Un estudio de Nebraska Medicine publicado en JAMA Network Open comparó el uso real de dalbavancina con el ensayo DOTS y mostró resultados favorables en pacientes con bacteriemia por Staphylococcus aureus, pese a mayor vulnerabilidad social.
Uso real de dalbavancina frente a los ensayos clínicos
La dalbavancina fue evaluada en un nuevo estudio publicado en JAMA Network Open el 3 de junio de 2026, bajo el título “Practical vs Recent Clinical Trial Use of Dalbavancin”. La investigación comparó a pacientes tratados con este antibiótico en la práctica clínica con los participantes del ensayo DOTS, sigla de Dalbavancin as an Option for Treatment of Staphylococcus aureus Bacteremia, es decir, Dalbavancina como opción para el tratamiento de la bacteriemia por Staphylococcus aureus.
El estudio buscó responder una pregunta central: si los pacientes tratados con dalbavancina en la vida real se parecen a los incluidos en el ensayo clínico DOTS.
La pregunta resulta relevante porque las poblaciones incluidas en los ensayos clínicos suelen diferir de los pacientes atendidos en la práctica diaria. En muchos estudios, los criterios de inclusión y exclusión, el seguimiento protocolizado y la selección de participantes pueden dejar fuera a personas con barreras sociales, dificultades de adherencia, consumo activo de sustancias, inestabilidad habitacional o problemas para completar tratamientos intravenosos prolongados.
La comparación permitió observar una brecha habitual entre la evidencia generada en ensayos clínicos y los desafíos de la atención cotidiana.
La dalbavancina es un lipoglucopéptido intravenoso de acción prolongada aprobado para infecciones bacterianas agudas de piel y estructuras cutáneas causadas por microorganismos grampositivos. Sin embargo, su uso se ha extendido de manera creciente fuera de indicación para el tratamiento de bacteriemias, especialmente en contextos en los que completar una terapia intravenosa estándar puede ser difícil.
Su acción prolongada permite esquemas con menos dosis, un atributo especialmente valorado cuando existen barreras para sostener tratamientos intravenosos convencionales.
El ensayo DOTS había mostrado que la dalbavancina fue no inferior a los antibióticos intravenosos estándar en pacientes con bacteriemia complicada por Staphylococcus aureus. A partir de ese antecedente, el nuevo trabajo buscó analizar cómo se comparaban los pacientes que recibieron dalbavancina en la práctica real después de la depuración de la bacteriemia con aquellos incluidos en el ensayo.
El trabajo no buscó reemplazar al ensayo DOTS, sino observar qué ocurría cuando el medicamento era utilizado en condiciones clínicas habituales.
Qué es la bacteriemia por Staphylococcus aureus
La bacteriemia por Staphylococcus aureus es una infección grave del torrente sanguíneo causada por una bacteria capaz de producir cuadros complejos, recaídas, focos profundos de infección y complicaciones cardíacas, osteoarticulares, pulmonares o asociadas a dispositivos intravasculares. Por ese motivo, el tratamiento suele requerir antibióticos intravenosos durante períodos prolongados y un seguimiento estrecho.
La bacteriemia por Staphylococcus aureus representa uno de los cuadros infecciosos que exige mayor precisión en el tratamiento y en el seguimiento clínico.
En la práctica clínica, completar estos esquemas puede ser especialmente difícil cuando existen barreras sociales, consumo activo de sustancias, dificultades de acceso al sistema de salud, ausencia de vivienda estable o imposibilidad de sostener una vía intravenosa ambulatoria. En ese contexto, un antibiótico de acción prolongada puede ser considerado como una alternativa para facilitar la continuidad del tratamiento.
Las barreras sociales no solo condicionan el acceso al tratamiento, sino también la posibilidad de completar los esquemas indicados.
La dalbavancina tiene una vida media prolongada, lo que permite administrar esquemas con menos dosis que los tratamientos intravenosos convencionales. Esta característica ha impulsado su evaluación más allá de su indicación aprobada, aunque el uso fuera de indicación exige interpretar cuidadosamente la evidencia disponible y las características de cada paciente.
La ventaja práctica de la dalbavancina se vincula con su duración de acción, pero su uso en bacteriemia requiere criterios clínicos estrictos.
El estudio publicado en JAMA Network Open se concentró precisamente en ese punto: describir qué tipo de pacientes estaban recibiendo dalbavancina en la práctica real, qué diferencias existían respecto del ensayo DOTS y cuáles fueron los desenlaces observados hasta el día 70.
Cómo fue diseñado el estudio en Nebraska Medicine
La investigación fue realizada como un estudio retrospectivo de mejora de calidad en Nebraska Medicine. Fueron evaluados adultos tratados entre el 1 de enero de 2019 y el 31 de diciembre de 2024 que recibieron al menos 2 dosis de dalbavancina después de la depuración de la bacteriemia y que cumplían retrospectivamente los criterios del ensayo DOTS.
El análisis se centró en pacientes tratados en la práctica asistencial, no en una cohorte prospectiva diseñada desde el inicio para investigación clínica.
El período analizado resulta importante para interpretar los hallazgos. Nebraska Medicine participó en el ensayo DOTS entre abril de 2021 y diciembre de 2023, pero 6 pacientes enrolados en ese ensayo fueron excluidos del análisis clínico retrospectivo. Además, el período 2019-2024 fue previo a la publicación de DOTS en 2025, por lo que las diferencias observadas probablemente reflejan patrones de prescripción anteriores a la difusión de los resultados del ensayo.
Los patrones observados corresponden a un período previo a la publicación de DOTS, por lo que no deben interpretarse como implementación directa de sus resultados.
La cohorte clínica incluyó 31 pacientes, que fueron comparados con 200 participantes del ensayo DOTS. Esta diferencia de tamaño entre los grupos es una de las razones por las cuales los autores interpretaron los resultados de manera descriptiva y con cautela.
En el centro evaluado, el uso de dalbavancina fue guiado por consulta con especialistas en enfermedades infecciosas y tendió a reservarse para pacientes con barreras para completar una terapia intravenosa prolongada. Entre esas barreras fueron consideradas la vivienda inestable, el consumo de sustancias o la imposibilidad de finalizar un tratamiento ambulatorio intravenoso.
La decisión de indicar dalbavancina estuvo atravesada por variables clínicas, sociales, logísticas y administrativas.
También fueron considerados factores administrativos y económicos, como la aprobación del seguro y el costo del medicamento. Estos elementos muestran que la decisión de indicar dalbavancina en la práctica real no depende solo de la microbiología o de la infección, sino también de condiciones sociales, logísticas y del sistema de salud.
Características de los pacientes incluidos
Los pacientes tratados con dalbavancina en la práctica clínica fueron más jóvenes que los participantes del ensayo DOTS. La edad media fue de 44,9 años en la cohorte clínica frente a 56,8 años en DOTS. Esta diferencia sugiere que el uso real del fármaco pudo haberse concentrado en un perfil de pacientes distinto al de la población del ensayo.
La edad promedio fue más baja en la cohorte clínica, aunque el perfil infeccioso y social resultó más complejo.
Ambos grupos fueron predominantemente masculinos. En la cohorte clínica, 21 pacientes, equivalentes al 68%, eran varones. En DOTS, 138 participantes, equivalentes al 69%, eran varones. Por lo tanto, la distribución por sexo fue similar entre ambas poblaciones.
En la cohorte clínica, 23 pacientes, equivalentes al 74%, eran blancos; 3, equivalentes al 10%, eran negros; 1, equivalente al 3%, era indígena americano o nativo de Alaska; y 4, equivalentes al 13%, eran hispanos o latinos. Además, 29 pacientes, equivalentes al 94%, hablaban inglés como idioma principal.
La distribución por sexo fue similar, pero las diferencias sociales y clínicas fueron más marcadas entre ambas cohortes.
Las diferencias más marcadas no estuvieron solo en la edad o en las características demográficas generales, sino en las condiciones sociales. El estudio mostró que los pacientes tratados con dalbavancina en la práctica clínica presentaban indicadores de mayor vulnerabilidad que los participantes del ensayo clínico, aunque DOTS no reportó varias de estas métricas sociales.
Vulnerabilidad social y barreras para el tratamiento intravenoso
El uso clínico de dalbavancina estuvo asociado con una mayor carga de vulnerabilidad social. En la cohorte de práctica real, 6 pacientes, equivalentes al 19%, no tenían vivienda. Además, 9 pacientes, equivalentes al 29%, reportaron uso de drogas inyectables, y 17, equivalentes al 55%, tenían uso activo de sustancias.
Más de la mitad de los pacientes de la cohorte clínica presentaba uso activo de sustancias.
La cobertura de salud también mostró una distribución heterogénea. En la cohorte clínica, 11 pacientes, equivalentes al 36%, tenían Medicaid; 7, equivalentes al 23%, Medicare; 4, equivalentes al 13%, seguro privado; y 9, equivalentes al 29%, no tenían seguro o pagaban por cuenta propia.
La ausencia de seguro o el pago por cuenta propia fueron registrados en el 29% de la cohorte clínica.
Estos datos ayudan a explicar por qué la dalbavancina pudo haber sido seleccionada en la práctica real. En pacientes con inestabilidad habitacional, consumo activo de sustancias o dificultades de acceso, los tratamientos intravenosos convencionales pueden presentar obstáculos importantes, como la necesidad de una vía prolongada, controles frecuentes, asistencia regular a centros de salud o coordinación de terapia ambulatoria.
DOTS no reportó varias métricas sociales, por lo que la comparación completa de vulnerabilidad entre ambas poblaciones no fue posible.
La elección de dalbavancina en estos contextos no debe ser interpretada solo como una decisión farmacológica. También puede reflejar una estrategia para adaptar el tratamiento a condiciones reales de adherencia, seguimiento y acceso. Sin embargo, esa misma realidad introduce desafíos para medir con precisión los desenlaces, especialmente cuando existe una mayor pérdida de seguimiento.
Comorbilidades, resistencia bacteriana e infecciones asociadas
Las comorbilidades también difirieron entre la cohorte clínica y el ensayo DOTS. La diabetes fue menos frecuente en la práctica real, con 29%, frente a 46% en DOTS. La inmunosupresión también fue menos frecuente, con 23% frente a 31%. En cambio, la enfermedad hepática fue más común en la cohorte clínica, con 36% frente a 11%.
La enfermedad hepática fue más de tres veces más frecuente en la cohorte clínica que en DOTS.
La bacteriemia por Staphylococcus aureus resistente a meticilina fue más frecuente en los pacientes tratados con dalbavancina en la práctica clínica. Esta condición fue registrada en 45% de la cohorte clínica frente a 33% en DOTS. La presencia de resistencia a meticilina puede influir en la selección antibiótica y en la complejidad del manejo clínico.
La resistencia a meticilina fue registrada en el 45% de los pacientes tratados en la práctica real.
También fueron observadas diferencias importantes en el origen de las infecciones. La endocarditis derecha fue más común en la práctica real, con 29% frente a 5% en DOTS. Esta diferencia es clínicamente relevante porque la endocarditis derecha puede estar asociada con bacteriemia persistente, consumo de drogas inyectables y necesidad de tratamientos prolongados.
La endocarditis derecha fue casi seis veces más frecuente en la cohorte clínica que en el ensayo DOTS.
En cambio, algunas fuentes infecciosas fueron más frecuentes en DOTS. Las infecciones de tejidos blandos fueron registradas en 35% de los participantes de DOTS frente a 13% en la cohorte clínica. La artritis séptica ocurrió en 13% de DOTS y en 0% de la cohorte clínica. La neumonía o el empiema fueron observados en 8% de DOTS frente a 3% en la práctica real.
Estas diferencias sugieren que la cohorte clínica no solo presentaba más vulnerabilidad social, sino también un perfil infeccioso distinto, con mayor peso de la endocarditis derecha y de la bacteriemia por Staphylococcus aureus resistente a meticilina. Esto vuelve especialmente importante interpretar los desenlaces a la luz de la complejidad basal de los pacientes.
Duración de la bacteriemia y complejidad clínica
La duración de la bacteriemia fue otra diferencia central entre los grupos. En el ensayo DOTS, 71% de los participantes tuvo bacteriemia menor a 2 días. En la cohorte clínica, esa proporción fue de solo 16%. Esta diferencia indica que los pacientes tratados en la práctica real tuvieron, con mayor frecuencia, bacteriemias más prolongadas.
Solo el 16% de los pacientes de la cohorte clínica tuvo bacteriemia menor a 2 días.
En la cohorte clínica, 68% de los pacientes tuvo bacteriemia de 2 a 4 días, frente a 24% en DOTS. Además, 16% de los pacientes clínicos tuvo bacteriemia durante más de 4 días, frente a 6% en el ensayo DOTS.
La bacteriemia prolongada fue claramente más frecuente en la práctica real que en el ensayo clínico.
La duración de la bacteriemia es un marcador importante de complejidad. Cuando la infección persiste durante varios días, puede reflejar una mayor carga bacteriana, focos difíciles de controlar, endocarditis, resistencia bacteriana, demora en el control de la fuente o comorbilidades que dificultan la resolución del cuadro.
Por eso, los resultados favorables observados en la cohorte clínica deben ser leídos en contexto. No se trató de una población más simple que la del ensayo DOTS. Por el contrario, fue una cohorte más joven, pero con mayor vulnerabilidad social, mayor frecuencia de uso de sustancias, más endocarditis derecha, más enfermedad hepática, más Staphylococcus aureus resistente a meticilina y bacteriemias más prolongadas.
La cohorte real combinó menor edad promedio con mayor complejidad social, infecciosa y de seguimiento.
Resultados al día 70 y pérdida de seguimiento
El desenlace primario del estudio fue el éxito clínico al día 70. En la cohorte clínica, este desenlace fue alcanzado por 20 pacientes, equivalentes al 65%. En el ensayo DOTS, el éxito clínico al día 70 fue observado en 80 pacientes, equivalentes al 80%.
El éxito clínico al día 70 fue menor en la práctica real, pero la interpretación fue condicionada por la pérdida de seguimiento.
La diferencia en el éxito clínico estuvo influida por una mayor pérdida de seguimiento en la práctica real. En la cohorte clínica, 9 pacientes, equivalentes al 29%, se perdieron durante el seguimiento. En DOTS, esta situación ocurrió en 11 pacientes, equivalentes al 11%.
La pérdida de seguimiento fue casi tres veces mayor en la práctica real que en el ensayo DOTS.
Este punto es clave porque no todas las diferencias en éxito clínico implican necesariamente mayor fracaso terapéutico. En estudios retrospectivos y en poblaciones con barreras sociales, la falta de seguimiento puede impedir confirmar la evolución del paciente, aun cuando no haya evidencia documentada de falla clínica.
De hecho, las fallas clínicas documentadas fueron bajas en ambos grupos. En la cohorte clínica, la falla clínica fue registrada en 1 paciente, equivalente al 3%. En DOTS, fue observada en 5 pacientes, equivalentes al 5%.
La falla clínica documentada fue baja y comparable entre ambos grupos.
No fueron registradas muertes ni eventos adversos en la cohorte clínica. Además, 29 pacientes, equivalentes al 94%, completaron el esquema previsto de dalbavancina. Este dato es relevante porque muestra una alta finalización del régimen indicado en una población con múltiples barreras potenciales para completar tratamientos intravenosos prolongados.
El 94% de los pacientes de la cohorte clínica completó el esquema previsto de dalbavancina.
Qué significan los hallazgos para la práctica clínica
Los hallazgos sugieren que la dalbavancina puede tener un papel práctico en pacientes seleccionados con bacteriemia por Staphylococcus aureus, especialmente cuando existen obstáculos para completar una terapia intravenosa estándar. Sin embargo, el estudio no debe ser interpretado como una indicación generalizada ni como una sustitución automática de los esquemas convencionales.
La dalbavancina aparece como una opción posible en pacientes seleccionados, no como reemplazo universal de los tratamientos intravenosos estándar.
La baja tasa de falla clínica documentada resulta alentadora, particularmente porque la cohorte de práctica real tenía características que podrían anticipar mayor complejidad. Entre ellas se incluyeron mayor vulnerabilidad social, más uso activo de sustancias, mayor frecuencia de endocarditis derecha y bacteriemias más prolongadas.
Los resultados fueron favorables, pero deben ser interpretados con cautela por el diseño retrospectivo y el tamaño reducido de la muestra.
El estudio también muestra el valor de analizar la efectividad de los tratamientos fuera del entorno de los ensayos clínicos. Los ensayos aportan evidencia controlada y rigurosa, pero la práctica diaria expone a los tratamientos a escenarios más heterogéneos, con pacientes que muchas veces presentan barreras sociales o clínicas poco representadas en investigaciones aleatorizadas.
En ese sentido, la comparación con DOTS permite observar una brecha importante entre investigación y práctica real. Mientras el ensayo clínico ofreció una base de evidencia sobre no inferioridad frente a antibióticos intravenosos estándar, la cohorte de Nebraska Medicine mostró que el medicamento estaba siendo usado en pacientes con perfiles sociales y clínicos más complejos.
Limitaciones y cautela en la interpretación
Los autores remarcaron varias limitaciones importantes. En primer lugar, el estudio tuvo un diseño retrospectivo, lo que limita la capacidad de controlar sesgos y establecer comparaciones causales. En segundo lugar, la muestra fue pequeña, con solo 31 pacientes en la cohorte clínica.
El tamaño reducido de la cohorte clínica impide generalizar los hallazgos sin estudios adicionales.
También fue señalada la imposibilidad de identificar a todos los pacientes elegibles. Al no contar con un registro prospectivo completo de pacientes evaluados, incluidos y excluidos, no fue posible caracterizar de manera plena a quienes pudieron haber sido candidatos a dalbavancina pero no la recibieron.
La falta de identificación completa de pacientes elegibles limita la interpretación de los patrones reales de prescripción.
El sesgo de selección fue otra limitación relevante. La dalbavancina pudo haber sido indicada preferentemente en pacientes con barreras específicas para la terapia intravenosa prolongada, lo que significa que la cohorte clínica no representa necesariamente a todos los pacientes con bacteriemia por Staphylococcus aureus.
La pérdida sustancial de seguimiento también condiciona la interpretación del éxito clínico. En una población con alta vulnerabilidad social, el seguimiento incompleto puede subestimar o sobrestimar determinados desenlaces. Por eso, la baja tasa de falla clínica documentada debe ser valorada junto con el 29% de pérdida de seguimiento en la cohorte clínica.
El seguimiento incompleto fue una de las principales limitaciones para medir con precisión el éxito clínico al día 70.
Además, el período 2019-2024 fue anterior a la publicación de DOTS en 2025. Por lo tanto, las diferencias entre la cohorte clínica y el ensayo probablemente reflejan patrones de prescripción previos al ensayo, y no una implementación posterior de sus resultados en la práctica asistencial.
Conclusión
El estudio mostró que la dalbavancina fue utilizada en pacientes más vulnerables y clínicamente complejos que los del ensayo DOTS. Aunque el éxito clínico al día 70 fue menor en la práctica real, la falla documentada fue baja, no hubo muertes ni eventos adversos y 94% completó el esquema previsto.
Referencias
Autor
El equipo de redactores de Sapue realizo esta historia, utilizando herramientas editoriales, de traducción e inteligencia artificial. El proceso de redacción contó con incidencia humana en cada etapa.
