Un estudio realizado en Vorpommern-Greifswald, Alemania, por Janina Dombrowski, Ulrike Stentzel, Heiko Krause y colaboradores analizó dos años de emergencias prehospitalarias pediátricas y mostró que estos casos fueron infrecuentes, mayormente no urgentes, pero requirieron una elevada participación médica.
Las emergencias pediátricas representan una pequeña parte de la actividad prehospitalaria
Las emergencias pediátricas prehospitalarias fueron analizadas en el distrito rural de Vorpommern-Greifswald, situado en el noreste de Alemania, con el objetivo de determinar su frecuencia, gravedad, distribución temporal y utilización de recursos. El estudio fue realizado por Janina Dombrowski, Ulrike Stentzel, Heiko Krause y colaboradores mediante un diseño observacional retrospectivo que incluyó todos los registros de ambulancias y vehículos médicos de emergencia entre el 1 de enero de 2022 y el 31 de diciembre de 2023.
Durante esos dos años fueron documentadas 76.708 misiones del servicio médico de emergencias, identificado mediante la sigla EMS, correspondiente a Emergency Medical Service. Después de la depuración de los registros, fueron analizadas 3.998 misiones con menores y 66.529 con adultos, lo que permitió establecer comparaciones entre ambos grupos y explorar diferencias dentro de las distintas etapas de la infancia.
La atención pediátrica representó una proporción pequeña del trabajo cotidiano del servicio de emergencias, pero exigió mantener competencias específicas para situaciones que pueden presentarse con muy poca frecuencia.
En total, 71.446 pacientes tuvieron contacto con el EMS durante el período analizado. Fueron contabilizados 255 lactantes menores de 1 año (0,4%), 976 niños de 1–5 años (1,4%), 1.437 escolares de 6–13 años (2,0%) y 1.395 adolescentes de 14–17 años (2,0%). Entre los adultos se registraron 25.220 personas de 18–64 años (35,3%) y 42.163 personas ≥65 años (59,0%).
La mediana de edad de toda la población fue de 69 años, con un RIC —rango intercuartílico— de 52–82. La estructura demográfica mostró que la mayor parte de la actividad prehospitalaria estuvo concentrada en adultos y personas mayores, mientras que la exposición de paramédicos y médicos a pacientes pediátricos fue considerablemente menor.
Esta diferencia resulta especialmente importante porque la atención de niños y adolescentes requiere conocimientos y habilidades adaptados a la edad. La anatomía, fisiología, comunicación y valoración clínica pueden cambiar de manera importante entre un lactante, un escolar y un adolescente, por lo que una baja frecuencia de exposición puede dificultar el mantenimiento de experiencia práctica.
La baja frecuencia de un evento no disminuye necesariamente su complejidad: las emergencias pediátricas críticas exigen respuestas rápidas aun cuando sean encontradas pocas veces durante la práctica cotidiana.
Frecuencia del Emergency Medical Service (EMS) según la edad
Las emergencias pediátricas representaron el 5,7% de todas las misiones y generaron un promedio de 5–6 intervenciones por día. La cifra confirma que los menores forman parte de la actividad cotidiana del servicio, aunque en una proporción claramente inferior a la observada en la población adulta.
La tasa anual de utilización fue casi tres veces mayor entre los adultos: se registraron 169 pacientes por 1.000 habitantes, frente a 58 pacientes por 1.000 habitantes entre los menores. Esta diferencia refleja hasta qué punto la experiencia diaria de los equipos está dominada por cuadros correspondientes a pacientes adultos y de edad avanzada.
La menor cantidad de casos pediátricos implica también menos oportunidades de practicar intervenciones específicas en situaciones reales. Si bien la mayoría de los episodios no fue crítica, los equipos deben continuar preparados para resolver eventos graves que pueden presentarse de manera inesperada y que requieren una respuesta inmediata.
El desafío para los servicios rurales consiste en sostener un alto nivel de preparación para eventos pediátricos que son clínicamente relevantes pero comparativamente infrecuentes.
La distribución de pacientes pediátricos tampoco fue homogénea según la edad. Se observaron 255 lactantes menores de 1 año, 976 niños de 1–5 años, 1.437 escolares de 6–13 años y 1.395 adolescentes de 14–17 años. Cada grupo mostró patrones clínicos diferentes y, por lo tanto, necesidades de entrenamiento específicas.
Además, el 92,9% de las misiones pediátricas fueron primarias, frente al 87,5% de las misiones en adultos. Esto significa que la mayor parte de las intervenciones con menores correspondió a respuestas iniciales ante acontecimientos ocurridos fuera del hospital.
En un territorio rural, cada misión primaria requiere movilizar personal y vehículos hacia localidades con distintas distancias y niveles de accesibilidad. La ocupación de una ambulancia durante un traslado prolongado puede reducir temporalmente la capacidad de respuesta disponible para otras emergencias que ocurran simultáneamente.
Grandes diferencias geográficas en la utilización de emergencias
Uno de los aspectos más destacados fue la heterogeneidad territorial. Dependiendo del municipio analizado, las misiones pediátricas representaron entre 0% y 32% de todas las intervenciones, mostrando que el promedio distrital esconde diferencias sustanciales entre distintas localidades.
Estas variaciones implican que algunos equipos pueden atender niños de manera relativamente frecuente, mientras otros pueden transcurrir períodos prolongados sin encontrarse con una emergencia pediátrica. Esa diferencia territorial puede afectar la experiencia práctica acumulada por profesionales que, formalmente, pertenecen al mismo sistema de emergencias.
La distribución geográfica de las emergencias pediátricas fue muy desigual, por lo que la exposición clínica de los equipos también puede variar considerablemente entre municipios.
La isla de Usedom presentó uno de los datos más llamativos. Allí fueron alcanzadas hasta 477 misiones por 1.000 residentes pediátricos durante los dos años, una cifra que los autores señalaron que debe ser interpretada considerando la importante movilidad turística de la región.
En destinos con fuerte actividad turística, la población presente durante determinados meses puede superar ampliamente a la población residente. Por ello, calcular la demanda exclusivamente en función de habitantes registrados puede generar tasas aparentemente muy elevadas y subestimar el número real de personas que utilizan el sistema.
También fueron observadas importantes diferencias en los tiempos de traslado hospitalario. La mediana fue de 18,4 minutos, aunque según el municipio osciló entre 5,3 y 47,3 minutos. La ubicación geográfica del paciente puede, por lo tanto, determinar durante cuánto tiempo permanece comprometido un recurso prehospitalario.
En algunas localidades, alcanzar el hospital podía requerir casi nueve veces más tiempo que en otras, una diferencia relevante para la planificación de recursos rurales.
Estas distancias son especialmente relevantes cuando deben ser trasladados niños con cuadros potencialmente graves hacia instituciones capaces de proporcionar atención pediátrica especializada. No todos los municipios cuentan con el mismo acceso a hospitales y servicios médicos, de manera que la localización de una emergencia puede influir directamente sobre la organización de la respuesta.
Por esta razón, los autores plantearon que la planificación del EMS debería considerar no solo la población residente, sino también la afluencia turística, los patrones estacionales y la disponibilidad territorial de servicios pediátricos.
La demanda aumenta durante el verano y presenta dos picos diarios
Los despachos pediátricos siguieron una distribución diaria bimodal. Los mayores niveles de actividad fueron observados entre las 12:00–13:00 y las 18:00–19:00, mientras que los valores mínimos se registraron entre las 02:00–07:00.
La identificación de estos horarios aporta información útil para comprender cómo se distribuye la demanda y cómo podrían organizarse los recursos. Aunque el estudio no estableció una causa específica para esos picos, sí permitió demostrar que la actividad pediátrica no se distribuye uniformemente durante el día.
Las misiones pediátricas se concentraron especialmente alrededor del mediodía y durante las primeras horas de la noche.
También se observó una clara variación estacional. Durante el verano fueron registradas las mayores proporciones mensuales: junio 10,5%, julio 10,3% y agosto 10,5%. En contraste, febrero presentó el mínimo, con 5,3%.
Los datos vuelven a poner en primer plano el posible efecto del turismo estacional sobre el funcionamiento del sistema prehospitalario. Una región turística puede experimentar un aumento sustancial de personas presentes durante períodos vacacionales, aun cuando el número oficial de residentes permanezca sin modificaciones.
Para un servicio rural, este fenómeno puede traducirse en una mayor ocupación de ambulancias, personal y recursos médicos durante determinadas épocas. La planificación basada exclusivamente en promedios anuales podría no reflejar adecuadamente los picos temporales de demanda.
Junio, julio y agosto concentraron los mayores porcentajes mensuales de emergencias pediátricas registrados durante los dos años.
La estacionalidad también debe ser contemplada al analizar las elevadas tasas observadas en determinadas zonas. Un número importante de visitantes puede incrementar sustancialmente la cantidad real de niños expuestos a accidentes, enfermedades o situaciones que requieren intervención del servicio de emergencias.
Traumatismos y lesiones predominan entre los pacientes pediátricos
Los traumatismos y lesiones fueron significativamente más frecuentes entre los menores que entre los adultos. Representaron 42,2% de los casos pediátricos frente a 24,0% de los adultos, convirtiéndose en uno de los principales motivos de utilización del sistema prehospitalario en niños y adolescentes.
La mayor proporción fue observada entre los escolares de 6–13 años, grupo en el que los traumatismos y lesiones alcanzaron 52,4%. Más de la mitad de las intervenciones correspondientes a esta etapa estuvo vinculada con eventos traumáticos.
Entre los escolares, los traumatismos y lesiones representaron más de la mitad de las emergencias prehospitalarias registradas.
La elevada frecuencia de lesiones muestra que la capacitación pediátrica prehospitalaria debe incluir valoración inicial del trauma, identificación rápida de signos de gravedad, estabilización y criterios apropiados para decidir el traslado hospitalario.
En los grupos de menor edad se observó un perfil diferente. Las enfermedades respiratorias representaron 26,5% de los casos en lactantes y 22,4% entre los niños pequeños, lo que confirma que el tipo de emergencia cambia de manera importante a lo largo de la infancia.
Estas diferencias muestran que el concepto de emergencia pediátrica incluye escenarios clínicos muy diversos. La valoración de un lactante con dificultad respiratoria requiere competencias diferentes de las necesarias para atender a un escolar traumatizado o un adolescente con intoxicación.
Los patrones diagnósticos cambiaron con la edad: las enfermedades respiratorias destacaron en los más pequeños y los traumatismos dominaron entre los escolares.
Entre los adolescentes, las intoxicaciones presentaron características específicas. El alcohol estuvo relacionado con 59,0% de estos episodios, mientras que los medicamentos representaron 16,7% y las drogas ilícitas 16,0%.
El predominio del alcohol dentro de este grupo señala otro componente que debe ser considerado durante la atención prehospitalaria. Estos episodios pueden requerir valoración neurológica, vigilancia del estado general, investigación del contexto del consumo y evaluación de posibles exposiciones combinadas.
La suicidalidad alcanza su mayor proporción entre adolescentes
La suicidalidad también fue identificada dentro de las causas de atención prehospitalaria. Fue registrada en 1,3% de los escolares, 3,5% de los adolescentes, 1,9% de los adultos y 0,2% de las personas mayores.
La proporción más elevada entre los grupos comparados correspondió a los adolescentes, con 3,5%. Este hallazgo demuestra que los servicios de emergencias pediátricas deben encontrarse preparados no solo para enfermedad física y trauma, sino también para situaciones vinculadas con salud mental y riesgo suicida.
La suicidalidad fue registrada con mayor frecuencia entre adolescentes que entre escolares, adultos y personas mayores.
La atención de estos escenarios puede exigir una combinación de evaluación clínica, contención, comunicación y valoración del riesgo. Además, puede ser necesaria una adecuada coordinación con servicios hospitalarios y equipos especializados en salud mental.
Al considerarse junto con las intoxicaciones, los datos muestran que una proporción de las emergencias adolescentes estuvo vinculada con situaciones que exceden las causas médicas tradicionales. La formación de los equipos prehospitalarios debe reflejar esta diversidad y contemplar también habilidades comunicacionales y de evaluación psicosocial.
Graded EMS Care System (GVS) muestra predominio de casos no urgentes
La urgencia de las intervenciones fue clasificada mediante el Graded EMS Care System (GVS), denominado en alemán Gestuftes Versorgungssystem. En este sistema, los niveles GVS 1–3 correspondieron a situaciones consideradas no urgentes.
Según esta clasificación, el 69,3% de las misiones pediátricas correspondió a casos no urgentes, frente al 54,9% entre los adultos. Por lo tanto, una proporción considerablemente mayor de las intervenciones con menores se ubicó dentro de los niveles inferiores de urgencia.
Casi siete de cada diez misiones pediátricas fueron clasificadas dentro de los niveles no urgentes del sistema GVS.
El hallazgo resulta especialmente relevante en un sistema rural con recursos distribuidos sobre grandes distancias. Incluso una intervención finalmente clasificada como poco urgente puede requerir el desplazamiento de una ambulancia, personal sanitario y, en algunos casos, un médico.
Cuando los recursos son limitados y los tiempos de traslado pueden alcanzar hasta 47,3 minutos, cada misión tiene consecuencias potenciales sobre la capacidad del sistema para responder a otros eventos simultáneos.
Por ello, el alto porcentaje de situaciones no urgentes abre interrogantes sobre posibles modelos asistenciales complementarios. No obstante, los datos del estudio no permiten determinar automáticamente qué pacientes podrían ser atendidos mediante alternativas al EMS tradicional sin comprometer la seguridad.
National Advisory Committee for Aeronautics (NACA) confirma menor gravedad pediátrica
La gravedad clínica también fue valorada mediante la clasificación National Advisory Committee for Aeronautics (NACA). Los niveles NACA IV–VII fueron utilizados para identificar pacientes considerados críticamente enfermos o lesionados.
Solo 10,2% de los menores fueron clasificados dentro de NACA IV–VII, frente a 20,8% de los adultos. En términos proporcionales, los casos de alta gravedad fueron aproximadamente dos veces más frecuentes en adultos.
Solo 10,2% de las emergencias pediátricas correspondió a pacientes críticamente enfermos o lesionados según NACA IV–VII.
Dentro de la población pediátrica, los lactantes presentaron la mayor proporción de gravedad, con 14,2% de los casos clasificados dentro de los niveles NACA IV–VII.
El dato es particularmente relevante porque los lactantes constituyeron uno de los grupos menos numerosos, pero al mismo tiempo concentraron una mayor proporción de situaciones pediátricas graves. Esto puede incrementar la percepción de dificultad clínica cuando estos pacientes son atendidos por equipos con baja exposición habitual.
La combinación de baja frecuencia y alta complejidad potencial constituye uno de los principales desafíos destacados por los autores. Los profesionales deben encontrarse preparados para resolver situaciones críticas aun cuando puedan transcurrir períodos prolongados entre un caso grave y el siguiente.
La escasa exposición clínica puede limitar la oportunidad de mantener mediante la práctica cotidiana habilidades necesarias para situaciones pediátricas de alta gravedad.
La participación médica fue mayor en pediatría pese a la menor gravedad
Uno de los resultados más llamativos surgió al comparar la participación médica con la gravedad registrada. Aunque los niños y adolescentes presentaron menos casos críticos que los adultos, un médico participó en 39,4% de las misiones pediátricas frente a 32,9% de las misiones adultas.
La diferencia fue todavía mayor entre los lactantes. En este grupo, la participación médica alcanzó 53,5%, lo que significa que más de la mitad de las misiones involucró a un profesional médico.
Aunque la gravedad pediátrica fue menor en promedio, la participación médica resultó proporcionalmente más frecuente que en la población adulta.
Esta aparente paradoja puede reflejar la mayor incertidumbre que generan los pacientes pediátricos y la menor exposición de los equipos a este tipo de situaciones. El estudio no permite interpretar automáticamente esta participación como utilización innecesaria de recursos, ya que la decisión puede estar condicionada por múltiples factores clínicos y operativos.
La diferencia fue particularmente visible al considerar que solo 14,2% de los lactantes se ubicó dentro de NACA IV–VII, mientras que la participación médica alcanzó 53,5%. Ambas variables miden aspectos diferentes y muestran que el nivel de gravedad no explica por sí solo la utilización de médicos durante las misiones.
También fue elevada la proporción de traslados hospitalarios. El 77,5% de las ambulancias pediátricas trasladaron al paciente al hospital, frente a 82,6% en adultos.
Más de tres de cada cuatro ambulancias pediátricas finalizaron la intervención con el traslado del paciente a un hospital.
En regiones donde los tiempos de traslado varían entre 5,3 y 47,3 minutos, esta frecuencia tiene importantes consecuencias para la disponibilidad de ambulancias. Cada transporte puede mantener ocupado un recurso durante un período considerable, especialmente cuando las distancias hacia los centros hospitalarios son mayores.
Simulación y entrenamiento para eventos de alta gravedad y baja frecuencia
A partir de los resultados, los autores destacaron que la baja exposición a emergencias pediátricas críticas puede favorecer inseguridad entre paramédicos y médicos. La experiencia práctica adquirida mediante atención real puede ser insuficiente para consolidar determinadas habilidades que son utilizadas pocas veces.
Por esa razón, fueron recomendados el entrenamiento práctico y la simulación periódica, especialmente para escenarios caracterizados por una combinación de alta gravedad y baja frecuencia.
La simulación periódica puede permitir que situaciones pediátricas críticas poco frecuentes sean entrenadas de manera repetida sin depender de su aparición espontánea en la práctica real.
La capacitación debería reflejar la diversidad de cuadros identificados en el estudio. Entre los más pequeños deberían ocupar un lugar relevante las emergencias respiratorias; entre los escolares, los traumatismos y lesiones; y entre los adolescentes, las intoxicaciones y situaciones relacionadas con salud mental y suicidalidad.
El objetivo de estos programas no debería limitarse a repasar conocimientos teóricos. La práctica mediante escenarios simulados permite ejercitar toma de decisiones, coordinación de equipos, comunicación, valoración clínica y procedimientos en condiciones que reproducen episodios de alta presión.
Esta estrategia adquiere especial importancia considerando que las emergencias pediátricas representaron solo 5,7% de todas las misiones y que únicamente 10,2% de los menores fue clasificado dentro de los niveles NACA IV–VII.
Cuanto menor sea la exposición a situaciones críticas reales, mayor puede ser la utilidad de estrategias estructuradas de entrenamiento para mantener las competencias.
Telemedicina pediátrica como complemento potencial en áreas rurales
La telemedicina pediátrica también fue planteada como un posible complemento para la atención prehospitalaria rural. El acceso remoto a profesionales con experiencia específica podría resultar especialmente útil en regiones donde la baja frecuencia de casos limita la exposición clínica de los equipos locales.
La utilidad potencial de este recurso debe ser analizada junto con las distancias de traslado. La mediana fue de 18,4 minutos, pero en determinadas localidades llegó a 47,3 minutos, por lo que disponer de apoyo especializado durante la atención inicial podría representar una estrategia a investigar.
La telemedicina pediátrica podría ofrecer apoyo adicional a equipos rurales, pero todavía debe ser evaluada prospectivamente antes de recomendar su implementación.
Los autores remarcaron que la telemedicina no debe ser considerada una estrategia ya validada. Antes de su utilización rutinaria sería necesario determinar en qué escenarios resulta útil, si mejora la atención y cómo debería integrarse con la respuesta presencial existente.
Además, cualquier modelo de telemedicina debería ser evaluado junto con la elevada participación médica ya registrada. Si un médico estuvo involucrado en 39,4% de las misiones pediátricas y en 53,5% de las correspondientes a lactantes, deberá estudiarse si el apoyo remoto podría optimizar esa utilización sin retrasar la intervención presencial cuando sea necesaria.
Integrar datos prehospitalarios y hospitalarios para mejorar la planificación
Los investigadores también destacaron la necesidad de integrar información prehospitalaria y hospitalaria. Vincular ambas etapas permitiría estudiar de forma más completa qué ocurrió con los pacientes después del traslado y evaluar con mayor precisión la relación entre gravedad, recursos utilizados y evolución clínica.
Esta integración sería especialmente útil para interpretar el hecho de que 69,3% de las misiones pediátricas fueron consideradas no urgentes según GVS, mientras que 77,5% de las ambulancias pediátricas realizaron un traslado hospitalario.
La conexión entre registros prehospitalarios y hospitalarios permitiría comprender mejor qué recursos fueron realmente necesarios y cuál fue la evolución posterior de cada paciente.
También debería profundizarse el análisis de la variabilidad territorial. Las diferencias entre municipios, los tiempos de traslado, el impacto del turismo y la disponibilidad de atención pediátrica pueden modificar considerablemente la demanda que enfrenta cada equipo.
La planificación futura del Emergency Medical Service debería, según los autores, considerar no solo el número de habitantes permanentes, sino también las características geográficas, los cambios estacionales de población y la accesibilidad a otros servicios sanitarios.
Los datos de Usedom, donde se alcanzaron hasta 477 misiones por 1.000 residentes pediátricos durante los dos años, ejemplifican por qué las estadísticas poblacionales convencionales pueden resultar insuficientes en regiones con alta actividad turística.
La demanda real de emergencias puede depender tanto de la población residente como de turistas, distancias, oferta asistencial y variaciones estacionales.
En conjunto, los resultados muestran que las emergencias pediátricas rurales son relativamente poco frecuentes y menos graves que las adultas, pero requieren una preparación profesional específica y generan una utilización importante de médicos y traslados hospitalarios.
La combinación de baja frecuencia, diversidad clínica y posibilidad de eventos críticos convierte a la pediatría prehospitalaria en un área especialmente apropiada para estrategias de simulación periódica, capacitación estructurada y nuevas formas de apoyo clínico.
Conclusión
Las emergencias pediátricas representaron una pequeña fracción de la actividad prehospitalaria y fueron mayormente no urgentes, aunque demandaron más participación médica proporcional que los casos adultos. Los resultados respaldan el fortalecimiento de la simulación, el entrenamiento periódico, la integración de datos y la evaluación de telemedicina pediátrica para mejorar la atención en regiones rurales.
Referencias
Autor
El equipo de redactores de Sapue realizo esta historia, utilizando herramientas editoriales, de traducción e inteligencia artificial. El proceso de redacción contó con incidencia humana en cada etapa.





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