Un estudio publicado en JAMA Network Open por David Rudolph, Kirlos Haroun, Michael Gottlieb y colaboradores analizó a 7852 residentes de Medicina de Emergencias de Estados Unidos y halló una mayor prevalencia de burnout interno y global entre quienes se identificaron como integrantes de minorías sexuales.

Un estudio nacional sobre el bienestar de los residentes

La relación entre orientación sexual y burnout durante la formación médica fue examinada en el estudio “Sexual Orientation and Burnout Among Emergency Medicine Residents”, publicado en JAMA Network Open el 20 de julio de 2026. La investigación fue desarrollada por David Rudolph, Kirlos Haroun, Michael Gottlieb y colaboradores.

El objetivo principal fue determinar si la prevalencia del burnout entre residentes de Medicina de Emergencias de Estados Unidos difería según la orientación sexual, después de considerar distintas características demográficas y elementos relacionados con los programas de formación.

La investigación fue planteada como un estudio transversal, por lo que la orientación sexual y las manifestaciones de agotamiento fueron evaluadas dentro de un período determinado, sin que fuera realizado un seguimiento prolongado de los participantes.

Mediante este diseño pudo ser estimada la frecuencia del burnout en diferentes grupos de residentes, aunque no fue posible establecer una relación causal ni determinar si la orientación sexual, las experiencias institucionales u otros factores habían precedido al agotamiento observado.

La mayor diferencia fue observada en el agotamiento personal y laboral, y no específicamente en el desgaste relacionado con la atención de pacientes.

El trabajo fue enfocado en una etapa especialmente exigente de la carrera médica. Durante la residencia, las responsabilidades asistenciales, académicas y personales suelen ser enfrentadas de manera simultánea, dentro de ámbitos caracterizados por presión temporal, incertidumbre clínica y elevada carga emocional.

En la Medicina de Emergencias, esas condiciones pueden intensificarse debido al contacto permanente con pacientes gravemente enfermos, decisiones inmediatas, turnos nocturnos, interrupciones frecuentes y exposición repetida a situaciones potencialmente traumáticas.

El estudio no se limitó a calcular una prevalencia general, sino que fue orientado a determinar si el agotamiento se encontraba distribuido de manera desigual entre los residentes, especialmente entre quienes pertenecían a minorías sexuales.

La inclusión de la orientación sexual permitió que fueran examinadas posibles desigualdades que podrían permanecer ocultas cuando solamente son informados los valores promedio de toda la población de residentes.

Una encuesta nacional con una participación del 98,6%

Los datos fueron obtenidos de la encuesta posterior al American Board of Emergency Medicine In-Training Exam, denominado Examen en Servicio del Consejo Estadounidense de Medicina de Emergencias y abreviado como ITE.

La encuesta fue completada entre el 27 de febrero y el 2 de marzo de 2024. De los 9614 residentes activos, 9478 rindieron el examen y respondieron el cuestionario, lo que representó una participación del 98,6%. Después de que fueran aplicados los criterios de inclusión, el análisis definitivo quedó integrado por 7852 residentes de Medicina de Emergencias.

La edad mediana de los participantes fue de 30 años, con un rango intercuartílico de 28 a 32 años. La muestra estuvo compuesta por 4416 varones, equivalentes al 56%; 3364 mujeres, correspondientes al 43%; y 56 personas no binarias, que representaron menos del 1%.

La participación del 98,6% permitió que fuera analizada una proporción excepcionalmente amplia de los residentes activos de Medicina de Emergencias de Estados Unidos.

La elevada tasa de respuesta fortaleció la representatividad de la encuesta, debido a que redujo el riesgo de que los resultados reflejaran únicamente la experiencia de una fracción pequeña o especialmente motivada de los residentes. Sin embargo, fueron incluidos 7852 de los 9478 residentes que respondieron. Por lo tanto, la diferencia entre la cantidad total de encuestados y la población incorporada al análisis también debe ser considerada al interpretar los resultados.

Las características demográficas fueron incorporadas a los modelos estadísticos, debido a que variables como la edad, el género, la raza o la etnia podían estar asociadas tanto con la orientación sexual como con el riesgo de burnout.

También fueron considerados el año de formación, la duración del programa y la región de Estados Unidos en la que se encontraba cada residente. Mediante estos ajustes se intentó evitar que las diferencias observadas fueran atribuidas exclusivamente a la orientación sexual cuando podían encontrarse parcialmente relacionadas con la composición demográfica o educativa de los grupos.

El 12% se identificó como parte de una minoría sexual

En total, 928 residentes, equivalentes al 12% de la muestra, se identificaron como integrantes de una minoría sexual. Los otros 6924 participantes, correspondientes al 88%, se identificaron como heterosexuales.

La categoría de minoría sexual estuvo integrada por identidades diversas. Entre esos residentes, 329, equivalentes al 35%, se identificaron como bisexuales. Otros 317 residentes, correspondientes al 34%, se identificaron como gays o lesbianas, mientras que 97 participantes, el 10%, se identificaron como queer.

También fueron incluidos 42 residentes asexuales, equivalentes al 4%; 41 residentes pansexuales, correspondientes al 4%; y 102 participantes, el 11%, que seleccionaron otra identidad.

Más de un tercio de los residentes pertenecientes a minorías sexuales se identificó como bisexual y otro tercio como gay o lesbiana.

Esta distribución mostró que la diversidad sexual observada no podía ser resumida únicamente mediante las categorías gay o lesbiana, ya que una proporción considerable de los participantes utilizó otras identidades.

También fueron encontradas diferencias entre los grupos en relación con el género, la duración de los programas y la región de formación. Las personas no binarias representaron el 6% de las minorías sexuales, frente a menos del 1% de los residentes heterosexuales. La proporción de participantes formados en programas de cuatro años fue del 35% entre las minorías sexuales y del 25% entre los residentes heterosexuales.

Asimismo, el 35% de las minorías sexuales realizaba su formación en la región Nordeste, frente al 29% del grupo heterosexual. Estas diferencias fueron incorporadas a los análisis ajustados, debido a que la duración de la residencia, la ubicación regional y las características de cada programa podían influir en la experiencia educativa y en el bienestar de los residentes.

La orientación sexual fue informada directamente por cada participante. Este procedimiento permitió que cada residente identificara su propia orientación, pero también pudo haber sido influido por el grado de seguridad o confidencialidad percibido al responder la encuesta.

No pudo determinarse si algunos residentes evitaron revelar su orientación sexual por temor a ser identificados, por no sentirse representados por las categorías disponibles o por considerar que la información podía tener consecuencias personales o profesionales.

Cómo fue evaluado el burnout con el Inventario de Copenhague

El burnout fue evaluado mediante una versión abreviada de seis ítems del Copenhagen Burnout Inventory, denominado Inventario de Burnout de Copenhague y abreviado como CBI.

A través de este instrumento fueron diferenciadas dos dimensiones. La primera fue denominada burnout interno y estuvo relacionada con el agotamiento personal o laboral. La segunda dimensión fue denominada burnout externo y estuvo vinculada con el desgaste experimentado en relación con la atención de pacientes. El burnout interno fue definido mediante una puntuación de al menos 16. Dentro de esta categoría fueron agrupadas las manifestaciones de agotamiento personal y laboral.

El burnout externo fue definido con una puntuación de al menos 6 y fue utilizado para representar el agotamiento relacionado específicamente con la actividad asistencial.

El instrumento permitió diferenciar el agotamiento personal y laboral del desgaste asociado con la atención directa de pacientes.

Además de las dos dimensiones individuales, fueron examinados dos resultados combinados: la presencia de cualquier tipo de burnout y la presencia simultánea de burnout interno y externo. La categoría de cualquier burnout fue asignada cuando un residente cumplía los criterios de burnout interno, burnout externo o ambos. La presencia de ambos tipos fue reservada para quienes alcanzaban simultáneamente los puntos de corte establecidos para las dos dimensiones.

En la totalidad de la muestra, el burnout interno fue registrado en el 33% de los residentes, mientras que el burnout externo fue observado en el 32%. La prevalencia de cualquier tipo de burnout alcanzó el 48%, lo que indicó que casi la mitad de los residentes cumplía los criterios para al menos una de las dimensiones evaluadas.

La presencia simultánea de burnout interno y externo fue observada en el 18% de los participantes.

Casi uno de cada dos residentes presentó al menos una forma de burnout y el 18% reunió simultáneamente los criterios de ambas dimensiones.

Las cifras mostraron que el agotamiento era frecuente en toda la población estudiada, incluso antes de que los resultados fueran separados según la orientación sexual. El 33% de burnout interno y el 32% de burnout externo no debían ser sumados directamente, porque una parte de los residentes cumplía los criterios para ambas dimensiones y habría sido contabilizada dos veces.

La utilización de una versión abreviada del Inventario de Burnout de Copenhague facilitó que la evaluación fuera incluida dentro de una encuesta nacional administrada después del examen. Sin embargo, el resultado no fue equivalente a un diagnóstico clínico. Las puntuaciones fueron utilizadas como indicadores de agotamiento según los umbrales definidos por los investigadores.

El burnout interno fue mayor entre las minorías sexuales

La principal diferencia entre los grupos fue observada en el burnout interno. Esta dimensión fue registrada en el 39% de los residentes pertenecientes a minorías sexuales y en el 32% de los residentes heterosexuales.

La diferencia absoluta fue de 7 puntos porcentuales, lo que señaló una mayor frecuencia de agotamiento personal o laboral entre quienes se identificaron como integrantes de una minoría sexual.

Una diferencia de la misma magnitud fue observada para cualquier tipo de burnout. La prevalencia fue del 54% entre las minorías sexuales y del 47% entre los residentes heterosexuales.

Más de la mitad de los residentes pertenecientes a minorías sexuales presentó burnout interno, externo o ambas formas de agotamiento.

La presencia simultánea de burnout interno y externo fue del 20% entre las minorías sexuales y del 17% entre los residentes heterosexuales. Aunque fue registrada una diferencia descriptiva de 3 puntos porcentuales, la asociación con la presencia simultánea de ambas dimensiones no se mantuvo estadísticamente significativa después del ajuste.

En relación con el burnout externo, la prevalencia fue del 35% entre las minorías sexuales y del 32% en el grupo heterosexual. La diferencia no alcanzó significación estadística, debido a que fue obtenido un valor de P = 0,06.

La diferencia en el burnout relacionado con la atención de pacientes no fue estadísticamente significativa: 35% frente a 32%, con P = 0,06.

El resultado indicó que el exceso de agotamiento no fue demostrado de manera uniforme en todas las dimensiones analizadas. La asociación más consistente fue concentrada en el burnout interno, correspondiente al agotamiento personal o laboral, y en la categoría más amplia de cualquier burnout.

No fue confirmada una diferencia estadísticamente significativa en el burnout externo, lo que sugirió que la desigualdad no estuvo centrada exclusivamente en el desgaste producido por la atención de pacientes.

Las causas de la diferencia no fueron medidas directamente. Por lo tanto, no pudo establecerse cuánto del exceso de burnout podía encontrarse vinculado con discriminación, aislamiento, ocultamiento de la identidad, falta de representación o características institucionales.

Tampoco pudo determinarse si el burnout interno se había originado exclusivamente en el trabajo, porque esa dimensión integró tanto el agotamiento laboral como el personal.

Las diferencias persistieron después del ajuste estadístico

Para establecer si las asociaciones podían ser explicadas por otras características, fueron aplicados modelos ajustados por edad, género, raza y etnia, año de formación, duración del programa y región.

Después de ese ajuste, pertenecer a una minoría sexual continuó asociado con una mayor prevalencia de burnout interno. La razón de prevalencia ajustada fue de 1,12, con un intervalo de confianza del 95% de 1,02 a 1,24.

El intervalo de confianza, abreviado como IC, representa el rango dentro del cual podría encontrarse la estimación verdadera con un nivel de confianza del 95%, según el modelo estadístico utilizado.

Tras el ajuste, las minorías sexuales presentaron una prevalencia de burnout interno 12% mayor que los residentes heterosexuales.

La razón de prevalencia ajustada de 1,12 indicó que el burnout interno fue 12% más frecuente entre los residentes de minorías sexuales que entre los heterosexuales, después de considerar las demás variables.

También fue encontrada una asociación con cualquier tipo de burnout. La razón de prevalencia ajustada fue de 1,09, con un intervalo de confianza del 95% de 1,01 a 1,17.

Este resultado representó una prevalencia ajustada 9% mayor de presentar al menos una forma de burnout entre los integrantes de minorías sexuales.

La prevalencia ajustada de cualquier burnout fue 9% mayor entre quienes se identificaron como parte de una minoría sexual.

No fue encontrada una asociación estadísticamente significativa con el burnout externo ni con la presencia simultánea de los dos tipos. La ausencia de significación estadística no demostró que los grupos fueran idénticos. Indicó que los datos disponibles no permitieron descartar que las diferencias observadas se debieran al azar.

Los modelos redujeron la posibilidad de que la asociación fuera explicada únicamente por diferencias de edad, género, raza, etnia, año de residencia, extensión del programa o región. Sin embargo, no pudieron ser eliminados los efectos de variables no medidas, como experiencias de discriminación, acoso, falta de apoyo, ocultamiento de la identidad o seguridad psicológica dentro del programa.

Debido al diseño transversal y a la ausencia de esas variables, los resultados fueron interpretados como asociaciones y no como evidencia de que la orientación sexual causara burnout. La orientación sexual no fue considerada un factor causal inherente. La diferencia podría reflejar condiciones sociales, educativas o institucionales experimentadas de manera desigual por los residentes.

Mayores asociaciones entre residentes bisexuales y queer

La categoría general de minoría sexual incluyó identidades diferentes. Por ese motivo, fueron realizados análisis específicos para algunos subgrupos. Entre los residentes bisexuales fue encontrada una mayor prevalencia ajustada de burnout interno. La razón de prevalencia ajustada fue de 1,17, con un intervalo de confianza del 95% de 1,02 a 1,35.

También fue observada una mayor prevalencia de cualquier burnout entre los residentes bisexuales, con una razón de prevalencia ajustada de 1,17 y un intervalo de confianza del 95% de 1,05 a 1,30.

Los residentes bisexuales presentaron una prevalencia ajustada 17% mayor tanto de burnout interno como de cualquier tipo de burnout.

Ambas estimaciones indicaron una prevalencia 17% mayor en comparación con el grupo heterosexual utilizado como referencia. Entre los residentes que se identificaron como queer también fue encontrada una asociación significativa con el burnout interno. La razón de prevalencia fue de 1,28, con un intervalo de confianza del 95% de 1,02 a 1,62.

Los residentes queer presentaron una prevalencia ajustada de burnout interno 28% mayor, aunque la estimación fue menos precisa.

El intervalo de confianza más amplio reflejó una menor precisión estadística, relacionada en parte con el tamaño del subgrupo, compuesto por 97 residentes. No fueron informadas asociaciones significativas para todas las identidades incluidas dentro de la categoría de minoría sexual.

Sin embargo, la ausencia de una asociación estadísticamente significativa no debería ser interpretada automáticamente como evidencia de que no existieran diferencias. Los subgrupos de residentes asexuales y pansexuales fueron reducidos, con 42 y 41 participantes, respectivamente.

Con muestras pequeñas, las estimaciones tienden a ser menos precisas y una diferencia real puede no alcanzar significación estadística. Los resultados mostraron que las minorías sexuales no constituían un grupo homogéneo y que las experiencias de los residentes bisexuales, gays, lesbianas, queer, asexuales o pansexuales no necesariamente debían ser consideradas equivalentes.

Medidas propuestas para los programas de formación

Los autores concluyeron que las minorías sexuales en Medicina de Emergencias presentaban una mayor prevalencia de burnout, especialmente en las dimensiones personal y laboral. La asociación persistió después del ajuste por factores demográficos e institucionales, lo que indicó que la diferencia no podía ser explicada únicamente por la composición de los grupos.

A partir de los resultados fueron propuestas distintas medidas, entre ellas mentorías, referentes visibles, grupos de afinidad, políticas antidiscriminatorias y recursos confidenciales.

Las intervenciones sugeridas incluyeron mentorías, referentes visibles, grupos de afinidad, políticas antidiscriminatorias y asistencia confidencial.

Las mentorías podrían facilitar acompañamiento profesional y orientación académica, además de ofrecer apoyo durante conflictos o períodos de mayor agotamiento. La presencia de referentes visibles podría contribuir a fortalecer la representación y mostrar que diferentes orientaciones sexuales son compatibles con trayectorias exitosas dentro de la especialidad.

Los grupos de afinidad podrían ser utilizados como espacios de pertenencia, intercambio de experiencias y apoyo entre residentes que atraviesan situaciones similares. Estos espacios podrían resultar especialmente relevantes en programas donde un residente perteneciente a una minoría sexual no cuenta con pares o referentes con experiencias comparables.

Las políticas antidiscriminatorias deberían estar acompañadas por procedimientos claros, canales de denuncia seguros y respuestas institucionales consistentes.

La existencia formal de una política institucional no garantiza que los residentes la perciban como segura, accesible o efectiva.

Los recursos confidenciales fueron considerados especialmente importantes, debido a que el burnout o las experiencias de discriminación pueden no ser comunicados cuando existe temor a consecuencias académicas o laborales.

Para que esos mecanismos sean utilizados, deberían ser percibidos como privados, accesibles y separados de los procesos de evaluación de los residentes. El estudio no evaluó la eficacia de estas intervenciones. Por lo tanto, las medidas fueron presentadas como propuestas razonables y no como soluciones cuya efectividad hubiera sido comprobada por la investigación.

También fue sugerido que las respuestas institucionales no deberían centrarse únicamente en enseñar resiliencia individual o estrategias personales para tolerar el estrés. Si la mayor prevalencia se encuentra relacionada con discriminación, aislamiento o falta de representación, las condiciones del entorno formativo también deberían ser modificadas.

El bienestar de los residentes no debería ser considerado exclusivamente una responsabilidad individual, especialmente cuando son observadas desigualdades persistentes entre grupos.

Limitaciones del estudio y preguntas pendientes

Entre las principales limitaciones fue señalado el diseño transversal. Debido a que la orientación sexual y el burnout fueron medidos en un mismo período, no pudo ser establecida una secuencia temporal. No fue posible determinar si el burnout había comenzado antes de la residencia, si había aumentado durante la formación o si estaba relacionado con acontecimientos recientes.

El autorreporte representó otra limitación, ya que tanto la orientación sexual como las respuestas al Inventario de Burnout de Copenhague fueron declaradas directamente por los participantes. Las respuestas pudieron haber sido influenciadas por la memoria, el estado emocional, la interpretación de las preguntas o la disposición a comunicar información sensible.

El diseño transversal permitió identificar asociaciones, pero no demostrar que la orientación sexual o una experiencia institucional específica causaran burnout.

Los tamaños reducidos de algunos subgrupos limitaron la precisión de las estimaciones y dificultaron la obtención de conclusiones para todas las identidades. Esta dificultad fue especialmente relevante entre los residentes asexuales, pansexuales, queer y quienes seleccionaron otra identidad.

Otra limitación importante fue la ausencia de datos específicos sobre residentes transgénero.

Aunque fueron incluidas personas no binarias en la descripción del género, no fue efectuado un análisis particular que permitiera conocer la prevalencia del burnout entre personas transgénero.

La orientación sexual y la identidad de género son dimensiones diferentes y no deberían ser utilizadas como conceptos intercambiables.

La ausencia de datos específicos sobre residentes transgénero impidió que los resultados fueran extrapolados a ese grupo. Tampoco fueron evaluados directamente los mecanismos que podían explicar las asociaciones, como discriminación, acoso, ocultamiento de la identidad, apoyo de compañeros, mentorías o seguridad psicológica.

Sin esa información no pudo establecerse por qué el burnout interno fue más frecuente entre las minorías sexuales.

La encuesta fue administrada después del Examen en Servicio del Consejo Estadounidense de Medicina de Emergencias, por lo que no pudo descartarse que el momento de la evaluación hubiera influido sobre las respuestas. También quedó pendiente conocer cómo evolucionan estas diferencias después de la residencia y durante los primeros años de ejercicio profesional.

Los autores destacaron la necesidad de realizar estudios longitudinales, capaces de seguir a los residentes a lo largo del tiempo y establecer cuándo aparecen o se intensifican las manifestaciones de agotamiento. También serían necesarios estudios cualitativos que permitan comprender las experiencias institucionales, sociales y personales que no pueden ser representadas solamente mediante una puntuación numérica.

Conclusión

El estudio mostró que los residentes pertenecientes a minorías sexuales presentaron una mayor prevalencia de burnout interno y de cualquier tipo que sus pares heterosexuales, incluso después del ajuste por características demográficas y de los programas.

Las mayores asociaciones fueron observadas entre residentes bisexuales y queer, aunque el tamaño reducido de varios subgrupos limitó la precisión de algunas estimaciones. Los resultados reforzaron la necesidad de desarrollar entornos formativos seguros, con mentorías, referentes visibles, grupos de afinidad, políticas antidiscriminatorias y recursos confidenciales.

La reducción del burnout requerirá no solamente recursos individuales, sino también cambios institucionales que promuevan pertenencia, seguridad y equidad.

Referencias

Autor

El equipo de redactores de Sapue realizo esta historia, utilizando herramientas editoriales, de traducción e inteligencia artificial. El proceso de redacción contó con incidencia humana en cada etapa.