Un estudio prospectivo publicado en BMC Emergency Medicine analizó 162 pacientes adultos atendidos por emergencias urológicas en un hospital terciario. La investigación mostró que la urolitiasis, el dolor en flanco y la consulta tardía marcaron gran parte de la carga clínica observada.

Una carga clínica relevante para los servicios de emergencia

Las emergencias urológicas constituyen un grupo amplio de cuadros clínicos que pueden presentarse en los servicios de guardia con distintos niveles de gravedad. En un extremo, pueden incluir condiciones frecuentes y potencialmente resolubles con intervenciones iniciales rápidas, como la retención urinaria aguda, el cólico renal o la hematuria. En el otro, pueden abarcar procesos graves, como obstrucciones urinarias complicadas, traumatismos del sistema genitourinario, infecciones con compromiso sistémico o enfermedades malignas que requieren decisiones urgentes.

En este contexto, el estudio “Magnitude and outcome of urologic emergencies: prospective cohort study”, publicado en BMC Emergency Medicine el 6 de mayo de 2026, fue orientado a evaluar la magnitud, las causas, las formas de presentación, los tratamientos realizados y los desenlaces de las emergencias urológicas en un hospital terciario.

La investigación fue planteada a partir de una necesidad clínica concreta: aunque estas patologías son habituales en la práctica médica diaria, su carga global y su perfil clínico todavía se encuentran poco caracterizados en países en desarrollo.

La relevancia del trabajo radica en que la disponibilidad de datos locales permite organizar mejor los recursos quirúrgicos, optimizar la atención en los departamentos de emergencias y reconocer tempranamente a los pacientes con mayor riesgo de evolución desfavorable.

Diseño del estudio y población incluida

El trabajo fue desarrollado como un estudio prospectivo de cohorte, realizado entre agosto de 2024 y febrero de 2025 en un hospital terciario. Fueron incluidos todos los pacientes adultos con emergencias urológicas que consultaron al departamento de emergencias durante el período de estudio.

La información fue recolectada por 2 asistentes de investigación, a través de entrevistas con cuestionario estructurado, revisión de historias clínicas y seguimiento de los pacientes hasta el alta o la transferencia desde el departamento de emergencias.

Este enfoque permitió integrar datos clínicos, antecedentes, formas de presentación, resultados de laboratorio, tratamientos realizados y desenlaces inmediatos.

En total, fueron incluidos 162 pacientes. Durante el período analizado, las emergencias urológicas representaron el 12,2% de todas las emergencias quirúrgicas atendidas. Este porcentaje correspondió a 176 casos sobre 1446 emergencias quirúrgicas.

La cifra permite dimensionar que estos cuadros no fueron eventos aislados, sino una proporción relevante de la demanda quirúrgica urgente.

Dolor en flanco, retención urinaria y hematuria

La forma de presentación clínica más frecuente fue el dolor en flanco, registrado en 100 pacientes (61,7%). Este hallazgo fue coherente con la elevada proporción de casos vinculados a urolitiasis y cólico renal.

En la práctica clínica, el dolor en flanco suele orientar hacia procesos del tracto urinario superior, especialmente cuando se asocia con obstrucción, cálculo urinario, infección o compromiso renal.

En segundo lugar, fue identificada la retención urinaria, con 23 casos (14,2%). Esta condición representa una urgencia urológica clásica, ya que puede generar dolor intenso, distensión vesical, deterioro funcional y, en algunos casos, compromiso renal si no es tratada de manera oportuna.

La hematuria fue registrada en 12 casos (7,4%). Aunque puede tener causas benignas, su presencia en el contexto de emergencia exige evaluación cuidadosa, especialmente cuando se presenta con coágulos, anemia, dolor, traumatismo o sospecha de enfermedad maligna.

Además, los traumatismos relacionados con el sistema genitourinario fueron observados en 14 pacientes (8,6%). Esta proporción mostró que las lesiones traumáticas también constituyeron una causa relevante de consulta de emergencia, aunque el predominio general estuvo dado por cuadros no traumáticos.

Urolitiasis como causa principal

Entre las causas no traumáticas, la urolitiasis fue el diagnóstico subyacente más frecuente. Esta condición fue responsable del 51,7% de los casos, equivalente a 77 de 149 pacientes con emergencias urológicas no traumáticas.

La urolitiasis se produce por la formación de cálculos en el sistema urinario. Estos cálculos pueden alojarse en el riñón, uréter, vejiga o uretra, y generar dolor intenso, obstrucción del flujo urinario, infección, hematuria o deterioro de la función renal.

Cuando el cálculo obstruye el tracto urinario superior, el cuadro puede presentarse como cólico renal, con dolor en flanco de inicio agudo, irradiación variable y síntomas acompañantes.

Los datos del estudio mostraron que el cólico renal, con o sin uropatía obstructiva, fue la principal causa de admisión quirúrgica de emergencia en la región geográfica analizada.

Luego de la urolitiasis, fueron identificadas como causas comunes la hiperplasia prostática benigna, mencionada en el estudio como BPH, por sus siglas en inglés correspondientes a benign prostatic hyperplasia; el cáncer cervical; y la estenosis uretral.

Estos diagnósticos reflejan que la obstrucción urinaria puede tener diferentes orígenes anatómicos y funcionales. La hiperplasia prostática benigna puede producir síntomas urinarios bajos y, en algunos casos, retención urinaria aguda. La estenosis uretral implica un estrechamiento de la uretra que puede dificultar el vaciamiento vesical. El cáncer cervical puede comprometer el tracto urinario por invasión local o compresión.

Un abordaje mayoritariamente intervencionista

El abordaje terapéutico fue mayoritariamente intervencionista. En 151 pacientes (93%) fue realizada una intervención quirúrgica de emergencia. Esta proporción elevada sugiere que la mayoría de los cuadros incluidos requirió más que manejo clínico inicial, analgesia u observación.

Entre los procedimientos más frecuentes para emergencias urológicas no traumáticas se destacó la colocación de stent ureteral, realizada en 46 pacientes (30,5%). El stent ureteral permite restablecer o preservar el drenaje urinario desde el riñón hacia la vejiga cuando existe obstrucción del uréter.

La nefrostomía percutánea fue realizada en 27 pacientes (17,9%). Este procedimiento consiste en colocar un tubo de drenaje directamente en el riñón a través de la piel, con el objetivo de descomprimir el sistema urinario cuando el flujo normal está bloqueado.

La cateterización transuretral fue realizada en 23 pacientes (15,2%). Este procedimiento resulta central en el manejo de la retención urinaria aguda, ya que permite evacuar la vejiga y aliviar la obstrucción funcional inmediata.

La extracción de cálculos fue llevada a cabo en 19 pacientes (12,5%). Esta intervención apunta a resolver directamente la causa obstructiva cuando el cálculo no puede ser eliminado espontáneamente o cuando genera complicaciones clínicas.

El predominio de procedimientos de drenaje y resolución obstructiva refuerza un mensaje clínico central: en las emergencias urológicas, la oportunidad del tratamiento puede ser determinante.

Consulta temprana y desenlace favorable

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio fue la asociación entre el tiempo de evolución de los síntomas y el desenlace clínico. Los pacientes que consultaron dentro de 1 mes o menos desde el inicio de los síntomas tuvieron aproximadamente 4,3 veces más probabilidades de presentar un desenlace favorable en comparación con aquellos que tenían síntomas de más de 1 mes de evolución.

Este resultado fue expresado mediante una AOR, sigla correspondiente a adjusted odds ratio, u odds ratio ajustada, de 4,34, con IC 95%, sigla correspondiente a intervalo de confianza del 95%, de 1,45–12,99.

La odds ratio ajustada permite estimar la fuerza de asociación entre una variable y un desenlace, luego de considerar otros factores incluidos en el modelo. En este caso, el dato indicó que la consulta más temprana fue vinculada con una probabilidad significativamente mayor de evolución favorable.

Desde el punto de vista asistencial, este hallazgo resulta especialmente importante. Muchas emergencias urológicas pueden progresar si no son tratadas a tiempo. Una obstrucción urinaria sostenida puede conducir a hidronefrosis, infección, daño renal o sepsis.

Una retención urinaria prolongada puede agravar el compromiso vesical y renal. Una hematuria persistente puede demorar el diagnóstico de causas estructurales o tumorales. Un traumatismo no evaluado adecuadamente puede generar complicaciones tardías.

Creatinina elevada y menor probabilidad de mejoría

El estudio también identificó que la creatinina anormalmente elevada al ingreso se asoció de manera inversa con la probabilidad de mejoría. La asociación fue expresada con una odds ratio ajustada de 0,1, con IC 95%: 0,01–0,82.

La creatinina es un marcador utilizado en la práctica clínica para estimar la función renal. Cuando se encuentra elevada, puede sugerir deterioro de la filtración renal, ya sea por enfermedad renal previa, deshidratación, obstrucción urinaria, infección, daño agudo o una combinación de factores.

En el contexto de emergencias urológicas, una creatinina elevada puede ser una señal de compromiso renal al momento de la presentación.

El hallazgo del estudio indicó que los pacientes con creatinina alterada al ingreso tuvieron menor probabilidad de mejoría clínica. Esto resulta coherente con la fisiopatología de muchas urgencias urológicas.

En los cuadros obstructivos, el aumento de presión dentro del sistema urinario puede afectar la función renal. Si la obstrucción es bilateral, ocurre en un riñón único funcional o se prolonga en el tiempo, el riesgo de daño renal aumenta.

Además, una creatinina elevada puede actuar como marcador indirecto de gravedad, duración del cuadro o presencia de complicaciones. Por ese motivo, su evaluación temprana en el departamento de emergencias puede ser útil para estratificar riesgo, priorizar estudios, acelerar la descompresión urinaria y definir la necesidad de internación o intervención urgente.

Implicancias para hospitales y sistemas de salud

Los resultados del estudio permiten destacar que las emergencias urológicas representaron una proporción significativa de las emergencias quirúrgicas. El 12,2% observado durante el período analizado muestra que estos cuadros generan una carga asistencial relevante para los departamentos de emergencia y para los equipos quirúrgicos.

La elevada frecuencia de urolitiasis y cólico renal indica que los servicios de salud deben contar con circuitos diagnósticos y terapéuticos preparados para resolver obstrucciones urinarias. Esto incluye disponibilidad de evaluación clínica, laboratorio, estudios por imágenes, analgesia adecuada, procedimientos de drenaje y derivación urológica.

La proporción de intervenciones quirúrgicas de emergencia, que alcanzó el 93%, también señala la necesidad de capacidad resolutiva. En centros terciarios, esto puede implicar la disponibilidad de quirófano, instrumental endourológico, stents ureterales, posibilidad de nefrostomía percutánea y personal entrenado.

El estudio también aporta un mensaje preventivo y comunitario. La consulta dentro de 1 mes o menos se asoció con mayor probabilidad de desenlace favorable, mientras que la consulta luego de más de 1 mes fue vinculada con peores resultados.

Por lo tanto, la educación sanitaria sobre signos de alarma urológicos puede tener un rol importante. Entre esos signos se incluyen dolor intenso en flanco, imposibilidad para orinar, hematuria, fiebre asociada a síntomas urinarios, dolor posterior a traumatismos, disminución del volumen urinario o síntomas persistentes.

Lectura clínica de los hallazgos principales

El estudio fue valioso porque permitió combinar magnitud, etiología, manejo y desenlaces en una misma cohorte prospectiva. La inclusión de 162 pacientes y la identificación de 176 casos sobre 1446 emergencias quirúrgicas aportaron una imagen concreta de la carga asistencial.

El predominio del dolor en flanco, presente en 100 pacientes (61,7%), fue consistente con la alta frecuencia de urolitiasis. La retención urinaria, con 23 casos (14,2%), y la hematuria, con 12 casos (7,4%), completaron el grupo de manifestaciones clínicas más frecuentes.

Los traumatismos genitourinarios, observados en 14 pacientes (8,6%), mostraron que la emergencia urológica también puede tener un componente traumático relevante.

La urolitiasis, responsable del 51,7% de los casos no traumáticos, equivalentes a 77 de 149, fue el diagnóstico dominante. Este dato posicionó al cólico renal y a la obstrucción urinaria como prioridades clínicas en el entorno estudiado.

En cuanto al tratamiento, la colocación de stent ureteral en 46 pacientes (30,5%), la nefrostomía percutánea en 27 pacientes (17,9%), la cateterización transuretral en 23 pacientes (15,2%) y la extracción de cálculos en 19 pacientes (12,5%) ilustraron la diversidad de procedimientos necesarios para resolver estos cuadros.

Finalmente, los factores asociados al desenlace aportaron información práctica. La consulta temprana, dentro de 1 mes o menos, fue vinculada con mayor probabilidad de evolución favorable, con una AOR: 4,34; IC 95%: 1,45–12,99. En cambio, la creatinina elevada al ingreso fue asociada con menor probabilidad de mejoría, con una AOR: 0,1; IC 95%: 0,01–0,82.

Conclusión

Las emergencias urológicas representaron una carga importante dentro de las urgencias quirúrgicas. La urolitiasis y el cólico renal fueron los principales motivos de admisión, mientras que la consulta tardía y la creatinina elevada al ingreso se asociaron con peores desenlaces. La detección temprana y el acceso oportuno a tratamiento fueron señalados como factores clave.

Referencias

Autor

El equipo de redactores de Sapue realizo esta historia, utilizando herramientas editoriales, de traducción e inteligencia artificial. El proceso de redacción contó con incidencia humana en cada etapa.