Un estudio publicado en JAMA Network Open analizó si la capacidad pediátrica de hospitales y departamentos de emergencias modificaba la relación entre el tipo de seguro, la raza y etnia de los pacientes, y el uso juicioso de estudios por imágenes en niños.
La investigación incluyó 857.034 visitas pediátricas a departamentos de emergencias en pacientes de 18 años o menos, distribuidas en 3 cohortes clínicas: asma, traumatismo de cráneo y traumatismo abdominal.
La mayor capacidad pediátrica se asoció con diferencias en el uso general de imágenes, pero no corrigió de manera consistente las diferencias vinculadas con seguro, raza o etnia.
Un estudio sobre imágenes, calidad y equidad en niños
El estudio “Hospital and Emergency Department Pediatric Capability, Patient Characteristics, and Radiology Imaging for Children” fue publicado en JAMA Network Open el 20 de mayo de 2026. Su objetivo fue evaluar si los hospitales y departamentos de emergencias con mayor capacidad pediátrica lograban modificar la asociación entre características de los pacientes y el uso de estudios por imágenes.
El trabajo se centró en una pregunta relevante para la medicina de emergencias pediátricas: si una mejor preparación institucional puede favorecer un uso más adecuado de la radiología y, al mismo tiempo, reducir diferencias asociadas con el tipo de seguro médico, la raza y la etnia.
En pediatría, el uso de imágenes debe ser cuidadosamente evaluado. Una radiografía o una tomografía computada pueden aportar información diagnóstica importante, pero también pueden implicar exposición a radiación, mayor costo, tiempos de espera y estudios adicionales. Por eso, el uso juicioso de imágenes es considerado un indicador relevante de calidad asistencial.
Cómo fue realizada la investigación
Se trató de un estudio retrospectivo de cohorte que combinó información de distintas bases de datos de Estados Unidos.
Los investigadores utilizaron datos de las bases State Emergency Department Databases y State Inpatient Databases correspondientes a 2019. Estas fuentes incluyeron información de 8 estados de Estados Unidos: Arkansas, Florida, Iowa, Maryland, Nebraska, Nueva York, Vermont y Wisconsin.
Además, se incorporó información del National Emergency Department Inventory–USA de 2019 y de la encuesta National Pediatric Readiness Project, conocida como NPRP, de 2021. El análisis estadístico fue realizado entre mayo de 2024 y enero de 2026.
La sigla NPRP corresponde a National Pediatric Readiness Project, o Proyecto Nacional de Preparación Pediátrica. Esta iniciativa evalúa la preparación de los departamentos de emergencias para atender adecuadamente a pacientes pediátricos.
Qué pacientes fueron incluidos
La investigación incluyó 857.034 visitas pediátricas a departamentos de emergencias, en pacientes de 18 años o menos. Las visitas fueron agrupadas en 3 cohortes clínicas principales:
- Asma.
- Traumatismo de cráneo.
- Traumatismo abdominal.
Para cada una de estas cohortes se evaluó un desenlace específico relacionado con imágenes:
- Radiografía de tórax en pacientes con asma.
- Tomografía computada de cráneo en pacientes con traumatismo craneal.
- Tomografía computada abdominal en pacientes con traumatismo abdominal.
La tomografía computada, abreviada como TC, es un estudio de diagnóstico por imágenes que utiliza rayos X procesados por computadora para obtener imágenes detalladas del interior del cuerpo. En niños, su indicación suele ser especialmente cuidadosa debido a la exposición a radiación ionizante.
Qué se consideró capacidad pediátrica
La capacidad pediátrica de hospitales y departamentos de emergencias fue medida mediante 3 indicadores principales.
El primero fue la presencia de un coordinador de atención pediátrica de emergencias, conocido por la sigla PECC, del inglés Pediatric Emergency Care Coordinator. Este rol está orientado a fortalecer la atención pediátrica en emergencias mediante protocolos, capacitación, organización del equipo y mejora de procesos.
El segundo indicador fue el puntaje de preparación pediátrica según la NPRP. Este puntaje permite estimar si un departamento de emergencias cuenta con recursos, políticas, equipamiento y procesos adecuados para la atención de niños.
El tercer indicador fue la disponibilidad de recursos hospitalarios pediátricos, como internación pediátrica y unidad de cuidados intensivos pediátricos.
Estos elementos fueron considerados importantes porque pueden influir en la forma en que se toman decisiones diagnósticas. Un centro con mayor preparación pediátrica podría aplicar con más seguridad criterios clínicos para evitar estudios innecesarios, observar al paciente cuando corresponde o derivar adecuadamente cuando el cuadro lo requiere.
Características de las cohortes analizadas
La cohorte de asma incluyó 380.719 visitas. La edad media de los pacientes fue de 9,6 años y el 55% fueron varones.
La cohorte de traumatismo de cráneo incluyó 435.644 visitas. La edad media fue de 7,2 años y el 61% fueron varones.
La cohorte de traumatismo abdominal incluyó 40.671 visitas. La edad media fue de 11 años y el 53% fueron varones.
En las 3 cohortes, los pacientes con seguro público representaron la mayoría. Este punto fue relevante porque el estudio evaluó si el tipo de cobertura médica se asociaba con diferencias en el uso de imágenes.
Cuántos estudios por imágenes fueron realizados
En total, se realizó radiografía de tórax en 122.584 de 380.719 pacientes con asma, lo que representó el 32% de esa cohorte.
En los pacientes con traumatismo craneal, se realizó TC de cráneo en 81.791 de 435.466 pacientes, equivalente al 19%.
En los pacientes con traumatismo abdominal, se realizó TC abdominal en 6.838 de 40.671 pacientes, lo que representó el 17%.
La radiografía de tórax fue utilizada en el 32% de las visitas por asma, la TC de cráneo en el 19% de los traumatismos craneales y la TC abdominal en el 17% de los traumatismos abdominales.
Estos datos muestran que el uso de imágenes fue frecuente en las 3 condiciones estudiadas, aunque con variaciones según el diagnóstico y el tipo de estudio solicitado.
Diferencias según tipo de seguro médico
Uno de los principales hallazgos fue que los niños con seguro público tuvieron menor probabilidad ajustada de recibir imágenes que aquellos con seguro privado en las 3 medidas evaluadas.
En pacientes con asma, el AOR fue de 0,85. En traumatismo de cráneo, el AOR fue de 0,77. En traumatismo abdominal, el AOR fue de 0,59.
La sigla AOR corresponde a adjusted odds ratio, que puede traducirse como razón de probabilidades ajustada. Esta medida estadística permite estimar la asociación entre una característica y un desenlace luego de ajustar por otras variables. Un AOR menor a 1 indica una menor probabilidad ajustada del desenlace en comparación con el grupo de referencia.
En este caso, el grupo de referencia fue el de pacientes con seguro privado. Por lo tanto, los resultados indicaron que los niños con seguro público tuvieron menor probabilidad ajustada de recibir radiografía de tórax, TC de cráneo o TC abdominal, según la cohorte clínica analizada.
Este hallazgo no permite concluir por sí solo que todos los estudios no realizados fueran necesarios. Sin embargo, sí señala un patrón de diferencia asociado con el tipo de cobertura médica, un aspecto relevante al analizar equidad en salud.
Diferencias según raza y etnia
El estudio también encontró diferencias según raza y etnia. En comparación con los pacientes blancos no hispanos, los pacientes negros no hispanos tuvieron menor probabilidad de recibir imágenes en las 3 cohortes.
En asma, los pacientes negros no hispanos tuvieron un AOR de 0,83. En traumatismo de cráneo, el AOR fue de 0,77. En traumatismo abdominal, el AOR fue de 0,60.
También fueron observadas diferencias en pacientes hispanos. En comparación con los pacientes blancos no hispanos, los pacientes hispanos tuvieron un AOR de 0,91 en asma, un AOR de 0,85 en traumatismo de cráneo y un AOR de 0,72 en traumatismo abdominal.
Estos resultados muestran que las diferencias no estuvieron asociadas únicamente con el tipo de seguro. También fueron observadas en relación con raza y etnia, lo que refuerza la necesidad de analizar los patrones de atención desde una perspectiva de equidad.
Los pacientes con seguro público, los pacientes negros no hispanos y los pacientes hispanos tuvieron menor probabilidad ajustada de recibir imágenes en comparación con sus respectivos grupos de referencia.
La capacidad pediátrica redujo imágenes, pero no corrigió las brechas
La presencia de capacidad pediátrica se asoció con diferencias en el uso general de imágenes. En particular, fue vinculada con menores tasas de radiografía de tórax en asma y de TC de cráneo.
Este resultado sugiere que los hospitales y departamentos de emergencias con mayor preparación pediátrica podrían estar mejor posicionados para aplicar criterios clínicos más selectivos y evitar estudios innecesarios.
Sin embargo, el hallazgo más importante fue que esa mayor capacidad pediátrica no modificó de manera consistente las diferencias observadas según seguro, raza o etnia.
En otras palabras, la preparación pediátrica pudo asociarse con un menor uso global de imágenes, pero no fue suficiente para eliminar las diferencias entre grupos de pacientes.
Los resultados fueron similares cuando los investigadores analizaron solo a los pacientes dados de alta desde emergencias. Esto refuerza la idea de que las diferencias observadas no se explicaron únicamente por cuadros más graves que requirieran internación.
Calidad asistencial y equidad no siempre avanzan juntas
El estudio plantea una distinción importante entre calidad asistencial y equidad en salud. Un hospital puede mejorar su preparación pediátrica, reducir el uso innecesario de imágenes y optimizar procesos clínicos, pero aun así mantener diferencias en la atención según características sociales o demográficas.
La calidad suele medirse mediante indicadores como seguridad, eficiencia, adherencia a guías clínicas o uso adecuado de recursos. La equidad, en cambio, exige evaluar si esos beneficios alcanzan de manera similar a todos los grupos de pacientes.
En este caso, una mayor capacidad pediátrica fue asociada con cambios en el uso global de imágenes, pero no con una corrección consistente de las diferencias según seguro, raza o etnia.
Por eso, los autores señalaron que los esfuerzos para fortalecer la preparación pediátrica deberían diseñarse no solo para mejorar la calidad, sino también para garantizar mayor equidad en la atención de niños en emergencias.
Qué implican estos resultados para los departamentos de emergencias
Los hallazgos tienen implicancias para hospitales generales, centros pediátricos y sistemas de salud. Muchos niños son atendidos en departamentos de emergencias generales, donde la experiencia y los recursos pediátricos pueden variar considerablemente.
Contar con un coordinador de atención pediátrica de emergencias, protocolos específicos, equipamiento adecuado, personal capacitado y recursos hospitalarios pediátricos puede mejorar la toma de decisiones clínicas.
Sin embargo, el estudio muestra que estas estrategias deben ser acompañadas por intervenciones específicas de equidad. Esto podría incluir auditorías de uso de imágenes estratificadas por tipo de seguro, raza y etnia, capacitación en sesgos implícitos, mejora en la comunicación con las familias y aplicación consistente de criterios clínicos.
También podrían utilizarse herramientas de apoyo a la decisión clínica para reducir la variabilidad en la indicación de imágenes. En traumatismo de cráneo y traumatismo abdominal, estas herramientas pueden ayudar a identificar a los pacientes con mayor riesgo. En asma, los protocolos pueden contribuir a evitar radiografías de tórax en casos típicos y no complicados.
El desafío consiste en lograr un equilibrio: evitar estudios innecesarios, pero asegurar que ningún niño quede subdiagnosticado por factores no clínicos.
Una señal para repensar la preparación pediátrica
La conclusión de los autores fue que una mayor capacidad pediátrica puede reducir el uso global de imágenes, pero no fue suficiente para corregir las diferencias asociadas con características demográficas o tipo de cobertura médica.
Este hallazgo sugiere que la preparación pediátrica debe ser pensada como una estrategia integral. No alcanza con mejorar recursos, procesos y capacitación. También es necesario incorporar objetivos explícitos de equidad.
Para lograr una atención más justa, los sistemas de salud deberían medir no solo cuántos estudios se realizan, sino también quiénes los reciben, en qué contextos y si las diferencias observadas tienen justificación clínica.
En emergencias pediátricas, la toma de decisiones suele ocurrir bajo presión y con información incompleta. Por eso, los protocolos claros, la capacitación continua y el monitoreo de inequidades pueden ser herramientas clave para mejorar la atención.
El estudio deja un mensaje central: la calidad asistencial y la equidad deben ser objetivos complementarios. Reducir el uso innecesario de imágenes es importante, pero también lo es garantizar que las decisiones diagnósticas no estén condicionadas por el seguro médico, la raza o la etnia del paciente.
Conclusión
El estudio publicado en JAMA Network Open mostró que la mayor capacidad pediátrica de hospitales y departamentos de emergencias se asoció con diferencias en el uso general de imágenes, especialmente con menores tasas de radiografía de tórax en asma y TC de cráneo.
Sin embargo, esa capacidad pediátrica no modificó de manera consistente las diferencias observadas según seguro, raza o etnia. Los autores concluyeron que las intervenciones de preparación pediátrica deberían diseñarse no solo para mejorar la calidad asistencial, sino también para garantizar una atención más equitativa en niños y adolescentes.
Referencias
Autor
El equipo de redactores de Sapue realizo esta historia, utilizando herramientas editoriales, de traducción e inteligencia artificial. El proceso de redacción contó con incidencia humana en cada etapa.
