Un estudio retrospectivo publicado en Emergency Medicine Journal evaluó el funcionamiento de una unidad de reanimación de cuidados críticos, conocida por su sigla en inglés CCRU (Critical Care Resuscitation Unit), en un hospital terciario europeo. El trabajo analizó cómo este modelo permitió iniciar soporte crítico temprano, estabilizar pacientes graves y reducir la necesidad de ingreso directo a una unidad de cuidados intensivos (UCI).
La investigación, titulada “Management and outcomes of critically ill patients admitted to a critical care resuscitation unit: a retrospective cohort study”, fue realizada en el Kepler University Hospital, en Linz, Austria, un centro terciario de 1830 camas. Su objetivo fue evaluar la atención y los resultados de pacientes críticamente enfermos admitidos a una CCRU, bajo la premisa de que el inicio temprano de los cuidados críticos antes del ingreso a una UCI puede mejorar la evolución clínica.
El desafío de tratar la enfermedad crítica sin demoras
En los pacientes críticamente enfermos, el tiempo hasta el inicio del tratamiento puede ser determinante. Los retrasos en el soporte avanzado, la monitorización intensiva o la estabilización inicial han sido asociados con peores desenlaces, mayor morbilidad y mayor mortalidad.
Frente a esta problemática, las unidades de reanimación de cuidados críticos buscan ofrecer una respuesta intermedia entre el departamento de emergencias y la unidad de cuidados intensivos.
Su función principal es recibir pacientes graves, iniciar intervenciones críticas de manera inmediata y definir, luego de una evaluación breve pero intensiva, cuál es el destino asistencial más adecuado.
Este modelo puede ser especialmente útil en hospitales con alta demanda de camas de UCI, donde no todos los pacientes críticos requieren una internación intensiva prolongada, pero sí necesitan soporte avanzado temprano para superar una fase aguda de inestabilidad.
Qué es una unidad de reanimación de cuidados críticos
La CCRU o unidad de reanimación de cuidados críticos es un área equipada para brindar atención intensiva inicial a pacientes con riesgo vital. No reemplaza necesariamente a la UCI, pero permite iniciar tratamientos complejos antes de decidir si el paciente requiere cuidados intensivos, puede ser derivado a sala general, necesita monitoreo transitorio o puede recibir el alta.
En el caso del Kepler University Hospital, la CCRU fue inaugurada en 2015. Cuenta con dos camas equipadas como UCI en un espacio de 46 m². Está ubicada junto a una UCI médico-quirúrgica de 6 camas y próxima al departamento de emergencias, quirófanos, radiología, unidad de endoscopía y PACU.
La sigla PACU corresponde a unidad de cuidados postanestésicos (Post-Anaesthesia Care Unit). En este estudio, además de su función habitual de monitoreo posquirúrgico o postanestésico, fue utilizada como área de observación breve o continuidad de cuidados críticos en algunos pacientes estabilizados.
Un estudio retrospectivo en un hospital terciario de Austria
El estudio fue de diseño retrospectivo, es decir, se analizaron datos de pacientes atendidos previamente. Fueron incluidos adultos de 18 años o más admitidos en la CCRU entre el 1 de noviembre de 2015 y el 31 de marzo de 2020, y entre el 1 de julio de 2021 y el 31 de diciembre de 2023.
El período comprendido entre abril de 2020 y junio de 2021 fue excluido porque durante ese lapso la CCRU funcionó como UCI temporal para pacientes críticos con SARS-CoV-2, el coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo severo, causante de la enfermedad COVID-19.
La exclusión de este período permitió evitar que los resultados fueran distorsionados por las condiciones excepcionales de la pandemia, cuando la organización hospitalaria y la demanda de cuidados intensivos se vieron profundamente modificadas.
Características de los pacientes incluidos
En total, fueron analizados 2059 pacientes. La mediana de edad fue de 70 años, lo que refleja una población predominantemente adulta mayor. Además, se observó predominio masculino, con 57,4% de varones.
La mayor parte de los pacientes ingresó a la CCRU desde el departamento de emergencias, que representó el 72,2% de las derivaciones. Las salas generales aportaron el 18% de los casos, los servicios médicos de emergencia el 6,7% y otras fuentes el 3,2%.
Este patrón muestra que la CCRU funcionó principalmente como un área de transición para pacientes críticos provenientes de emergencias, pero también como un recurso para personas internadas que presentaron deterioro clínico durante su hospitalización.
Una estancia breve con intervenciones críticas
Uno de los hallazgos más relevantes fue la corta duración de la atención en la CCRU. La mediana de estancia fue de 2,7 horas, con un rango intercuartílico de 1,7 a 4,2 horas.
El rango intercuartílico, también identificado como IQR por su sigla en inglés (interquartile range), describe el intervalo donde se concentra la mitad central de los datos. En este caso, indica que una proporción importante de pacientes permaneció en la CCRU durante pocas horas antes de ser derivada a otro destino asistencial.
Durante esa estancia breve se realizaron 2 intervenciones de cuidados críticos por paciente, con un IQR de 1 a 4. La información sobre estas intervenciones estuvo disponible en 1464 pacientes, con una baja tasa de datos faltantes, del 3%.
Estos datos sugieren que la CCRU no funcionó como un área de observación pasiva, sino como un espacio activo de estabilización, tratamiento y toma de decisiones clínicas en pacientes con enfermedad crítica.
Menos de la mitad requirió ingreso a cuidados intensivos
El desenlace primario del estudio fue la categoría de destino al egreso de la CCRU. En total, 911 pacientes, equivalentes al 44,2%, requirieron ingreso a una unidad de cuidados intensivos.
En cambio, 1064 pacientes, es decir el 51,7%, fueron derivados a ámbitos no UCI. Dentro de este grupo, 978 pacientes, equivalentes al 47,5%, ingresaron a salas generales, mientras que 74 pacientes, el 3,6%, fueron dados de alta a domicilio.
Además, 84 pacientes, equivalentes al 4,1%, murieron en la CCRU. Este dato muestra que la unidad recibió pacientes con alta gravedad clínica y riesgo significativo de muerte.
El hecho de que menos de la mitad de los pacientes haya requerido UCI luego del manejo inicial es uno de los puntos centrales del trabajo. La CCRU permitió iniciar soporte crítico temprano, estabilizar a una proporción importante de pacientes y evitar que todos los casos graves fueran derivados automáticamente a cuidados intensivos.
El papel de la PACU como área de monitoreo transitorio
Después de la atención inicial en la CCRU, 143 pacientes, equivalentes al 6,9%, fueron trasladados a la PACU para monitoreo breve o continuidad de cuidados críticos.
Luego de una mediana de 7,1 horas en esa unidad, 133 de ellos, es decir el 93%, finalmente fueron derivados a un ámbito no UCI.
Este dato refuerza la importancia de contar con espacios asistenciales intermedios. Algunos pacientes no necesitan una cama de UCI de manera definitiva, pero sí requieren observación estrecha durante varias horas antes de ser enviados con seguridad a una sala general u otro ámbito de menor complejidad.
La mayoría de las derivaciones a sala general fueron sostenidas
Un aspecto clave para evaluar la seguridad del modelo fue analizar qué ocurrió con los pacientes derivados desde la CCRU a salas generales. Entre los 978 pacientes enviados a sala general, 71, equivalentes al 7,3%, requirieron ingreso a UCI dentro de las 36 horas posteriores.
Esto significa que la estabilización lograda en la CCRU fue sostenida en la mayoría de los casos. Más del 90% de los pacientes derivados a sala general no necesitó ingreso temprano a cuidados intensivos durante ese período de seguimiento inmediato.
Este resultado es relevante porque una estrategia destinada a reducir ingresos a UCI solo puede considerarse segura si no aumenta de manera significativa el deterioro posterior de los pacientes enviados a áreas de menor complejidad.
Mortalidad hospitalaria y pacientes más vulnerables
La mortalidad hospitalaria global de los pacientes atendidos en la CCRU fue de 23,8%. No se observaron diferencias significativas según la fuente de admisión.
Sin embargo, los pacientes derivados desde salas generales presentaron las tasas más altas de ingreso a UCI y mortalidad.
Este hallazgo sugiere que las personas que se deterioran durante una internación constituyen una población particularmente vulnerable.
En muchos casos, estos pacientes pueden tener enfermedades de base, procesos infecciosos, complicaciones posquirúrgicas, descompensaciones clínicas o deterioro progresivo. Por eso, la detección temprana del deterioro en sala general y la rápida derivación a un área de soporte crítico pueden ser decisivas.
Comparación antes y después de implementar la CCRU
El estudio también comparó los resultados con una cohorte histórica previa a la implementación de la CCRU. Antes de su creación, entre 83.997 pacientes atendidos en emergencias, 614 ingresaron a UCI, con una tasa de 0,73%.
Después de la implementación de la CCRU, entre 228.188 pacientes, 1288 fueron admitidos a UCI, con una tasa menor, de 0,56%. Esta diferencia fue estadísticamente significativa, con un valor de p<0,001.
Además, la mediana de demora desde la presentación en emergencias hasta el ingreso a UCI o CCRU se redujo de 1,87 horas a 0,85 horas, también con p<0,001.
Estos datos sugieren que la implementación de la CCRU se asoció con dos cambios importantes: una menor tasa de admisión a UCI desde emergencias y una reducción del tiempo hasta el inicio de cuidados críticos.
Por qué reducir el tiempo hasta el soporte crítico importa
En medicina crítica, el inicio temprano del tratamiento puede modificar la evolución del paciente. La reducción de la demora de 1,87 horas a 0,85 horas representa una diferencia clínicamente relevante, especialmente en cuadros donde la estabilidad hemodinámica, respiratoria o neurológica puede cambiar rápidamente.
La CCRU permitió que el soporte avanzado comenzara antes, incluso en pacientes que luego no necesitaron una cama de UCI.
Esto es importante porque el beneficio del tratamiento crítico no depende únicamente del lugar final de internación, sino también de la rapidez con que se inician las intervenciones necesarias.
Desde una perspectiva de organización hospitalaria, este modelo también puede ayudar a ordenar el flujo de pacientes, evitar saturación de cuidados intensivos y asignar recursos de mayor complejidad a quienes realmente los requieren.
Limitaciones del estudio
Los autores señalaron limitaciones importantes. El estudio fue retrospectivo, por lo que dependió de datos previamente registrados. Además, fue realizado en un único centro, lo que limita la posibilidad de generalizar sus resultados a otros hospitales con distinta estructura, disponibilidad de recursos o circuitos asistenciales.
También debe considerarse que la comparación con una cohorte histórica no permite establecer causalidad definitiva. Aunque los resultados posteriores a la implementación de la CCRU fueron favorables, otros cambios institucionales o asistenciales podrían haber influido en los desenlaces observados.
Aun así, los resultados ofrecen evidencia relevante sobre el potencial de las unidades de reanimación de cuidados críticos como modelo de atención para pacientes graves que requieren soporte inmediato, evaluación intensiva y decisiones rápidas.
Un modelo con potencial para mejorar el uso de cuidados intensivos
El estudio muestra que una CCRU puede funcionar como un área estratégica dentro del hospital. Su utilidad no se limita a evitar ingresos a UCI, sino que también incluye el inicio temprano de cuidados críticos, la estabilización de pacientes complejos, la identificación de quienes necesitan terapia intensiva y la derivación segura de quienes pueden continuar en ámbitos de menor complejidad.
En este análisis, menos de la mitad de los pacientes admitidos a la CCRU requirió ingreso a UCI.
A su vez, más de la mitad pudo ser derivada a ámbitos no intensivos, principalmente salas generales, luego de una estancia mediana de pocas horas y de la realización de intervenciones críticas.
Este tipo de unidad podría ser especialmente valioso en sistemas de salud donde las camas de cuidados intensivos son un recurso limitado y donde los retrasos en la atención crítica pueden afectar de manera directa la evolución clínica.
Conclusión
La unidad de reanimación de cuidados críticos evaluada en Austria permitió brindar soporte avanzado temprano a pacientes con emergencias graves y alto riesgo de muerte. Luego de una estancia breve, menos de la mitad requirió ingreso a UCI, mientras que la mayoría pudo ser derivada a ámbitos no intensivos.
Aunque el diseño retrospectivo, unicéntrico y el uso de una cohorte histórica limitan la generalización de los resultados, el estudio sugiere que la CCRU puede reducir la necesidad de admisión a cuidados intensivos y acortar el tiempo hasta el inicio de la atención crítica.
Referencias
Autor
El equipo de redactores de Sapue realizo esta historia, utilizando herramientas editoriales, de traducción e inteligencia artificial. El proceso de redacción contó con incidencia humana en cada etapa.
