Un estudio publicado en JAMA Network Open analizó más de 5,3 millones de consultas pediátricas y evaluó cómo los benchmarks alcanzables de atención pueden ayudar a mejorar la calidad en los departamentos de emergencias pediátricas.

Una nueva forma de medir la calidad asistencial

El estudio “Achievable Benchmarks of Care in Pediatric Emergency Departments”, publicado en JAMA Network Open el 19 de mayo de 2026, evaluó los benchmarks alcanzables de atención, conocidos como ABC por sus siglas en inglés, para condiciones y procesos frecuentes en la medicina de emergencias pediátricas.

El trabajo partió de una idea central: medir la calidad únicamente a partir del rendimiento promedio no siempre permite impulsar mejoras concretas.

En cambio, los benchmarks alcanzables de atención permiten establecer metas realistas, basadas en el desempeño de los grupos con mejores resultados dentro de una red asistencial.

Esta estrategia permite responder una pregunta práctica para los sistemas de salud: qué nivel de atención ya fue alcanzado por los mejores equipos y puede ser utilizado como referencia para otros servicios. De esta manera, los resultados no se comparan con objetivos ideales o teóricos, sino con estándares observados en la práctica clínica real.

Qué son los benchmarks alcanzables de atención

Los benchmarks alcanzables de atención fueron calculados a partir del desempeño del 10% de visitas atendidas por los clínicos con mejor rendimiento, utilizando el método de media recortada. Este enfoque permite generar metas que no dependen del promedio general, sino de los resultados obtenidos por los profesionales o centros que mostraron mejor desempeño.

En el contexto de la atención pediátrica de emergencias, este tipo de medición puede ser especialmente útil. Las consultas suelen ser numerosas, los cuadros clínicos son diversos y los tiempos de respuesta pueden influir de manera directa en la experiencia de los pacientes, las familias y los equipos de salud.

Las métricas evaluadas incluyeron procesos iniciales, tiempos de atención, duración de la estadía, revisitas tempranas, uso de antibióticos en diagnósticos virales, manejo del dolor en fracturas de huesos largos y tratamiento del asma.

Diseño del estudio y población analizada

Se trató de un estudio transversal realizado con datos del Pediatric Emergency Care Applied Research Network Registry, es decir, el registro de la Red de Investigación Aplicada en Atención de Emergencias Pediátricas. Esta base reúne información proveniente de registros electrónicos de salud de consultas en departamentos de emergencias pediátricas.

Fueron incluidas visitas de pacientes de 0 a menos de 18 años, atendidos entre el 1 de enero de 2017 y el 31 de diciembre de 2024. Los datos provinieron de 12 departamentos de emergencias: 9 centros pediátricos cuaternarios y 3 sitios comunitarios afiliados.

El análisis fue realizado entre agosto de 2025 y marzo de 2026.

En total, fueron incluidas 5.302.587 visitas. La mediana de edad fue de 5,1 años, con un rango intercuartílico de 1,8 a 11,0 años, y el 52,6% de los pacientes eran varones.

Del total de consultas, 4.364.658 correspondieron a departamentos de emergencias pediátricos cuaternarios y 937.929 a centros comunitarios afiliados. Además, fueron analizados datos de 925 clínicos, con un rango de 26 a 250 profesionales por sitio.

Documentación inicial: peso y signos vitales

Una de las áreas con mejores resultados fue la documentación inicial. La documentación del peso alcanzó un benchmark alcanzable de atención global de 99,8%. A su vez, la documentación de frecuencia cardíaca y frecuencia respiratoria fue de 99,9%.

Estos datos muestran que algunos procesos básicos de la atención pediátrica de emergencias ya se encuentran altamente estandarizados. En pediatría, el peso es un dato clínico fundamental, ya que muchas dosis de medicamentos, fluidos y tratamientos dependen de esta información.

Sin embargo, la documentación completa de signos vitales mostró mayor variabilidad. El benchmark alcanzable de atención global fue de 96,5%, con un rango de 79,8% a 99,3% en centros pediátricos cuaternarios y de 56,8% a 92,3% en sitios afiliados.

La documentación de presión arterial también varió ampliamente. En los centros cuaternarios, el rango fue de 82,0% a 99,4%, mientras que en los sitios afiliados fue de 58,7% a 92,7%. Esta diferencia muestra que, aunque algunos registros iniciales fueron casi universales, todavía existen oportunidades de mejora en la documentación completa de la evaluación inicial.

Tiempos de atención y flujo asistencial

Las métricas de flujo asistencial fueron las más variables del estudio. El benchmark alcanzable de atención global para el tiempo hasta ser visto por un clínico fue de 20 minutos. En los centros pediátricos cuaternarios fue de 19 minutos, mientras que en los centros afiliados fue de 22 minutos.

Este indicador es relevante porque refleja cuánto tiempo debe esperar un paciente pediátrico antes de ser evaluado por un profesional. En emergencias, la demora puede afectar la experiencia de la familia, la seguridad del paciente y la oportunidad del tratamiento.

La duración global de la estadía en emergencias tuvo un benchmark alcanzable de atención de 114 minutos. En los centros pediátricos cuaternarios fue de 125 minutos, mientras que en los sitios afiliados fue de 101 minutos.

A lo largo del período evaluado, estas métricas empeoraron, especialmente después de 2021. Este hallazgo sugiere que los tiempos de atención y permanencia en emergencias representan un área prioritaria para la mejora de los procesos asistenciales.

Revisitas, seguridad y uso de antibióticos

En relación con las métricas de seguridad y calidad, las revisitas a las 48 horas con admisión fueron infrecuentes. El benchmark alcanzable de atención global fue de 0,1%.

Esta métrica permite observar cuántos pacientes regresan poco tiempo después de la consulta inicial y requieren internación. Aunque una revisita no siempre implica una atención inadecuada, puede ser un indicador útil para analizar la seguridad del alta, la evolución clínica y la comunicación con las familias.

El uso de antibióticos en enfermedades virales también fue bajo, con un benchmark alcanzable de atención de 0,2%. Este resultado sugiere una práctica estable de buena administración antimicrobiana.

La baja indicación de antibióticos en diagnósticos virales es un dato relevante, ya que el uso innecesario de estos medicamentos puede favorecer la resistencia antimicrobiana, exponer a los pacientes a efectos adversos y aumentar costos evitables para el sistema de salud.

Atención del asma en emergencias pediátricas

El estudio también evaluó el manejo del asma, una de las condiciones frecuentes en los departamentos de emergencias pediátricas. En este grupo, el benchmark alcanzable de atención para la administración de corticosteroides sistémicos fue de 97,8%.

Los corticosteroides sistémicos son una intervención importante en exacerbaciones asmáticas, ya que ayudan a reducir la inflamación de la vía aérea y pueden disminuir el riesgo de progresión del cuadro.

Además, el tiempo hasta el primer β-agonista, es decir, un medicamento broncodilatador utilizado para aliviar la obstrucción bronquial, fue de 29 minutos. Este indicador refleja la rapidez con la que se inicia el tratamiento broncodilatador en pacientes pediátricos con asma.

La medición del tiempo hasta el primer tratamiento permite identificar demoras y mejorar los circuitos de atención, especialmente en pacientes con dificultad respiratoria, donde la intervención temprana puede modificar la evolución clínica.

Manejo del dolor en fracturas de huesos largos

En fracturas de huesos largos, la documentación del dolor alcanzó un benchmark alcanzable de atención de 99,0%. Este resultado muestra que la evaluación del dolor fue registrada con alta frecuencia.

Sin embargo, la reducción efectiva del dolor mostró mayor variabilidad. Solo el 80,5% de los pacientes logró una reducción del dolor de al menos 2 puntos dentro de los 90 minutos.

Este hallazgo es importante porque evidencia que documentar el dolor no siempre equivale a lograr un alivio adecuado. En pediatría, el manejo del dolor requiere protocolos claros, reevaluación oportuna y tratamientos ajustados a la edad y condición clínica del paciente.

La variabilidad entre sitios sugiere que todavía existen oportunidades de mejora en la analgesia, la reevaluación clínica y la respuesta ante dolor persistente.

Diferencias entre centros y oportunidades de mejora

El estudio mostró que algunos procesos alcanzaron niveles muy altos y consistentes entre instituciones, mientras que otros presentaron diferencias marcadas. La documentación del peso, la frecuencia cardíaca y la frecuencia respiratoria estuvieron cerca del 100%, pero los signos vitales completos, la presión arterial, los tiempos de atención y la reducción del dolor mostraron mayor variabilidad.

Estas diferencias pueden estar vinculadas con múltiples factores, como el tipo de centro, la complejidad de los pacientes, la disponibilidad de recursos, la organización interna, los protocolos asistenciales y la carga de trabajo.

Los centros pediátricos cuaternarios pueden recibir pacientes de mayor complejidad, más derivaciones y más necesidad de interconsultas. Los sitios comunitarios afiliados, en cambio, pueden tener flujos más rápidos para ciertos cuadros, pero también enfrentar desafíos en la estandarización de algunos procesos.

En este contexto, los benchmarks alcanzables de atención permiten identificar qué resultados son posibles dentro de una red y qué áreas requieren intervenciones específicas. No se trata solo de comparar instituciones, sino de detectar oportunidades concretas para mejorar la calidad asistencial.

El valor de los registros electrónicos para mejorar la atención

Los autores concluyeron que los benchmarks alcanzables de atención pueden establecerse mediante datos armonizados de registros electrónicos y servir como metas alcanzables para comparar desempeño, aumentar la transparencia y orientar mejoras en la atención pediátrica de emergencias.

La armonización de datos es clave para que las comparaciones sean válidas. Cuando las métricas se definen de manera uniforme, es posible identificar diferencias reales entre sitios, reconocer buenas prácticas y diseñar estrategias de mejora.

Este enfoque también permite que la calidad sea evaluada de manera dinámica. A medida que los servicios mejoran, los benchmarks pueden actualizarse y convertirse en una herramienta continua de aprendizaje para los equipos de salud.

En definitiva, los datos clínicos generados durante la atención cotidiana pueden transformarse en herramientas estratégicas para mejorar tiempos, procesos, seguridad y resultados en los departamentos de emergencias pediátricas.

Conclusión

El estudio mostró que los benchmarks alcanzables de atención pueden ser definidos a partir de registros electrónicos armonizados y utilizados como metas realistas de mejora. En más de 5,3 millones de visitas pediátricas, fueron observados altos niveles de documentación inicial, bajo uso de antibióticos en cuadros virales y brechas relevantes en flujo asistencial y control del dolor.

Referencias

Autor

El equipo de redactores de Sapue realizo esta historia, utilizando herramientas editoriales, de traducción e inteligencia artificial. El proceso de redacción contó con incidencia humana en cada etapa.