Un análisis en JAMA Network Open, basado en un estudio de Greenwood-Ericksen y colegas, revela una drástica caída en la aceptación de traslados de pacientes, exponiendo una crisis de capacidad hospitalaria en EE. UU. que fue significativamente agravada por la pandemia de COVID-19.
Un síntoma alarmante: el colapso de las transferencias interhospitalarias
Un indicador crítico de la salud de un sistema sanitario es su capacidad para mover a los pacientes de manera eficiente hacia el nivel de atención que necesitan. Sin embargo, datos recientes pintan un panorama preocupante en los Estados Unidos. Un estudio clave realizado por Greenwood-Ericksen y sus colegas, que analizó más de 26,000 solicitudes de transferencia interhospitalaria en un hospital del suroeste de EE. UU. entre 2019 y 2023, ha revelado una caída drástica en la capacidad del sistema para cumplir con esta función esencial.
Antes de la pandemia, las tasas de aceptación para estas transferencias se situaban en un rango saludable del 75% al 85%. Para abril de 2023, esa cifra se había desplomado a menos del 50%. Esta disminución no es un hecho aislado, sino un síntoma de una enfermedad más profunda: una crisis de capacidad hospitalaria que amenaza la seguridad del paciente y la integridad del sistema de atención de agudos.
El verdadero culpable: desmontando el mito de la congestión en urgencias
Cuando las salas de emergencia (ED, por sus siglas en inglés) se congestionan, la narrativa pública a menudo culpa erróneamente a un supuesto uso indebido de los servicios por parte de pacientes con dolencias menores. Sin embargo, el artículo destaca que esta es una peligrosa simplificación.
El verdadero problema no radica en quién entra por la puerta de urgencias, sino en la incapacidad de mover a los pacientes que ya han sido admitidos fuera de ella.
Este fenómeno, conocido como «boarding» (estancamiento), ocurre cuando un paciente ha sido evaluado y requiere una cama de hospitalización, pero no hay ninguna disponible. Como resultado, estos pacientes quedan varados en el ED durante horas o incluso días, ocupando espacio y recursos que son vitales para atender nuevas emergencias. Esta obstrucción en la «puerta de salida» del hospital es la causa principal de la parálisis que afecta a todo el sistema.
El efecto dominó: el impacto en los hospitales comunitarios y rurales
La crisis de las transferencias afecta de manera desproporcionada a los hospitales más pequeños, comunitarios y rurales. Estas instalaciones son la primera línea de atención para millones de personas, pero a menudo carecen de los especialistas o el equipo avanzado necesario para tratar casos complejos, como traumatismos graves, accidentes cerebrovasculares agudos o infartos que requieren intervención especializada.
Históricamente, estos hospitales han dependido de la capacidad de transferir rápidamente a estos pacientes a centros médicos terciarios más grandes. Con las tasas de aceptación en caída libre, los médicos de los hospitales comunitarios se encuentran en la angustiosa posición de tener que realizar innumerables llamadas telefónicas, solo para ser rechazados repetidamente, mientras sus pacientes críticos esperan, recibiendo una atención que puede no ser la óptima para su condición.
La pandemia de COVID-19 como acelerador de una crisis preexistente
Si bien la pandemia de COVID-19 llevó a los sistemas hospitalarios al límite y exacerbó drásticamente el problema, es crucial entender que no fue la causa original. La crisis de capacidad de pacientes hospitalizados es un problema crónico que se ha gestado durante años.
La pandemia simplemente eliminó el poco margen de flexibilidad que quedaba en el sistema, exponiendo sus debilidades estructurales.
El aumento del censo de pacientes hospitalizados y el incremento del «boarding» en los ED son tendencias que se correlacionan directamente con la caída en las aceptaciones de transferencia, lo que demuestra que la presión sobre las camas de internación es el núcleo del problema.
Las desigualdades amplificadas: un sistema que falla a los más vulnerables
Como ocurre con la mayoría de las crisis sistémicas, son las poblaciones más vulnerables las que sufren las peores consecuencias. La disminución del acceso a las transferencias intensifica las inequidades en salud ya existentes. Las poblaciones rurales y socialmente marginadas, que a menudo dependen en mayor medida de los servicios de los ED locales, se ven desproporcionadamente afectadas.
A diferencia de las áreas más ricas donde existen múltiples alternativas como los centros de atención urgente, muchas comunidades rurales no tienen otra opción. Además, la falta de servicios esenciales, como centros de diálisis en áreas rurales, complica aún más la gestión de pacientes con enfermedades crónicas, quienes pueden necesitar ser transferidos simplemente para acceder a un tratamiento vital que no está disponible localmente.
El atasco en la puerta de salida: el rol de los cuidados postagudos
La parálisis del sistema no solo se debe a la falta de camas para nuevas admisiones, sino también a la dificultad para dar de alta a los pacientes que ya están listos para irse. Un número significativo de camas de hospitalización aguda están ocupadas por pacientes que ya no requieren ese nivel de atención, pero que están esperando ser transferidos a un centro de cuidados postagudos, como una instalación de enfermería especializada o un centro de rehabilitación.
Los retrasos en este proceso, causados por la falta de disponibilidad en dichos centros, aumentan la duración media de la estancia hospitalaria, generan pérdidas financieras para los hospitales y, lo más importante, mantienen ocupadas camas que son desesperadamente necesarias para pacientes agudamente enfermos que esperan en el ED.
El paradigma del gasto sanitario en Estados Unidos
En medio de esta crisis de capacidad, es relevante contextualizar el gasto en salud. Estados Unidos gasta significativamente más en atención médica por persona que otras naciones desarrolladas.
Sin embargo, el artículo señala que esta diferencia se debe en gran medida a los precios más altos de los servicios y productos farmacéuticos, y no a una mayor utilización de los servicios por parte de la población.
Este hecho refuta el argumento de que la solución es simplemente que la gente «use menos el hospital». El problema es de capacidad, flujo y acceso, no de un supuesto abuso del sistema por parte de los pacientes.
Buscando soluciones innovadoras en medio de la crisis
A pesar del sombrío panorama, están surgiendo focos de innovación que buscan abordar esta compleja situación. Entidades como la Agencia para la Investigación y Calidad de la Atención Médica (AHRQ, por sus siglas en inglés) han iniciado debates para explorar posibles cambios en las políticas. A nivel operativo, algunos sistemas de salud están implementando soluciones creativas.
Un ejemplo destacado es el programa «una llamada lo hace todo» de Dartmouth Health. Este modelo centraliza el proceso de solicitud de transferencia, de modo que un médico de un hospital comunitario solo necesita hacer una llamada a un centro de comando. Este centro se encarga entonces de localizar una cama disponible y coordinar toda la logística, aliviando la enorme carga administrativa y el estrés de los médicos de primera línea.
Conclusión
La drástica caída en las transferencias interhospitalarias no es un problema aislado, sino un claro indicador de un sistema de atención de agudos en punto de quiebre en EE. UU. Esta crisis de capacidad sistémica agrava las desigualdades y pone en riesgo la vida de los pacientes.
Se requiere una acción política urgente y la adopción de modelos innovadores para reconstruir un sistema que garantice un acceso equitativo y oportuno a la atención para todos, sin importar dónde vivan o cuál sea su condición social.
Referencias
Autor
El equipo de redactores de Sapue realizo esta historia, utilizando herramientas editoriales, de traducción e inteligencia artificial. El proceso de redacción contó con incidencia humana en cada etapa.
