Un estudio publicado en Annals of Emergency Medicine analizó si mantener el equipamiento de los servicios médicos de emergencia al ingresar al departamento de emergencias podía acelerar decisiones críticas en adultos con paro cardíaco extrahospitalario.

Una transición crítica en el paro cardíaco extrahospitalario

En los pacientes con paro cardíaco extrahospitalario, cada segundo transcurrido desde el ingreso al departamento de emergencias puede condicionar la posibilidad de reconocer un ritmo desfibrilable, aplicar una descarga y sostener maniobras de reanimación de alta calidad. En ese contexto fue evaluado el estudio “Emergency Medical Services Equipment Use in the Emergency Department and Time to Care for Those With Out-of-Hospital Cardiac Arrest”, centrado en una pregunta práctica: si el equipamiento colocado por los servicios médicos de emergencia antes de llegar al hospital debía mantenerse durante los primeros minutos de atención o ser reemplazado de inmediato por el equipamiento propio del departamento.

La investigación se enfocó en un momento breve, pero decisivo: el traspaso entre la atención prehospitalaria y la atención dentro del departamento de emergencias.

La investigación fue enfocada en la transición entre la atención prehospitalaria y la atención hospitalaria, un momento en el que suelen superponerse equipos, protocolos, dispositivos y decisiones clínicas. En pacientes con Out-of-Hospital Cardiac Arrest (OHCA), definido como paro cardíaco ocurrido fuera del hospital, esa transición puede incluir el traspaso físico del paciente a una camilla, el cambio de monitor, la recolocación de parches, la reorganización del equipo de reanimación y la confirmación del ritmo cardíaco.

La pregunta central fue si mantener los monitores, desfibriladores y parches ya colocados por los servicios médicos de emergencia podía evitar demoras durante los primeros minutos de atención hospitalaria.

El estudio partió de una hipótesis simple, pero clínicamente relevante: si el paciente ya llegaba conectado a un monitor o desfibrilador de los Emergency Medical Services (EMS), o servicios médicos de emergencia, ese mismo equipamiento podía ser utilizado para el primer análisis del ritmo en el Emergency Department (ED), o departamento de emergencias. De esa manera, se evitaría el tiempo necesario para retirar dispositivos, colocar nuevos parches y conectar el equipamiento hospitalario antes de tomar decisiones sobre desfibrilación.

La desfibrilación temprana es uno de los componentes esenciales en los ritmos desfibrilables, como la fibrilación ventricular o la taquicardia ventricular sin pulso. Por eso, la medición del tiempo hasta el primer análisis de ritmo y hasta la primera descarga fue considerada un indicador operativo importante. Aunque el estudio no fue diseñado para demostrar un beneficio en supervivencia, sí fue orientado a identificar si una modificación sencilla en el flujo de trabajo podía asociarse con una atención más rápida.

En el paro cardíaco, las demoras pueden originarse no solo en decisiones clínicas, sino también en pasos técnicos y logísticos aparentemente menores.

Cómo fue diseñado el estudio

Se trató de un estudio retrospectivo, de un solo centro, basado en revisión de videos. La investigación fue realizada entre el 3 de octubre de 2018 y el 20 de febrero de 2024 en un departamento de emergencias académico de atención cuaternaria. La utilización de registros audiovisuales permitió reconstruir con precisión los tiempos de atención, desde la llegada del paciente hasta el primer análisis del ritmo cardíaco y, cuando correspondía, hasta la primera desfibrilación realizada dentro del departamento.

El análisis por video permitió observar eventos que suelen durar pocos segundos y que pueden no quedar reflejados con precisión en la historia clínica.

Fueron incluidos pacientes adultos de 18 años o más con paro cardíaco extrahospitalario registrado en video. Fueron excluidos los paros traumáticos, los pacientes que llegaban con Return of Spontaneous Circulation (ROSC), o retorno de circulación espontánea, sin presentar un nuevo paro en el departamento, y aquellos casos en los que las grabaciones estaban ausentes o incompletas.

Los pacientes fueron clasificados en dos grupos. El grupo EMS incluyó a quienes recibieron el primer análisis de ritmo en el ED utilizando el equipamiento de los servicios médicos de emergencia. El grupo ED incluyó a quienes fueron evaluados inicialmente con el equipamiento propio del departamento de emergencias. La comparación, por lo tanto, no fue entre dos tratamientos farmacológicos ni entre dos estrategias complejas, sino entre dos formas de organizar el momento inicial de la atención.

El contraste principal fue operativo: usar el equipamiento que ya estaba conectado o reemplazarlo por el equipamiento propio del departamento.

El resultado primario fue el tiempo hasta el primer análisis del ritmo cardíaco dentro del departamento de emergencias. Este punto fue considerado fundamental porque el análisis del ritmo define si el paciente presenta un ritmo desfibrilable o no desfibrilable, y permite decidir si debe aplicarse una descarga. El resultado secundario fue el tiempo hasta la primera desfibrilación en el ED entre pacientes con ritmo inicial desfibrilable.

Además, fueron explorados otros desenlaces operativos y clínicos, como la transferencia a la cama del ED, la frecuencia de desfibrilación, la proporción de ROSC y la supervivencia hasta la admisión hospitalaria o hasta el alta. Estos resultados exploratorios permitieron observar si la diferencia en los tiempos iniciales se acompañaba de otros cambios en la atención, aunque el estudio no tuvo el poder suficiente para demostrar beneficios clínicos definitivos en supervivencia.

Características de los pacientes incluidos

De un total de 629 pacientes con paro cardíaco, 223 cumplieron los criterios de elegibilidad. De ellos, 75 pacientes, equivalentes al 33,6%, integraron el grupo EMS, mientras que 148 pacientes, equivalentes al 66,4%, fueron incluidos en el grupo ED. Esta distribución mostró que, en la mayoría de los casos analizados, el equipamiento hospitalario fue utilizado para el primer análisis del ritmo una vez que el paciente ingresó al departamento.

Solo una parte de los pacientes con paro cardíaco registrados inicialmente pudo ser incluida, debido a los criterios de elegibilidad y a la disponibilidad de video completo.

La mediana de edad de la población incluida fue de 80 años, con un rango intercuartílico (RIC) de 66 a 88. El RIC representa el rango en el que se encuentra el 50% central de los valores observados, y permite describir la dispersión de una variable sin depender de valores extremos. Además, el 57% de los pacientes eran varones.

Según lo informado, no se observaron diferencias demográficas o de comorbilidades relevantes entre los grupos, con una excepción importante. La enfermedad coronaria fue más frecuente en el grupo EMS, con una diferencia de 17,0% y un intervalo de confianza (IC) del 95% de 4 a 30. Esta diferencia fue relevante porque podría indicar que algunos pacientes del grupo EMS tenían características clínicas distintas desde el inicio.

La presencia más frecuente de enfermedad coronaria en el grupo EMS fue uno de los datos que obligó a interpretar los resultados con prudencia.

También fue registrada una diferencia en los ritmos desfibrilables extrahospitalarios. Estos ritmos fueron reportados en el 26,5% del grupo EMS y en el 10,5% del grupo ED. Este dato fue especialmente importante para interpretar los resultados, ya que los pacientes con ritmos desfibrilables previos podían haber llegado al hospital con dispositivos ya colocados y con una estrategia prehospitalaria más orientada a la desfibrilación.

La mayor proporción de ritmos desfibrilables previos en el grupo EMS fue una de las razones por las que los autores pidieron interpretar los resultados con cautela.

Por ese motivo, los autores advirtieron la posibilidad de sesgo de selección y confusión por indicación. Es decir, no puede descartarse que el uso del equipamiento EMS haya sido más frecuente en pacientes que ya tenían determinadas características clínicas o una situación de reanimación particular. Esa diferencia inicial pudo haber influido tanto en la decisión de mantener el equipamiento como en los tiempos observados durante la atención en el departamento de emergencias.

Menor tiempo hasta el análisis inicial del ritmo

El principal hallazgo fue una diferencia marcada en el tiempo hasta el primer análisis del ritmo dentro del departamento de emergencias. En el grupo EMS, la mediana fue de 94,0 segundos, con un RIC de 54,0 a 163,0. En cambio, en el grupo ED, la mediana fue de 251,5 segundos, con un RIC de 179,5 a 314,5. La diferencia estimada fue de 143 segundos, con un IC 95% de 116 a 169 y un valor de P < 0,0001.

El primer análisis del ritmo fue realizado más de dos minutos antes cuando se utilizó el equipamiento de los servicios médicos de emergencia.

En términos prácticos, esta diferencia indicó que el primer análisis del ritmo fue realizado más de dos minutos antes cuando se utilizó el equipamiento de EMS. En una situación de paro cardíaco, esa reducción temporal puede ser operativamente relevante, porque el reconocimiento temprano del ritmo permite decidir si el paciente requiere desfibrilación inmediata o continuidad de reanimación cardiopulmonar sin descarga. Sin embargo, la interpretación clínica debe ser prudente, ya que el estudio no demostró que esa reducción se tradujera de manera definitiva en mayor supervivencia.

El valor de P < 0,0001 indica que la diferencia observada fue estadísticamente significativa bajo el modelo de análisis utilizado. Aun así, la significación estadística no equivale automáticamente a causalidad. En este caso, la asignación al grupo EMS o ED no fue aleatoria, sino que dependió de la práctica real observada. Por lo tanto, los pacientes en quienes se mantuvo el equipamiento prehospitalario pudieron haber sido distintos en aspectos no completamente medidos.

El primer análisis del ritmo ocurrió antes cuando se mantuvo el equipamiento prehospitalario, pero el diseño del estudio no permite afirmar que esa decisión haya sido la única causa de la diferencia.

La diferencia temporal también puede ser interpretada desde la perspectiva del flujo de trabajo. Cambiar de un monitor prehospitalario a uno hospitalario puede requerir retirar cables, reemplazar parches, verificar conexiones, coordinar maniobras durante la reanimación y confirmar que el equipo esté listo para analizar el ritmo. Cada uno de esos pasos puede parecer breve de manera aislada, pero en conjunto puede sumar demoras durante una reanimación crítica.

La demora no siempre se produce por una sola acción, sino por la suma de pasos pequeños realizados en un momento de alta presión asistencial.

Desfibrilación más rápida en ritmos desfibrilables

El resultado secundario evaluó el tiempo hasta la primera desfibrilación en el ED entre pacientes con ritmo inicial desfibrilable. En el grupo EMS, la mediana fue de 120 segundos, con un RIC de 100 a 174. En el grupo ED, la mediana fue de 255 segundos, con un RIC de 188 a 396. La diferencia fue de 131,5 segundos, con un IC 95% de 8 a 272.

La primera desfibrilación también fue más rápida en el grupo en el que se mantuvo el equipamiento de los servicios médicos de emergencia.

Este hallazgo fue coherente con el resultado primario: si el análisis del ritmo fue realizado antes, también pudo ser realizada antes la primera descarga en quienes tenían un ritmo desfibrilable. En el manejo del paro cardíaco, la desfibrilación temprana ocupa un lugar central cuando el ritmo lo permite. Por eso, una reducción de más de dos minutos en el tiempo hasta la descarga puede ser considerada clínicamente importante desde el punto de vista fisiológico y operativo.

No obstante, el intervalo de confianza para la diferencia en desfibrilación fue amplio, de 8 a 272 segundos. Esto sugiere mayor incertidumbre alrededor de la estimación, probablemente vinculada con el menor número de pacientes que efectivamente presentaban ritmo desfibrilable y requerían descarga dentro del ED. Por esa razón, aunque el resultado fue favorable al uso de equipamiento EMS, debe ser interpretado como una señal exploratoria más que como una prueba definitiva.

La desfibrilación fue más rápida en el grupo EMS, pero la amplitud del intervalo de confianza mostró que la estimación todavía necesita confirmación en estudios más grandes.

La diferencia observada también debe ser analizada junto con la mayor proporción de ritmos desfibrilables extrahospitalarios en el grupo EMS. Si más pacientes de ese grupo ya habían presentado ritmos desfibrilables antes de llegar al hospital, es posible que el equipo prehospitalario hubiese estado más preparado para continuar con descargas rápidas. Esto no invalida el hallazgo, pero sí refuerza la necesidad de estudios multicéntricos, con ajustes más amplios o diseños prospectivos, para determinar si el beneficio temporal se mantiene en escenarios diversos de atención de emergencias.

Otros resultados observados en la atención inicial

Entre los resultados exploratorios, fue observado que el grupo EMS tuvo un mayor tiempo hasta la transferencia a la cama del ED, con una diferencia de 15,0 segundos y un IC 95% de 0 a 21. Este dato puede parecer contradictorio, porque el uso de equipamiento prehospitalario se asoció con análisis y desfibrilación más rápidos, pero también con una transferencia física algo más demorada.

El grupo EMS tardó algo más en ser transferido a la cama del departamento, aunque esa diferencia fue mucho menor que la reducción observada en el análisis del ritmo.

Una posible explicación es que, al mantener el equipamiento EMS, el equipo de atención pudo priorizar la continuidad del monitoreo y la evaluación del ritmo antes de completar otros pasos de transferencia. También es posible que los pacientes del grupo EMS llegaran en condiciones que requerían más coordinación durante el traspaso. Como se trató de un análisis retrospectivo, estas posibilidades no pueden ser confirmadas de manera concluyente.

También fue reportada una mayor frecuencia de desfibrilación en el ED en el grupo EMS, con una diferencia de 18,0% y un IC 95% de 4,2 a 31,8. Este hallazgo se alinea con la mayor proporción de ritmos desfibrilables extrahospitalarios informada en ese mismo grupo. En otras palabras, no necesariamente indica que el equipamiento EMS haya generado más necesidad de desfibrilación, sino que los pacientes de ese grupo probablemente tenían más probabilidad de presentar ritmos que requerían descarga eléctrica.

El grupo EMS recibió desfibrilación con mayor frecuencia, pero también había presentado una proporción más alta de ritmos desfibrilables antes de llegar al hospital.

La proporción de retorno de circulación espontánea en el ED fue similar entre los grupos, con una diferencia de 10,2% y un IC 95% de –3,4 a 23,8. La inclusión de valores negativos y positivos dentro del intervalo de confianza sugiere que no puede afirmarse una diferencia clara entre los grupos para este desenlace. Este resultado es importante porque muestra que, aunque los tiempos fueron menores con equipamiento EMS, el estudio no demostró una mejora concluyente en ROSC dentro del departamento.

En total, 44 pacientes sobrevivieron hasta la admisión hospitalaria y 8 sobrevivieron hasta el alta. De estos últimos, 6 pertenecían al grupo EMS y 2 al grupo ED. Aunque esta distribución puede parecer favorable al grupo EMS, el número total de sobrevivientes al alta fue bajo. Por lo tanto, no permite establecer conclusiones firmes sobre supervivencia, recuperación neurológica o beneficio clínico definitivo.

Los datos de supervivencia fueron limitados por el bajo número de pacientes que sobrevivieron hasta el alta hospitalaria.

Por qué el equipamiento puede modificar los tiempos

El estudio puso el foco en una decisión logística que, en la práctica diaria, puede pasar desapercibida: si debe continuarse con el equipamiento prehospitalario o si debe reemplazarse de inmediato por el equipamiento del ED. En pacientes con paro cardíaco extrahospitalario, el cambio de dispositivos puede implicar una pausa funcional en la evaluación, especialmente si el equipo debe esperar a que el nuevo monitor esté conectado y listo para analizar el ritmo.

La continuidad del equipamiento puede reducir pasos redundantes en un momento en el que la coordinación del equipo es tan importante como la tecnología utilizada.

Cuando los parches ya están colocados y el monitor de EMS está operativo, el primer análisis puede realizarse sin repetir pasos. Esta continuidad puede ser especialmente útil en los primeros minutos del ingreso, cuando el equipo hospitalario todavía está organizando roles, asegurando la vía aérea, preparando medicación, coordinando compresiones y revisando información prehospitalaria. La reducción de tareas redundantes podría favorecer una atención más fluida.

Sin embargo, también existen razones por las que algunos equipos prefieren cambiar al equipamiento del ED. Los dispositivos hospitalarios pueden estar integrados a los registros del centro, ser más familiares para el personal local o formar parte de protocolos internos estandarizados. Además, diferentes servicios de EMS pueden utilizar monitores de marcas o configuraciones distintas, lo que podría generar variabilidad en la operación. Por eso, cualquier cambio de práctica debería considerar entrenamiento, compatibilidad y seguridad.

Mantener el equipamiento prehospitalario puede ser útil, pero requiere coordinación entre sistemas y protocolos claros de trabajo.

El hallazgo del estudio no implica que todos los hospitales deban adoptar automáticamente el uso inicial del equipamiento EMS. Más bien, sugiere que la transición del equipamiento durante la reanimación debería ser revisada como un posible punto de demora. En algunos centros, la solución podría ser mantener el equipamiento prehospitalario durante el primer análisis. En otros, podría ser optimizar el proceso de conexión al monitor hospitalario para que el cambio no retrase decisiones críticas.

Limitaciones y cautela en la interpretación

Los autores destacaron varias limitaciones importantes. En primer lugar, se trató de un estudio retrospectivo, por lo que la información fue analizada después de ocurridos los eventos y no bajo un protocolo prospectivo de intervención. En segundo lugar, fue realizado en un solo centro académico de atención cuaternaria, lo que limita la posibilidad de generalizar los resultados a hospitales comunitarios, sistemas prehospitalarios diferentes o departamentos con otros recursos.

La naturaleza retrospectiva y unicéntrica del estudio limita la posibilidad de aplicar los hallazgos de forma directa a todos los sistemas de emergencias.

Otra limitación central fue la ausencia de aleatorización. Los pacientes no fueron asignados al azar a mantener equipamiento EMS o utilizar equipamiento ED. Por el contrario, la decisión reflejó prácticas reales. Esto puede introducir sesgo de selección, ya que los pacientes que llegaban con ciertos ritmos, dispositivos o condiciones clínicas pudieron haber sido más propensos a permanecer conectados al equipamiento prehospitalario.

También fue señalada la posibilidad de confusión por indicación. Este concepto se refiere a que la razón por la cual un paciente recibe una determinada intervención puede estar relacionada con su pronóstico o con sus características clínicas. En este estudio, el grupo EMS tenía una mayor proporción de ritmos desfibrilables extrahospitalarios, lo que podría haber influido tanto en la decisión de mantener el equipamiento como en los tiempos hasta la desfibrilación.

Los resultados no prueban causalidad: muestran una asociación entre el uso del equipamiento EMS y tiempos más cortos hasta intervenciones iniciales.

Además, el estudio tuvo un carácter exploratorio respecto de los desenlaces clínicos. Aunque fueron informados datos de ROSC, admisión hospitalaria y alta, el número de pacientes sobrevivientes hasta el alta fue reducido. Por ello, no puede afirmarse que el uso del equipamiento EMS mejore la supervivencia, el pronóstico neurológico o la recuperación funcional. Para responder esas preguntas serían necesarios estudios más amplios y diseñados específicamente con esos desenlaces clínicos.

La revisión de videos, aunque aportó precisión temporal, también puede depender de la calidad de las grabaciones, la visibilidad de los eventos y la posibilidad de identificar con exactitud cada intervención. De hecho, los casos con grabaciones faltantes o incompletas fueron excluidos. Esta exclusión fue necesaria metodológicamente, pero también puede introducir diferencias entre los casos incluidos y los no incluidos en el análisis final.

El estudio permitió observar tiempos reales de atención, pero no puede descartar por completo diferencias no medidas entre los grupos comparados.

Implicancias para los equipos de emergencias

Para los equipos de emergencias, el estudio ofrece una oportunidad de revisar el proceso de recepción de pacientes con OHCA. La llegada de un paciente en paro cardíaco no es solo un acto clínico, sino también un proceso de coordinación entre el sistema prehospitalario y el hospitalario. La continuidad del equipamiento puede ser considerada una estrategia potencial para evitar demoras, siempre que sea compatible con los protocolos locales y con la seguridad del paciente.

La coordinación entre EMS y ED puede ser tan relevante como el dispositivo utilizado, especialmente durante los primeros minutos de reanimación.

Una posible implicancia práctica es la necesidad de acuerdos entre EMS y ED. Si los equipos prehospitalarios y hospitalarios comparten criterios sobre cuándo mantener monitores, desfibriladores y parches, la transición puede volverse más predecible. Esto puede incluir entrenamiento conjunto, simulaciones, revisión de casos, definición de roles y criterios para decidir en qué momento conviene cambiar al equipamiento hospitalario sin interferir con el análisis del ritmo o la desfibrilación.

El estudio también refuerza la importancia de medir tiempos reales dentro de la atención de emergencias. En muchas ocasiones, las demoras no son atribuibles a una sola decisión, sino a una suma de pequeñas acciones. La revisión sistemática de videos, registros y procesos puede ayudar a identificar oportunidades de mejora que no siempre son evidentes en la documentación clínica tradicional.

Medir el proceso de atención permite identificar demoras que pueden pasar inadvertidas durante la dinámica habitual de una reanimación.

Desde una perspectiva de calidad, el hallazgo puede ser utilizado para diseñar intervenciones locales. Por ejemplo, un departamento podría auditar cuánto tiempo transcurre desde la llegada del paciente hasta el primer análisis del ritmo, comparar diferentes formas de traspaso, evaluar interrupciones en las compresiones y analizar si el cambio de monitor genera demoras. Estas evaluaciones permitirían adaptar las conclusiones del estudio a cada contexto institucional.

No obstante, cualquier implementación debería evitar interpretaciones simplistas. Mantener el equipamiento EMS puede ser beneficioso en algunos casos, pero no reemplaza otros componentes esenciales de la atención del paro cardíaco: compresiones de alta calidad, mínima interrupción, desfibrilación cuando corresponde, manejo avanzado de la vía aérea según criterio clínico, búsqueda de causas reversibles y comunicación efectiva del equipo de reanimación.

La mejora de los tiempos debe integrarse dentro de una estrategia más amplia de calidad en reanimación cardiopulmonar.

Una hipótesis para estudios multicéntricos

Los autores concluyeron que el uso del equipamiento de servicios médicos de emergencia para el análisis inicial del ritmo en el departamento de emergencias puede asociarse con menores tiempos hasta el análisis y hasta la desfibrilación. Sin embargo, remarcaron que los hallazgos no demuestran causalidad ni prueban un beneficio clínico definitivo. La señal observada fue considerada relevante, pero insuficiente para establecer una recomendación universal.

El valor principal del estudio fue generar una hipótesis concreta: la transición del equipamiento podría ser un punto modificable para reducir demoras en la atención inicial.

La necesidad de registros multicéntricos fue subrayada porque los sistemas de atención del paro cardíaco varían ampliamente. Los tiempos de traslado, los modelos de EMS, los tipos de monitores, la capacitación de los equipos, los protocolos hospitalarios y la disponibilidad de video o auditoría pueden modificar los resultados. Un estudio realizado en múltiples centros permitiría saber si la asociación se mantiene en escenarios más diversos.

Futuros trabajos podrían evaluar no solo tiempos hasta análisis y desfibrilación, sino también desenlaces clínicos más robustos. Entre ellos podrían incluirse ROSC sostenido, supervivencia hasta la admisión, supervivencia al alta, estado neurológico, interrupciones en las compresiones torácicas y seguridad operativa. También sería importante analizar si el beneficio temporal se mantiene cuando se ajusta por ritmo inicial, enfermedad coronaria, duración del paro, tiempo prehospitalario y características del equipo de reanimación.

Para confirmar el impacto clínico, será necesario evaluar no solo la velocidad de atención, sino también la supervivencia y los resultados neurológicos.

En términos de investigación, el estudio aporta una base para diseñar intervenciones prospectivas. Por ejemplo, podrían compararse períodos antes y después de implementar un protocolo de continuidad del equipamiento EMS, o podrían evaluarse hospitales con estrategias diferentes de transición. También podrían realizarse simulaciones de alta fidelidad para medir con precisión qué pasos generan más demora y cómo pueden ser modificados sin afectar la seguridad del paciente.

Conclusión

El uso inicial del equipamiento EMS en el ED se asoció con tiempos más cortos hasta el análisis del ritmo y la desfibrilación en adultos con OHCA. Sin embargo, por su diseño retrospectivo, unicéntrico y no aleatorizado, los resultados deben ser interpretados como una hipótesis para validar, no como prueba definitiva de beneficio clínico.

Referencias

Autor

El equipo de redactores de Sapue realizo esta historia, utilizando herramientas editoriales, de traducción e inteligencia artificial. El proceso de redacción contó con incidencia humana en cada etapa.