Una revisión de alcance publicada en Annals of Emergency Medicine analizó la evidencia disponible sobre el tamizaje médico de adultos con consultas psiquiátricas en departamentos de emergencias generales. El trabajo advierte que la literatura es amplia, pero heterogénea, predominantemente retrospectiva y con escasa validación prospectiva.
Un desafío clínico frecuente en emergencias
El tamizaje médico de pacientes adultos con consultas psiquiátricas en departamentos de emergencias generales continúa siendo una práctica compleja, variable y muchas veces discutida entre los equipos de emergentología y psiquiatría. Esta evaluación, tradicionalmente conocida como “medical clearance”, tiene como objetivo descartar condiciones médicas agudas que puedan requerir tratamiento urgente o contribuir a la presentación psiquiátrica.
La revisión de alcance “Medical Screening of Adult Psychiatric Patients Presenting to the Emergency Department” analizó la evidencia disponible sobre esta práctica en personas de 18 años o más que consultan por motivos psiquiátricos en emergencias generales. El objetivo fue mapear la literatura existente, identificar los componentes más estudiados del tamizaje médico y evaluar qué prácticas cuentan con mayor o menor respaldo científico.
El concepto de “medical clearance” ha sido cuestionado porque puede sugerir una exclusión absoluta de enfermedad médica, algo que rara vez puede garantizarse en el contexto dinámico de una emergencia.
En la práctica clínica, esta evaluación puede incluir historia clínica, signos vitales, examen físico, pruebas de laboratorio, estudios toxicológicos, imágenes diagnósticas, electrocardiograma y herramientas estructuradas de tamizaje. Sin embargo, la revisión mostró que no todos estos componentes han sido evaluados con la misma profundidad ni tienen el mismo impacto sobre la toma de decisiones.
Cómo fue realizada la revisión de alcance
Los autores buscaron estudios en Medline, PsycInfo, EMBASE y Web of Science desde el inicio de cada base hasta abril de 2025. La estrategia fue complementada con búsqueda de citas y consulta a expertos, con el objetivo de ampliar la identificación de publicaciones relevantes.
Fueron incluidas publicaciones de cualquier diseño que abordaran pacientes de 18 años o más con quejas psiquiátricas en departamentos de emergencias generales. La revisión siguió lineamientos metodológicos para revisiones de alcance y fue reportada según PRISMA-ScR, sigla de Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses extension for Scoping Reviews, es decir, la extensión para revisiones de alcance de los elementos preferidos de reporte para revisiones sistemáticas y metaanálisis.
De 9.128 registros evaluados, 145 publicaciones cumplieron los criterios de inclusión. Entre ellas, se identificaron 62 artículos originales, 74 publicaciones no originales y 9 recomendaciones de sociedades científicas. Los estudios originales fueron publicados entre 1983 y 2025 e incluyeron 34.836 pacientes y 1.149 profesionales de la salud.
La mayor parte de la evidencia provino de Estados Unidos: 45 de los 62 estudios originales fueron realizados en ese país. Solo 3 estudios se desarrollaron en países no considerados de altos ingresos, todos en Sudáfrica. Esta concentración geográfica limita la generalización global de los hallazgos, ya que los sistemas de salud, los recursos diagnósticos y la disponibilidad de atención psiquiátrica varían de manera significativa entre regiones.
Una evidencia predominantemente retrospectiva
El diseño predominante fue retrospectivo: 37 de 62 estudios originales, equivalentes al 59,7%, tuvieron ese enfoque. Solo 9 estudios, es decir el 14,5%, fueron prospectivos. Este punto fue destacado como una limitación central, debido a que los estudios retrospectivos dependen de registros clínicos ya existentes, que pueden ser incompletos o reflejar prácticas institucionales específicas.
La escasa proporción de estudios prospectivos dificulta establecer con precisión qué elementos del tamizaje médico permiten identificar condiciones médicas emergentes, qué pruebas modifican la conducta clínica y qué componentes podrían ser evitados de manera segura en pacientes seleccionados.
La revisión concluyó que existe una literatura amplia sobre el tema, pero que la calidad y el diseño de los estudios todavía limitan la posibilidad de definir prácticas universales.
Además, los estudios incluidos utilizaron definiciones variables sobre qué debía considerarse una condición médica relevante, qué representaba un cambio en el manejo clínico y qué desenlaces debían medirse. Esta heterogeneidad metodológica impide comparar de manera directa todos los resultados y limita la construcción de recomendaciones sólidas.
Ocho áreas principales de evaluación
El análisis temático permitió identificar 8 áreas principales de práctica dentro del tamizaje médico. La más frecuente fue laboratorio, presente en 39 estudios, equivalentes al 62,9%. Luego se ubicaron historia clínica en 22 estudios, 35,5%; signos vitales en 21, 33,9%; examen físico en 19, 30,6%; imágenes diagnósticas en 13, 21,0%; herramientas de tamizaje médico en 10, 16,1%; electrocardiograma en 9, 14,5%; y factores del sistema en 8, 12,9%.
Esta distribución muestra que la literatura se ha concentrado especialmente en las pruebas de laboratorio, aunque las recomendaciones de sociedades científicas tienden a ubicar a la historia clínica, los signos vitales y el examen físico como los pilares de una evaluación segura y eficiente.
La diferencia entre lo más estudiado y lo más recomendado plantea una tensión relevante para la práctica diaria. En muchos departamentos de emergencias, los estudios de laboratorio se solicitan como parte de paneles rutinarios antes de la evaluación psiquiátrica o la transferencia a un dispositivo especializado. Sin embargo, la revisión sugiere que esa práctica no siempre se traduce en cambios significativos en el manejo clínico.
El laboratorio fue lo más estudiado, pero con rendimiento limitado
La evidencia más abundante se concentró en las pruebas de laboratorio. Dentro de esta área, el screening toxicológico en orina fue la prueba más analizada, con presencia en 21 estudios, equivalente al 53,8% de los trabajos clasificados dentro del tema laboratorio.
El interés por el screening toxicológico se explica por la posibilidad de que intoxicaciones, consumo de sustancias o síndromes de abstinencia se presenten con síntomas psiquiátricos, alteraciones conductuales, agitación, confusión o cambios del estado mental. Sin embargo, varios estudios retrospectivos y prospectivos mostraron que estos análisis no modificaron el manejo ni la disposición en emergencias.
Este hallazgo resulta importante porque una prueba positiva no siempre implica intoxicación activa ni necesariamente explica la presentación clínica.
Además, los paneles toxicológicos pueden tener limitaciones técnicas, no detectar todas las sustancias y ofrecer resultados que deben ser interpretados en contexto.
También se reportaron bajos rendimientos para pruebas rutinarias de salicilato, acetaminofén, embarazo y alcohol, sin cambios relevantes en la conducta clínica en la mayoría de los casos. Esto no significa que dichas pruebas carezcan de valor en todos los escenarios, sino que su solicitud debería estar guiada por hallazgos clínicos, antecedentes, riesgo de intoxicación, intento de autolesión, posibilidad de embarazo o sospecha específica.
El problema no parece estar en el uso de estudios complementarios cuando están indicados, sino en su aplicación rutinaria a todos los pacientes sin estratificación clínica.
La revisión sugiere que los laboratorios deberían ser solicitados de manera selectiva, en función de la historia clínica, los signos vitales, el examen físico, la edad, las comorbilidades, la presentación atípica o el riesgo toxicológico. De esta manera, se podría preservar la seguridad sin generar demoras innecesarias ni sobrecargar los servicios de emergencias.
Historia clínica, signos vitales y examen físico como ejes
Las recomendaciones de sociedades científicas coincidieron en desalentar el uso rutinario de laboratorios en todos los pacientes psiquiátricos. En general, propusieron que la evaluación médica sea guiada por historia clínica, signos vitales y examen físico.
La historia clínica fue abordada en 22 estudios, equivalentes al 35,5%. En pacientes con síntomas psiquiátricos, esta herramienta puede permitir detectar antecedentes médicos relevantes, uso de medicamentos, consumo de sustancias, cambios recientes en tratamientos, fiebre, traumatismos, convulsiones, dolor, embarazo, enfermedades crónicas o síntomas de instalación reciente.
Los signos vitales fueron analizados en 21 estudios, es decir el 33,9%. Los trabajos mostraron una gran variabilidad en la documentación. En una encuesta, la presión arterial y el pulso se medían de rutina en el 97,3% de los departamentos de emergencias, mientras que la oximetría se registraba en el 62,2%.
En estudios retrospectivos, la documentación completa de signos vitales fue de 68,8% y 51,9%. Algunas alteraciones, como frecuencia cardíaca anormal o temperatura elevada, se asociaron con mayor probabilidad de condiciones médicas emergentes.
El examen físico fue identificado en 19 estudios, equivalentes al 30,6%. Aunque su alcance puede variar según la situación clínica y el nivel de cooperación del paciente, una evaluación dirigida puede revelar signos neurológicos focales, traumatismos, lesiones cutáneas, dificultad respiratoria, alteración del nivel de conciencia, deshidratación o datos compatibles con intoxicación.
La evaluación clínica inicial fue presentada como el eje que permite decidir qué pruebas complementarias son pertinentes y cuáles podrían evitarse.
En conjunto, estos hallazgos respaldan una aproximación centrada en la estratificación del riesgo. Los pacientes con presentación típica, antecedentes psiquiátricos conocidos, signos vitales normales y examen físico sin hallazgos podrían no requerir paneles rutinarios de estudios. En cambio, las presentaciones nuevas, atípicas o acompañadas por alteraciones clínicas deberían motivar una evaluación más amplia.
Imágenes, electrocardiograma y herramientas de tamizaje
Las imágenes diagnósticas fueron evaluadas en 13 estudios, equivalentes al 21,0%. Su uso no fue presentado como una práctica rutinaria para todos los pacientes psiquiátricos, sino como una herramienta potencialmente útil en escenarios específicos, como traumatismo, síntomas neurológicos focales, convulsiones, alteración del estado mental, cefalea de inicio reciente o presentación atípica.
El electrocardiograma, también llamado ECG, fue analizado en 9 estudios, equivalentes al 14,5%. ECG significa electrocardiograma. Su utilidad puede ser relevante ante sospecha de intoxicación, sobredosis, consumo de sustancias estimulantes, dolor torácico, síncope, uso de psicofármacos con impacto cardíaco o alteraciones electrolíticas.
Las herramientas estructuradas de tamizaje médico fueron identificadas en 10 estudios, equivalentes al 16,1%. Estas herramientas buscan estandarizar la evaluación, reducir la variabilidad entre profesionales y orientar la solicitud de estudios complementarios.
Sin embargo, la revisión señaló que existe poca evaluación prospectiva de la precisión diagnóstica de estas herramientas. Para que puedan ser incorporadas con confianza, deberían demostrar que identifican adecuadamente condiciones médicas emergentes, reducen estudios innecesarios y no aumentan el riesgo para los pacientes.
Recomendaciones científicas con limitaciones metodológicas
Las 9 recomendaciones de sociedades científicas incluidas en la revisión coincidieron en desalentar los laboratorios rutinarios para todos los pacientes psiquiátricos en emergencias. En general, propusieron una evaluación guiada por historia clínica, signos vitales y examen físico, además de una mayor colaboración entre emergentología y psiquiatría.
No obstante, ninguna recomendación cumplió plenamente con los estándares de la National Academy of Medicine, es decir, la Academia Nacional de Medicina de Estados Unidos, ni con la metodología GRADE. GRADE significa Grading of Recommendations Assessment, Development and Evaluation, traducido como clasificación de la evaluación, desarrollo y valoración de recomendaciones.
Este hallazgo no implica que las recomendaciones carezcan de valor, pero sí indica que deben interpretarse con cautela. En áreas donde la evidencia es incompleta, las guías pueden orientar la práctica, aunque su implementación debería acompañarse de juicio clínico, revisión institucional y monitoreo de resultados.
La colaboración entre emergentología y psiquiatría fue señalada como un componente necesario para construir protocolos seguros, eficientes y centrados en el paciente.
La revisión también permite reconocer que los protocolos no deberían ser diseñados como barreras administrativas para la atención psiquiátrica. Su objetivo debería ser identificar condiciones médicas relevantes, evitar omisiones diagnósticas y facilitar derivaciones oportunas cuando el paciente se encuentra clínicamente estable.
Factores del sistema y demoras asistenciales
Los factores del sistema fueron identificados en 8 estudios, equivalentes al 12,9%. Aunque esta fue una de las áreas menos estudiadas, su impacto en la práctica puede ser considerable. El tamizaje médico se realiza en departamentos de emergencias que con frecuencia enfrentan hacinamiento, demoras, presión asistencial y disponibilidad limitada de camas psiquiátricas.
En algunos sistemas, determinadas pruebas son exigidas antes de que un paciente sea aceptado por un servicio de salud mental o trasladado a una institución especializada. Cuando estos requisitos no están basados en la situación clínica individual, pueden prolongar innecesariamente la estadía en emergencias.
Estas demoras pueden aumentar la sobrecarga del servicio, retrasar la atención psiquiátrica, incrementar la necesidad de vigilancia y empeorar la experiencia del paciente.
A la vez, una evaluación médica insuficiente también puede generar riesgos, especialmente en pacientes con síntomas nuevos, signos vitales alterados o condiciones médicas no reconocidas.
Por eso, la revisión sugiere que el equilibrio entre seguridad y eficiencia debe ser alcanzado mediante una evaluación proporcional al riesgo. La edad, la presentación clínica, los antecedentes, los signos vitales, el examen físico y la sospecha de intoxicación deberían ser integrados antes de decidir qué estudios se necesitan.
Qué implica para la práctica clínica
La conclusión central es que, aunque existe una literatura amplia sobre tamizaje médico en adultos con consultas psiquiátricas en emergencias, la evidencia sigue siendo heterogénea, predominantemente retrospectiva y con escasa evaluación prospectiva de la precisión diagnóstica.
Los autores sostienen que se necesitan estudios prospectivos de alta calidad para definir qué componentes del tamizaje médico son realmente útiles, seguros y eficientes. Estos estudios deberían evaluar no solo la detección de resultados anormales, sino también si esos hallazgos modifican la conducta clínica, reducen riesgos, acortan demoras y mejoran desenlaces relevantes.
Para la práctica cotidiana, el mensaje principal es que el tamizaje médico no debería reducirse a una batería fija de estudios complementarios. La evaluación debería comenzar por una historia clínica adecuada, signos vitales completos y examen físico dirigido. A partir de esos datos, podrían seleccionarse laboratorios, imágenes, electrocardiograma u otras pruebas cuando estén clínicamente justificadas.
Este enfoque permitiría evitar tanto la omisión de enfermedades médicas relevantes como el uso indiscriminado de recursos diagnósticos de bajo rendimiento. También podría contribuir a reducir demoras, mejorar la coordinación entre servicios y ofrecer una atención más adecuada a una población frecuentemente vulnerable.
El tamizaje médico debe ser entendido como una evaluación clínica orientada por riesgo, no como una lista uniforme de estudios obligatorios para todos los pacientes.
En definitiva, la revisión refuerza la necesidad de abandonar una visión burocrática del “medical clearance” y avanzar hacia un modelo más clínico, colaborativo y basado en evidencia. En pacientes adultos con presentaciones psiquiátricas en emergencias, la seguridad no depende de hacer más pruebas a todos, sino de identificar mejor quién necesita una evaluación ampliada y quién puede ser derivado sin demoras innecesarias.
Referencias
Autor
El equipo de redactores de Sapue realizo esta historia, utilizando herramientas editoriales, de traducción e inteligencia artificial. El proceso de redacción contó con incidencia humana en cada etapa.
