas podrían cumplir un papel importante para mantener las competencias.

HEMS: experiencia en servicios médicos de emergencia en helicóptero

Los profesionales de HEMS —Helicopter Emergency Medical Services o servicios médicos de emergencia en helicóptero— constituyeron otro de los grupos analizados en el estudio.

La encuesta fue distribuida en 2 bases de HEMS de la región metropolitana Halle/Leipzig, desde las cuales eran operados cuatro helicópteros.

Dentro de estos servicios fueron incluidos los HEMS-TC, sigla correspondiente a Helicopter Emergency Medical Services-Technical Crew member, es decir, miembros técnicos de la tripulación de servicios médicos de emergencia en helicóptero.

Entre quienes informaron su profesión, aproximadamente el 7% pertenecía a este grupo.

En relación con la experiencia práctica, el 73% de los HEMS-TC había utilizado previamente un torniquete en pacientes.

El 73% de los miembros técnicos de las tripulaciones HEMS declaró experiencia clínica previa con torniquetes.

La proporción fue superior al 55% registrado entre paramédicos y al 54% observado entre médicos, aunque fue inferior al 80% informado por los EMT.

Sin embargo, las diferencias generales entre profesiones no alcanzaron significación estadística, por lo que los porcentajes deben ser interpretados como una descripción de la muestra y no como evidencia de mayor experiencia atribuible a una determinada profesión.

EMT y AEMT mostraron perfiles diferentes de formación y experiencia

La inclusión de EMT —Emergency Medical Technician o técnico en emergencias médicas— y AEMT —Advanced Emergency Medical Technician o técnico avanzado en emergencias médicas— permitió analizar otros perfiles del sistema prehospitalario.

Entre los EMT, la formación teórica fue del 67%, la proporción más baja observada entre los grupos profesionales.

Sin embargo, el 80% de los EMT había utilizado previamente torniquetes en pacientes, el porcentaje de experiencia declarada más elevado de los distintos grupos.

Los EMT combinaron la menor proporción de formación teórica, 67%, con la mayor proporción de experiencia clínica previa, 80%.

Entre los AEMT, la experiencia previa había sido informada por el 67%.

Estos resultados refuerzan la idea de que formación formal y experiencia práctica no necesariamente presentan una relación directa.

Los tamaños reducidos de algunos subgrupos, no obstante, obligan a interpretar estas diferencias con cautela. Los resultados fueron considerados exploratorios y no permiten establecer jerarquías entre las distintas profesiones.

El 77% reconoció correctamente dónde colocar el torniquete

La adherencia a las recomendaciones fue evaluada mediante preguntas específicas sobre distintos aspectos del uso del torniquete. Una de ellas se centró en el sitio correcto de colocación.

Entre 164 participantes, el 77% identificó correctamente que el torniquete debía ser colocado lo más distal posible pero suficientemente proximal al sangrado, al menos 5 cm o un ancho de mano.

La ubicación del dispositivo fue el componente evaluado con una menor proporción de respuestas concordantes con las recomendaciones.

En este apartado fueron encontradas diferencias entre los médicos y el resto de los profesionales. Los médicos prehospitalarios mostraron mayor adherencia respecto del lugar recomendado para colocar el dispositivo.

La diferencia alcanzó significación estadística, con p=0,029; OR 4,5; IC95% 1,5–21,7.

Este resultado resulta especialmente relevante cuando es comparado con la menor proporción de formación teórica informada entre médicos prehospitalarios. Aunque la formación teórica fue de 73% entre médicos frente a 91% en el personal de EMS, los primeros respondieron con mayor concordancia la pregunta sobre ubicación.

Los médicos mostraron menor formación teórica declarada, pero mayor concordancia con la recomendación sobre el lugar de colocación.

El hallazgo muestra que no puede establecerse una relación lineal entre cantidad de formación declarada y desempeño en conocimientos específicos.

Al mismo tiempo, el resultado del 77% indica que aproximadamente una cuarta parte de las respuestas no coincidió con el criterio evaluado.

Este margen fue señalado como una oportunidad de mejora, especialmente porque la correcta localización del torniquete constituye un componente fundamental de la técnica.

El 92% reconoció tiempos de oclusión dentro de los 120 minutos

El conocimiento relacionado con las indicaciones para utilizar un torniquete mostró un elevado nivel de concordancia. El 93% de los participantes respondió correctamente esta pregunta.

También fue elevado el conocimiento relacionado con el tiempo máximo de oclusión: el 92% seleccionó opciones comprendidas dentro de los ≤120 minutos recomendados.

Además, el 66,5% seleccionó específicamente 120 minutos.

Las respuestas sobre indicaciones y duración máxima de la oclusión mostraron una concordancia superior a la observada para el sitio de colocación.

En conjunto, el 90% de las opciones seleccionadas en las tres preguntas utilizadas para evaluar la adherencia a las guías coincidió con las recomendaciones.

Sin embargo, esta cifra debe ser interpretada correctamente. No significa que el 90% de los participantes hubiera respondido adecuadamente las tres preguntas.

El porcentaje correspondió a la totalidad de opciones seleccionadas y consideradas concordantes con las recomendaciones. Un mismo participante podía haber respondido correctamente algunas preguntas y de manera incorrecta otras.

El 90% de concordancia representa el conjunto de respuestas seleccionadas y no el porcentaje de individuos que cumplió correctamente todos los criterios.

Esta distinción resulta relevante porque evita sobreestimar el nivel individual de conocimiento a partir de una cifra general.

Los resultados mostraron diferentes niveles de concordancia según el componente analizado: 93% para las indicaciones, 92% para los tiempos dentro de ≤120 minutos y 77% para el sitio correcto de colocación.

La capacitación estandarizada podría reducir las diferencias profesionales

Uno de los principales hallazgos del estudio fue que la capacitación general resultó elevada, pero su distribución no fue homogénea entre todas las profesiones.

El 91% de 160 participantes había recibido formación teórica, entrenamiento práctico o ambas modalidades. Por separado, el entrenamiento práctico alcanzó al 87% (139) y la formación teórica al 81% (130).

Sin embargo, cuando fueron comparados los distintos grupos, la formación teórica varió desde el 67% entre los EMT hasta el 96% entre los paramédicos, con p=0,0062.

Además, el personal de EMS presentó una formación teórica superior a los médicos prehospitalarios: 91% frente a 73%; p=0,003; OR 3,9; IC95% 1,4–11,7.

En contraste, los médicos obtuvieron una mayor concordancia en relación con el lugar de colocación, con p=0,029; OR 4,5; IC95% 1,5–21,7.

Capacitación, experiencia clínica y conocimiento de las recomendaciones mostraron comportamientos diferentes y deben ser considerados como dimensiones independientes.

El 43% de los participantes también había buscado formación por iniciativa propia. Este resultado sugiere que una proporción importante de los conocimientos había sido adquirida o complementada por vías individuales.

La formación voluntaria puede ser beneficiosa, pero también puede producir diferencias en la profundidad, frecuencia y actualización de los contenidos recibidos.

Por este motivo, los autores propusieron avanzar hacia una capacitación estandarizada para los distintos grupos que participan en la atención prehospitalaria.

También fueron recomendadas actualizaciones periódicas, destinadas a mantener vigentes los conocimientos incluso entre profesionales con una frecuencia limitada de utilización clínica del dispositivo.

El objetivo propuesto no consiste solamente en aumentar la cantidad de capacitaciones, sino en conseguir criterios comunes entre los diferentes integrantes de los equipos prehospitalarios.

La distribución de la experiencia refuerza esta necesidad. Aunque el 57% había utilizado torniquetes en pacientes, solamente el 1% había realizado el procedimiento más de 10 veces.

Por ello, la exposición clínica por sí sola podría no ser suficiente para garantizar el mantenimiento uniforme de competencias entre todos los profesionales.

Las limitaciones obligan a interpretar los resultados con cautela

Los autores destacaron que el estudio presenta distintas limitaciones. Una de las principales está relacionada con su carácter regional.

La encuesta fue realizada en 24 bases de EMS y 2 bases de HEMS vinculadas con Halle (Saale)/Northern Saale District y la región metropolitana Halle/Leipzig.

Por este motivo, los resultados no deberían ser extrapolados automáticamente a todos los servicios prehospitalarios de Alemania ni a sistemas de emergencias de otros países.

El estudio ofrece una fotografía regional y exploratoria, pero no permite asumir que los mismos patrones estén presentes en otros sistemas de emergencias.

También debe ser considerada la tasa de participación. De las 366 personas que accedieron a la encuesta, participaron 178 (49%) y la completaron 132 (74%).

La cantidad de participantes incluida en cada análisis fue además diferente según la disponibilidad de respuestas. Por ese motivo, algunos resultados fueron calculados sobre grupos de 160, 135 o 164 participantes.

Otra limitación fue el carácter autorreportado de los datos relacionados con formación y experiencia.

Las respuestas dependieron del recuerdo y de la interpretación de los participantes, y el estudio no observó directamente la actuación de los profesionales durante emergencias reales.

Los tamaños pequeños de algunos subgrupos también deben ser considerados. Entre quienes informaron su profesión, aproximadamente el 47% eran médicos prehospitalarios, 32% paramédicos, 9% EMT, 7% HEMS-TC y 4% AEMT.

Las diferencias porcentuales entre grupos pequeños pueden parecer importantes, pero no necesariamente alcanzan significación estadística.

Esto fue observado en relación con la experiencia previa. Aunque había sido informada por el 80% de los EMT, 67% de los AEMT, 55% de los paramédicos, 73% de los HEMS-TC y 54% de los médicos, las diferencias no fueron estadísticamente significativas.

En consecuencia, los resultados fueron considerados exploratorios y deben utilizarse principalmente para identificar áreas potenciales de mejora y preguntas para futuras investigaciones.

La actualización periódica aparece como principal oportunidad de mejora

A pesar de sus limitaciones, el estudio mostró un panorama general caracterizado por una alta exposición a la capacitación y una experiencia clínica considerable.

Entre los 160 participantes con datos sobre formación, el 91% (146) había recibido educación teórica, entrenamiento práctico o ambas modalidades.

Asimismo, el 87% (139) había recibido entrenamiento práctico y el 81% (130) formación teórica.

Entre 135 participantes evaluados sobre experiencia, el 57% (77) había colocado un torniquete en al menos un paciente y el 13% (18) había necesitado colocar más de uno simultáneamente.

La mayoría estaba capacitada y más de la mitad ya había utilizado torniquetes en situaciones clínicas reales.

Sin embargo, las diferencias profesionales mostraron que la preparación no era completamente uniforme. La formación teórica varió desde el 67% entre EMT hasta el 96% entre paramédicos.

Además, fue observada una menor formación teórica entre médicos prehospitalarios respecto del personal de EMS, aunque los médicos mostraron una mayor concordancia en relación con el sitio recomendado para colocar el dispositivo.

La adherencia general a las recomendaciones fue elevada. El 93% respondió correctamente respecto de las indicaciones y el 92% seleccionó tiempos máximos de oclusión dentro de los ≤120 minutos.

El 66,5% eligió específicamente 120 minutos, mientras que el 77% de 164 participantes reconoció correctamente el lugar recomendado para colocar el torniquete.

La principal oportunidad de mejora consiste en homogeneizar conocimientos que ya están ampliamente difundidos, pero que todavía muestran diferencias entre profesiones y componentes de la técnica.

En conjunto, el 90% de las opciones seleccionadas en las tres preguntas sobre recomendaciones fue concordante con las guías, aunque esta proporción no representa al porcentaje de personas que respondió correctamente todos los criterios.

Los autores propusieron una combinación de capacitación estandarizada y actualizaciones periódicas para reducir las diferencias entre médicos, paramédicos, EMT, AEMT y HEMS-TC.

Los resultados no muestran una falta generalizada de preparación. Por el contrario, describen un entorno en el que la formación y la experiencia eran frecuentes, pero donde todavía existía margen para lograr una aplicación más homogénea de las recomendaciones entre todos los integrantes de los equipos prehospitalarios.

Conclusión

La encuesta mostró que la formación sobre torniquetes estaba ampliamente extendida y que más de la mitad de los profesionales había utilizado estos dispositivos en pacientes. Sin embargo, las diferencias observadas entre profesiones respaldan la necesidad de capacitación estandarizada y actualizaciones periódicas para homogeneizar conocimientos y criterios de utilización.

Referencias

Autor

El equipo de redactores de Sapue realizo esta historia, utilizando herramientas editoriales, de traducción e inteligencia artificial. El proceso de redacción contó con incidencia humana en cada etapa.

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