Un análisis de casi cuatro millones de residentes de Gales halló asociaciones diferentes entre neurodiversidad y consultas por violencia. El equipo de Amrita Bandyopadhyay también observó que estas condiciones no redujeron la participación en programas hospitalarios de prevención.

Neurodiversidad y violencia en una población de casi cuatro millones

La relación entre neurodiversidad y consultas relacionadas con violencia fue examinada en una extensa población de Gales mediante el estudio “Cross-sectional associations between neurodiversity and violence-related attendances in Welsh Emergency Departments and the role of Hospital-based Violence Intervention Programmes”, realizado por Amrita Bandyopadhyay, Megan Hamilton, Sinead Brophy, Adele Battaglia, Anna Giedroyc, Catherine Bright, Steven J. Walden y Simon C. Moore.

El trabajo fue orientado a determinar si determinadas condiciones neurodivergentes aparecían sobrerrepresentadas entre las personas atendidas por episodios vinculados con violencia en los servicios de emergencias y, al mismo tiempo, si esas condiciones podían influir en la participación posterior en programas hospitalarios de prevención.

La neurodiversidad no fue analizada como una categoría uniforme: el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, el trastorno del espectro autista y las dificultades de aprendizaje mostraron asociaciones diferentes.

Para responder estos interrogantes fue realizado un estudio transversal exploratorio que abarcó a la población de Gales entre el 1 de enero de 2012 y el 31 de julio de 2024. De esta manera, fueron integrados más de doce años de registros sanitarios y administrativos.

Inicialmente fueron identificados 4.742.667 registros. Posteriormente, 749.228 personas fueron excluidas debido a que no habían residido de manera continua en Gales durante el período requerido para el análisis.

Luego de aplicarse este criterio, la población final quedó conformada por 3.993.439 residentes, lo que permitió que las asociaciones fueran evaluadas a una escala poblacional considerablemente mayor que la disponible en estudios realizados exclusivamente sobre pacientes de uno o pocos hospitales.

La información fue obtenida mediante el Secure Anonymised Information Linkage Databank (SAIL Databank, Banco de Vinculación Segura de Información Anonimizada), una infraestructura que permitió integrar de manera anonimizada distintas fuentes de información sanitaria y administrativa.

Fueron vinculados registros de servicios de emergencias, atención primaria, hospitalizaciones y bases administrativas. Esta integración permitió que las consultas por violencia fueran analizadas junto con antecedentes clínicos y sociales previamente registrados.

El diseño permitió observar las consultas por violencia dentro de un contexto sanitario y social más amplio, en lugar de analizarlas únicamente como episodios aislados atendidos en emergencias.

Entre las variables identificadas se incluyeron diagnósticos de trastorno por déficit de atención e hiperactividad, trastorno del espectro autista y dificultades de aprendizaje, además de trastornos mentales, consumo problemático de alcohol y sustancias y antecedentes de haber permanecido bajo tutela estatal.

Durante el período analizado fueron registradas 73.222 consultas por violencia. Esta cifra fue equivalente a que aproximadamente el 1,8% de la población galesa hubiera comunicado al menos una consulta de este tipo.

La magnitud del conjunto de datos permitió que fueran estudiadas con mayor precisión las diferencias entre distintos perfiles de pacientes y que fuera evaluado si esas mismas características influían sobre el acceso y la aceptación de intervenciones hospitalarias destinadas a prevenir nuevos episodios de violencia.

Cómo fueron identificadas las condiciones neurodivergentes

Dentro de los registros vinculados fue identificado el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (ADHD, por attention-deficit/hyperactivity disorder), junto con el trastorno del espectro autista y las dificultades de aprendizaje.

También fue reconocido el trastorno del espectro autista (ASD, por autism spectrum disorder), una condición que presentó un comportamiento estadístico diferente al observado para el trastorno por déficit de atención e hiperactividad y las dificultades de aprendizaje.

Además, fueron incorporados al análisis distintos factores clínicos y sociales potencialmente relacionados con las consultas por violencia o con la decisión posterior de aceptar o rechazar el apoyo hospitalario.

Entre ellos fueron considerados los trastornos mentales, el consumo problemático de alcohol, el tratamiento por consumo de sustancias y los antecedentes de tutela estatal, lo que permitió ajustar las asociaciones observadas por múltiples características de la población.

Los resultados no permiten afirmar que una condición neurodivergente sea la causa de un episodio de violencia, sino que describen asociaciones estadísticas observadas a nivel poblacional.

Las asociaciones fueron examinadas mediante modelos de regresión logística multivariable. Los resultados fueron expresados a través de la odds ratio (OR, razón de posibilidades) y, cuando se encontraba disponible, del intervalo de confianza del 95% (IC95%).

Esta diferenciación resulta especialmente importante debido a que una OR superior a 1 indica una asociación con mayor probabilidad del evento analizado, mientras que una OR inferior a 1 refleja una asociación con menor probabilidad dentro de la población estudiada.

Sin embargo, las asociaciones observadas no deben ser interpretadas como relaciones causales. El diseño transversal permite reconocer patrones y diferencias entre grupos, pero no establecer que un diagnóstico determinado sea responsable directo de una consulta vinculada con violencia.

Esta precaución adquiere especial relevancia al analizar neurodiversidad y violencia, debido a que los resultados podrían ser interpretados erróneamente como características individuales del comportamiento cuando, en realidad, fueron obtenidos a partir de registros poblacionales.

Trastorno por déficit de atención e hiperactividad y mayor probabilidad de consulta

Uno de los principales resultados fue observado para el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (ADHD). Después del ajuste mediante regresión logística multivariable, esta condición se mantuvo asociada independientemente con una mayor probabilidad de consulta relacionada con violencia.

La magnitud de la asociación fue de OR 1,67; IC95% 1,61–1,74. De acuerdo con el modelo utilizado, la presencia registrada de trastorno por déficit de atención e hiperactividad estuvo asociada con una probabilidad superior de haber presentado una atención relacionada con violencia.

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad mostró una asociación independiente con las consultas por violencia de OR 1,67; IC95% 1,61–1,74.

El intervalo de confianza estrecho debe ser considerado dentro del contexto del gran tamaño de la población estudiada. La inclusión de 3.993.439 residentes permitió obtener una estimación estadística precisa de la asociación.

No obstante, esta relación no establece que el trastorno por déficit de atención e hiperactividad provoque violencia. El resultado describe una sobrerrepresentación entre quienes habían registrado consultas de este tipo y debe ser interpretado dentro de un entramado de factores personales, sociales y asistenciales.

También fueron observadas diferencias relacionadas con las dificultades leves u otras dificultades de aprendizaje. En este grupo, la probabilidad de atención vinculada con violencia también resultó superior.

La asociación alcanzó un valor de OR 1,33; IC95% 1,25–1,40, lo que indicó que estas dificultades se encontraron relacionadas con una mayor probabilidad de consulta dentro de los modelos ajustados.

El aumento de las consultas por violencia no fue uniforme entre todas las condiciones neurodivergentes examinadas.

El resultado fue de menor magnitud que el observado para el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, pero igualmente mostró una asociación estadística en dirección positiva.

Además de las condiciones neurodivergentes, el sexo mostró una diferencia relevante. Los hombres presentaron aproximadamente el doble de riesgo de registrar una consulta vinculada con violencia en comparación con las mujeres.

Los resultados permiten considerar que la población atendida por violencia en los servicios de emergencias constituye un grupo heterogéneo con necesidades potencialmente diferentes, por lo que las intervenciones preventivas pueden requerir estrategias adaptadas a distintos perfiles.

Trastorno del espectro autista y una asociación en dirección opuesta

Una situación diferente fue encontrada para el trastorno del espectro autista (ASD). A diferencia del trastorno por déficit de atención e hiperactividad y de las dificultades de aprendizaje, esta condición se asoció con una menor probabilidad de consultas relacionadas con violencia.

En el modelo ajustado, el trastorno del espectro autista presentó una asociación de OR 0,71; IC95% 0,67–0,76, es decir, una razón de posibilidades inferior a 1.

El trastorno del espectro autista se asoció con una menor probabilidad de consulta por violencia, con OR 0,71; IC95% 0,67–0,76.

La dirección de esta asociación demuestra que la neurodiversidad no puede ser interpretada como una categoría homogénea. Las distintas condiciones examinadas mostraron diferencias sustanciales tanto en la magnitud como en la dirección de los resultados.

Para profundizar esta observación, fue realizado un análisis específico sobre la coexistencia de trastorno del espectro autista y dificultades de aprendizaje. De este modo, pudieron compararse perfiles con una sola condición o con ambas presentes simultáneamente.

Cuando el trastorno del espectro autista se encontraba aislado, fue mantenida una asociación con menor probabilidad de consultas por violencia, aunque con una magnitud diferente a la encontrada en el análisis general.

En ese grupo fue registrado un valor de OR 0,86; IC95% 0,80–0,92, lo que confirmó que la dirección de la asociación continuaba siendo inferior a 1.

En cambio, cuando fueron examinadas las dificultades de aprendizaje aisladas, sin coexistencia de trastorno del espectro autista, fue observada una mayor probabilidad de atención relacionada con violencia.

En este subgrupo, el resultado fue de OR 1,52; IC95% 1,44–1,62, una asociación superior a la registrada cuando las dificultades leves u otras dificultades de aprendizaje habían sido analizadas en el modelo más amplio.

Las dificultades de aprendizaje aisladas se asociaron con OR 1,52, mientras que el trastorno del espectro autista aislado presentó OR 0,86.

Cuando estuvieron presentes simultáneamente el trastorno del espectro autista y las dificultades de aprendizaje, volvió a observarse una asociación con una menor probabilidad de consulta.

Para esta combinación fue informada una estimación de OR 0,64; IC95% 0,54–0,75, el valor más bajo entre los análisis específicos realizados para estas condiciones.

Los resultados aportan evidencia de que las combinaciones diagnósticas pueden presentar patrones diferentes de aquellos observados cuando las condiciones son estudiadas de manera independiente.

No obstante, una asociación inferior a 1 no debe ser entendida como una protección individual garantizada frente a la violencia. Al igual que las asociaciones superiores a 1, se trata de un resultado poblacional y no de una herramienta para predecir qué sucederá con una persona determinada.

Los servicios de emergencias como punto de intervención preventiva

Además de analizar las consultas, el estudio fue orientado a determinar si el servicio de emergencias podía ser utilizado como espacio para ofrecer una intervención preventiva después de un episodio relacionado con violencia.

La atención hospitalaria representa un momento en el que pueden ser identificadas necesidades clínicas, sociales y de protección que trascienden el tratamiento inmediato de las lesiones que motivaron la consulta.

Esta oportunidad fue explorada mediante dos Violence Prevention Teams (VPT, equipos de prevención de violencia) implementados en Cardiff y Swansea.

Los equipos hospitalarios fueron diseñados para transformar la consulta de emergencia en una oportunidad de contacto, apoyo y prevención de nuevos episodios.

El propósito de los equipos fue establecer contacto con pacientes elegibles atendidos por violencia y ofrecerles acompañamiento una vez producida la consulta hospitalaria.

El análisis de estos programas permitió distinguir dos cuestiones diferentes: la capacidad del sistema para contactar a los pacientes y la disposición de estos a aceptar el apoyo una vez que la intervención era ofrecida.

Esta separación resultó relevante porque una baja cantidad de participantes puede deberse tanto a limitaciones operativas del programa como a un posible rechazo por parte de los pacientes.

En el caso de Cardiff y Swansea, los datos indicaron que una parte considerable de la pérdida de cobertura fue producida antes de que los pacientes pudieran decidir aceptar o rechazar el apoyo.

Violence Prevention Teams: solo el 41,8% pudo ser contactado

Entre los dos equipos de prevención fueron identificados 9.584 pacientes elegibles para recibir la intervención hospitalaria después de una atención relacionada con violencia.

Sin embargo, solamente pudieron ser contactadas 4.007 personas, equivalentes al 41,8% del total de pacientes que reunían los criterios establecidos.

De 9.584 pacientes elegibles, los Violence Prevention Teams lograron contactar a 4.007, equivalentes al 41,8%.

El dato significa que casi 60% de los pacientes elegibles quedó sin contacto, un resultado que fue relacionado en parte con las limitaciones de recursos disponibles para implementar los programas.

Los equipos contaban con cobertura principalmente de lunes a viernes y, con frecuencia, la atención debía ser desarrollada por un solo integrante.

Estas restricciones operativas fueron señaladas como una explicación relevante de la baja proporción de contactos, ya que las consultas por violencia pueden producirse fuera de los períodos en los que el equipo se encontraba disponible.

Entre las 4.007 personas que sí pudieron ser contactadas, la mayoría de quienes contaban con información de seguimiento tomó una decisión respecto de la propuesta de apoyo.

En total, 2.560 pacientes aceptaron y participaron del acompañamiento ofrecido por los equipos de prevención.

Por otra parte, 1.180 personas rechazaron el apoyo, mientras que en 267 pacientes faltaban datos de seguimiento.

La principal brecha se produjo antes de evaluar la aceptación: más de la mitad de los pacientes elegibles ni siquiera llegó a ser contactada.

Estas cifras muestran que la evaluación de los programas no debería limitarse únicamente a la proporción de personas que rechazan una intervención. También debe considerarse la capacidad estructural para alcanzar a quienes podrían beneficiarse.

El funcionamiento de los equipos demostró que este tipo de intervención es factible dentro de los servicios de emergencias británicos, pero también puso en evidencia que la insuficiencia de recursos puede reducir de manera significativa su impacto potencial.

La ampliación de la disponibilidad podría permitir que una proporción mayor de los 9.584 pacientes inicialmente considerados elegibles tenga efectivamente la oportunidad de recibir la propuesta de acompañamiento.

Qué factores estuvieron asociados con rechazar la intervención

Los investigadores también examinaron qué características estaban vinculadas con una mayor probabilidad de rechazar el apoyo después de que el contacto con el equipo hubiera sido establecido.

Los hombres presentaron una mayor probabilidad de rechazo, con un valor de OR 1,33.

También fue observada una mayor probabilidad entre las personas con consumo problemático de alcohol, para quienes fue informada una asociación de OR 1,35.

Los antecedentes de tutela estatal mostraron una asociación todavía mayor, con OR 1,40.

Asimismo, el tratamiento por consumo de sustancias se relacionó con una mayor probabilidad de rechazo del apoyo, con un resultado de OR 1,33.

Los hombres, el consumo problemático de alcohol, los antecedentes de tutela estatal y el tratamiento por sustancias estuvieron asociados con mayor rechazo.

Estos resultados permiten identificar factores que podrían ser considerados al momento de diseñar estrategias de vinculación y comunicación más eficaces dentro de los programas hospitalarios.

Sin embargo, uno de los hallazgos más relevantes fue que las condiciones neurodivergentes estudiadas no mostraron la misma asociación con el rechazo.

La neurodiversidad no fue una barrera para aceptar el apoyo

A pesar de que algunas condiciones neurodivergentes aparecieron sobrerrepresentadas entre las consultas relacionadas con violencia, el trastorno del espectro autista, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad y las dificultades de aprendizaje no estuvieron asociados con rechazo de la intervención.

Este resultado indica que la neurodiversidad no constituyó una barrera independiente para la participación en los programas hospitalarios cuando el contacto efectivamente pudo ser establecido.

El trastorno del espectro autista, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad y las dificultades de aprendizaje no se asociaron con mayor rechazo del apoyo.

La observación resulta relevante porque determinadas necesidades de comunicación o procesamiento sensorial podrían ser interpretadas erróneamente como falta de interés en recibir ayuda.

Los resultados sugieren que esa presunción no estaría respaldada por los datos. La presencia de una condición neurodivergente no disminuyó la disposición a participar de manera significativa dentro de los modelos analizados.

Por ese motivo, fue planteada la necesidad de incorporar estrategias de comunicación adaptadas y modificaciones sensoriales específicas destinadas a facilitar la participación de las personas neurodivergentes.

Estas adaptaciones no fueron propuestas porque los pacientes mostraran una mayor tendencia a rechazar el programa, sino para que la experiencia asistencial resulte accesible a diferentes necesidades.

Adaptar la comunicación y el entorno hospitalario podría ampliar la accesibilidad sin asumir que las personas neurodivergentes tienen menor disposición a recibir ayuda.

En este sentido, los resultados desplazan parte de la atención desde las características individuales hacia la organización de los servicios. Antes de atribuir una ausencia de participación al paciente, debe analizarse si este pudo ser contactado y si el programa estuvo disponible en condiciones adecuadas.

Esta cuestión adquiere mayor relevancia al considerar que casi 60% de los pacientes elegibles quedó sin contacto, fundamentalmente en un contexto caracterizado por restricciones de cobertura y disponibilidad de personal.

Más recursos podrían ampliar la prevención desde los hospitales

Los autores concluyeron que el trastorno por déficit de atención e hiperactividad y las dificultades de aprendizaje están sobrerrepresentados entre quienes presentan consultas relacionadas con violencia, aunque las asociaciones encontradas no permiten establecer causalidad.

Por el contrario, el trastorno del espectro autista mostró asociaciones con una menor probabilidad de este tipo de atención, tanto en el análisis principal como en determinados análisis realizados según la coexistencia con dificultades de aprendizaje.

Esta heterogeneidad demuestra la importancia de que la neurodiversidad no sea presentada como una única categoría de riesgo. Cada condición mostró un patrón diferente y las asociaciones deben ser interpretadas dentro del contexto poblacional en que fueron obtenidas.

Los hallazgos no deberían ser utilizados para atribuir conductas individuales, sino para detectar necesidades asistenciales y orientar estrategias de prevención.

Al analizar los programas hospitalarios, fue demostrado que los Violence Prevention Teams pueden ser implementados en servicios de emergencias británicos y que una proporción considerable de los pacientes contactados aceptó participar.

Sin embargo, las restricciones de recursos redujeron sustancialmente la cobertura. De los 9.584 pacientes elegibles, únicamente 4.007 pudieron ser contactados.

La cobertura principalmente de lunes a viernes y la presencia frecuente de un único integrante del equipo fueron identificadas como limitaciones capaces de explicar, al menos parcialmente, la brecha entre pacientes elegibles y contactados.

La propuesta de ampliar la financiación permitiría incrementar la capacidad de respuesta de los equipos y disminuir el número de pacientes que atraviesan una consulta relacionada con violencia sin llegar a recibir la oferta de intervención preventiva.

También fueron recomendadas estrategias específicas de comunicación y adaptaciones sensoriales para garantizar que los programas puedan ser ofrecidos de manera adecuada a personas con distintas características neurodivergentes.

La principal barrera detectada no fue la neurodiversidad, sino la dificultad de los equipos para alcanzar a todos los pacientes que reunían los criterios de intervención.

Los resultados aportan así una perspectiva que combina epidemiología, atención de emergencias y prevención hospitalaria. La identificación de grupos sobrerrepresentados puede ser utilizada para orientar recursos sin convertir las asociaciones estadísticas en estigmas individuales.

Al mismo tiempo, el estudio muestra que el servicio de emergencias puede transformarse en un punto estratégico de prevención secundaria cuando existen equipos capaces de establecer contacto y ofrecer acompañamiento después de una consulta vinculada con violencia.

La oportunidad de intervención parece especialmente relevante si se considera que 2.560 personas aceptaron y participaron del apoyo una vez que pudieron ser alcanzadas por los equipos.

Por lo tanto, el fortalecimiento de la cobertura podría permitir que los programas hospitalarios sean utilizados no solamente para responder al episodio agudo, sino también para reducir vulnerabilidades y facilitar apoyo posterior a una población que ya ha entrado en contacto con el sistema sanitario.

Conclusión

El estudio mostró que las asociaciones con violencia variaron según la condición neurodivergente: el trastorno por déficit de atención e hiperactividad y las dificultades de aprendizaje estuvieron sobrerrepresentados, mientras que el trastorno del espectro autista mostró menor probabilidad de consulta. La neurodiversidad no aumentó el rechazo del apoyo, pero las restricciones de recursos dejaron sin contacto a casi 60% de los pacientes elegibles.

Referencias

Autor

El equipo de redactores de Sapue realizo esta historia, utilizando herramientas editoriales, de traducción e inteligencia artificial. El proceso de redacción contó con incidencia humana en cada etapa.