Un estudio publicado en BMC Emergency Medicine evaluó si biomarcadores inflamatorios simples pueden ayudar a diferenciar la miocarditis aislada de los síndromes perimiocárdicos en niños y adolescentes atendidos en emergencias pediátricas.
Un desafío frecuente en la atención pediátrica de emergencia
La diferenciación entre miocarditis aislada y síndromes perimiocárdicos representa un desafío clínico relevante en la atención pediátrica de emergencia. Aunque se trata de entidades distintas, sus manifestaciones iniciales pueden superponerse y dificultar la toma de decisiones en el primer contacto asistencial.
En niños y adolescentes, síntomas como dolor torácico, palpitaciones, malestar general o signos inespecíficos pueden ser observados tanto en la miocarditis como en cuadros que comprometen el pericardio y el miocardio en diferente proporción. Esta superposición clínica puede ser especialmente problemática en presentaciones no fulminantes, en las que el deterioro hemodinámico no siempre está presente desde el inicio.
El estudio publicado en BMC Emergency Medicine
En ese contexto, fue desarrollado el estudio “Distinguishing myocarditis from perimyocardial syndromes in children presenting to the emergency department: a biomarker-based approach”, publicado en BMC Emergency Medicine el 11 de mayo de 2026.
La investigación evaluó el valor diagnóstico de biomarcadores inflamatorios para distinguir la miocarditis aislada de los síndromes perimiocárdicos en pacientes pediátricos atendidos en el departamento de emergencias.
El interés del trabajo se centró en la posibilidad de utilizar marcadores simples, accesibles y obtenidos a partir de estudios de laboratorio habituales. Esta aproximación puede resultar útil en escenarios donde la rapidez del diagnóstico inicial condiciona el triage, la necesidad de observación, la solicitud de estudios complementarios y la derivación a equipos especializados.
Por qué diferenciar miocarditis de síndromes perimiocárdicos
La distinción no es menor. La miocarditis implica inflamación del músculo cardíaco, mientras que los síndromes perimiocárdicos incluyen distintos grados de compromiso del pericardio y del miocardio. Aunque pueden compartir síntomas, evolución y hallazgos iniciales, el enfoque clínico puede variar según el predominio de uno u otro componente.
Por eso, la búsqueda de herramientas que permitan orientar tempranamente el diagnóstico resulta de especial interés para los equipos de emergencia pediátrica. En el estudio, los autores evaluaron si biomarcadores inflamatorios como el Systemic Immune-Inflammation Index (SII) —índice de inmunoinflamación sistémica—, el WBC —recuento de glóbulos blancos— y el ANC —recuento absoluto de neutrófilos— podían contribuir a esa diferenciación.
Qué se entiende por miocarditis
La miocarditis es una inflamación del miocardio, es decir, del músculo cardíaco. En la población pediátrica, puede presentarse con un espectro clínico amplio: desde cuadros leves con dolor torácico hasta formas graves con insuficiencia cardíaca, arritmias o shock.
Sin embargo, no todos los casos se manifiestan de manera fulminante. Esta característica puede dificultar su reconocimiento temprano, sobre todo cuando el niño o adolescente se presenta con síntomas poco específicos o con manifestaciones similares a otras enfermedades cardiovasculares o inflamatorias.
Qué son los síndromes perimiocárdicos
Los síndromes perimiocárdicos agrupan cuadros en los que existe compromiso inflamatorio del pericardio, del miocardio o de ambos, con diferente predominio clínico. En el estudio fueron incluidos pacientes con miopericarditis, perimiocarditis y pericarditis aguda, además de aquellos con miocarditis aislada.
La pericarditis aguda corresponde a la inflamación del pericardio, la membrana que rodea al corazón. La miopericarditis suele implicar un cuadro con predominio pericárdico y evidencia de compromiso miocárdico. La perimiocarditis, en cambio, puede interpretarse como un cuadro con mayor participación del miocardio, acompañado de inflamación pericárdica.
Un problema diagnóstico en los casos no fulminantes
Estas categorías pueden resultar complejas, incluso para el equipo clínico, porque los síntomas pueden ser similares y los hallazgos iniciales no siempre permiten una clasificación inmediata.
En la práctica de emergencia, esa incertidumbre puede generar dudas sobre el nivel de riesgo, la necesidad de internación, el tipo de monitoreo requerido y la oportunidad de realizar estudios avanzados.
El estudio partió precisamente de esa dificultad: la miocarditis y los síndromes perimiocárdicos pueden tener una presentación superpuesta, pero requieren abordajes diagnósticos y decisiones clínicas diferentes. Esta distinción fue considerada especialmente compleja en los casos no fulminantes, en los que no se observa un deterioro cardiovascular evidente desde el comienzo.
Biomarcadores como apoyo a la evaluación inicial
En ese marco, los biomarcadores inflamatorios fueron evaluados como herramientas complementarias. No fueron presentados como sustitutos de la evaluación clínica, el electrocardiograma (ECG) o el ecocardiograma (Echo), sino como posibles indicadores útiles para orientar la sospecha diagnóstica en las primeras horas de atención.
El valor de estos marcadores radica en que pueden obtenerse a partir de análisis habituales. En servicios de emergencia, donde el tiempo y la disponibilidad de recursos son factores críticos, contar con datos de laboratorio accesibles puede ayudar a priorizar conductas y ordenar el proceso diagnóstico.
Cómo fue diseñado el estudio
La investigación tuvo un diseño retrospectivo. Fueron incluidos pacientes pediátricos de 1 a 18 años diagnosticados con miocarditis, síndromes perimiocárdicos o pericarditis aguda entre 2015 y 2021. Todos los casos correspondieron a pacientes atendidos en el contexto del departamento de emergencias.
En total, fueron incluidos 166 pacientes elegibles. La muestra fue distribuida en cuatro grupos diagnósticos: 74 pacientes con miocarditis, 63 con miopericarditis, 21 con perimiocarditis y 8 con pericarditis aguda. Esta distribución permitió comparar a los pacientes con miocarditis aislada frente a aquellos con diferentes formas de compromiso pericárdico y miocárdico combinado.
Características de la población evaluada
La mediana de edad de la población fue de 15 años, con un rango intercuartílico de 12 a 17 años. El rango intercuartílico (RIC) describe el intervalo donde se ubica la mitad central de los datos, entre el primer y el tercer cuartil. En este caso, indica que gran parte de la población evaluada correspondió a adolescentes.
Además, el 76,5% de los pacientes fueron varones. Este dato fue conservado como parte de la caracterización de la muestra y resulta relevante porque algunas condiciones inflamatorias cardíacas en adolescentes pueden mostrar diferencias de frecuencia según sexo, aunque el estudio se enfocó principalmente en la utilidad diagnóstica de los biomarcadores.
Qué datos clínicos y de laboratorio fueron registrados
Los investigadores registraron características clínicas, hallazgos de laboratorio, resultados del electrocardiograma (ECG) y del ecocardiograma (Echo). El ECG permite evaluar la actividad eléctrica cardíaca, mientras que el ecocardiograma permite observar la estructura y función del corazón mediante ultrasonido.
El foco principal fue colocado sobre el Systemic Immune-Inflammation Index (SII), traducido como índice de inmunoinflamación sistémica. Este índice fue calculado a partir de los recuentos de neutrófilos, plaquetas y linfocitos obtenidos dentro de las primeras 6 horas desde el ingreso al departamento de emergencias pediátricas (PED, por sus siglas en inglés: Pediatric Emergency Department).
La importancia de las primeras 6 horas
El hecho de que los valores hayan sido considerados dentro de las primeras 6 horas resulta clínicamente importante, ya que ubica la evaluación en una ventana temprana de atención.
En un servicio de emergencia, la utilidad de un biomarcador aumenta cuando puede ser obtenido rápidamente y cuando forma parte de análisis disponibles en la práctica cotidiana.
Esta ventana temporal también permite pensar en estos marcadores como parte de una estrategia inicial de triage. Es decir, podrían ayudar a clasificar el riesgo y orientar decisiones antes de que se complete una evaluación más extensa o antes de que se disponga de estudios más complejos.
Qué biomarcadores fueron evaluados
El estudio evaluó principalmente tres parámetros: WBC, ANC y SII. Cada uno de ellos aporta información sobre la respuesta inflamatoria sistémica y puede obtenerse a partir de estudios de laboratorio habituales.
El WBC (White Blood Cell count) corresponde al recuento de glóbulos blancos. Es un marcador general de respuesta inflamatoria o infecciosa, aunque no es específico de una enfermedad determinada. En diferentes contextos clínicos, un aumento del WBC puede reflejar activación inmunológica, infección, inflamación o estrés fisiológico.
ANC: recuento absoluto de neutrófilos
El ANC (Absolute Neutrophil Count) corresponde al recuento absoluto de neutrófilos. Los neutrófilos son un tipo de glóbulo blanco que participa en la respuesta inflamatoria aguda. Su aumento puede ser observado en cuadros infecciosos, inflamatorios o de estrés sistémico.
En este estudio, el ANC tuvo un rendimiento diagnóstico relevante para estimar la presencia de síndromes perimiocárdicos. Su área bajo la curva (AUC) fue de 0,805, con p < 0,001, lo que lo ubicó entre los biomarcadores con mejor desempeño en el análisis.
SII: índice de inmunoinflamación sistémica
El SII (Systemic Immune-Inflammation Index) corresponde al índice de inmunoinflamación sistémica. Se calcula combinando neutrófilos, plaquetas y linfocitos. Al integrar distintos componentes celulares de la respuesta inmune e inflamatoria, puede reflejar un estado inflamatorio más amplio que el aportado por un único parámetro aislado.
En el estudio, el SII fue calculado con los datos obtenidos dentro de las primeras 6 horas desde el ingreso al departamento de emergencias pediátricas. Esto permitió evaluar su potencial como herramienta temprana para diferenciar cuadros que pueden parecer similares al inicio.
Diferencias observadas entre los grupos
La hipótesis clínica de fondo fue que los síndromes perimiocárdicos podrían mostrar un perfil inflamatorio sistémico diferente al de la miocarditis aislada. Si esa diferencia fuera detectable mediante biomarcadores simples, podría ser incorporada como apoyo al proceso diagnóstico inicial.
Los resultados mostraron que los valores de WBC, ANC y SII fueron significativamente más bajos en los casos de miocarditis que en los otros grupos. Esta diferencia fue estadísticamente significativa, con p < 0,001, lo que indica una baja probabilidad de que la diferencia observada se explique por azar bajo el modelo estadístico utilizado.
Valores registrados en los pacientes con miocarditis
En el grupo de miocarditis, la mediana de WBC fue de 7,44, con RIC 6,22-9,32. La mediana de ANC fue de 3,93, con RIC 3,38-5,00. La mediana de SII fue de 418, con RIC 286-679.
Estos valores fueron menores que los observados en los síndromes perimiocárdicos. La diferencia sugiere que los cuadros con compromiso pericárdico y miocárdico combinado podrían asociarse con una respuesta inflamatoria sistémica más marcada que la miocarditis aislada.
Cómo se evaluó el rendimiento diagnóstico
Para evaluar el rendimiento diagnóstico de los biomarcadores, fue utilizado un análisis ROC (Receiver Operating Characteristic), conocido en español como análisis de característica operativa del receptor. Esta herramienta permite estimar la capacidad de una prueba para diferenciar entre dos condiciones, en este caso, miocarditis aislada y síndromes perimiocárdicos.
Uno de los indicadores derivados del análisis ROC es el AUC (Area Under the Curve), o área bajo la curva. El AUC resume la capacidad discriminativa de una prueba: cuanto más cercano a 1 es el valor, mayor es su capacidad para distinguir entre los grupos comparados. Un valor de 0,5 indica una capacidad equivalente al azar.
Resultados del área bajo la curva
En la estimación diagnóstica de los síndromes perimiocárdicos, el AUC fue de 0,735 para WBC, 0,805 para ANC y 0,803 para SII. En todos los casos, los valores fueron estadísticamente significativos, con p < 0,001.
Estos resultados sugieren que el ANC y el SII tuvieron un rendimiento diagnóstico superior al del WBC para diferenciar los síndromes perimiocárdicos de la miocarditis aislada. Aunque los valores no indican una capacidad perfecta, sí muestran una utilidad potencial como herramientas complementarias.
Puntos de corte definidos por el índice de Youden
Los puntos de corte óptimos fueron determinados mediante el índice de Youden. Este índice permite identificar el umbral que maximiza la combinación entre sensibilidad y especificidad. En términos prácticos, busca el punto en el que una prueba logra el mejor equilibrio posible entre detectar verdaderos positivos y evitar falsos positivos.
Los puntos de corte identificados fueron 8,24 × 10⁹/L para WBC, 4,85 × 10⁹/L para ANC y 693 para SII.
Sensibilidad y especificidad de los biomarcadores
Con esos umbrales, las sensibilidades fueron de 67,4% para WBC, 76,1% para ANC y 73,9% para SII. Las especificidades fueron de 61,6%, 67,1% y 75,3%, respectivamente.
La sensibilidad expresa la capacidad de una prueba para identificar correctamente a quienes presentan la condición evaluada. La especificidad, en cambio, expresa la capacidad para identificar correctamente a quienes no la presentan. En este estudio, el SII mostró una especificidad de 75,3%, superior a la de WBC y ANC con los puntos de corte analizados.
Qué aportan el SII y el ANC en la toma de decisiones
Los autores concluyeron que tanto el SII como el ANC son biomarcadores accesibles y útiles para diferenciar los síndromes perimiocárdicos de la miocarditis aislada en niños y adolescentes. Esta conclusión se apoya en los valores de AUC observados y en las diferencias significativas encontradas entre los grupos.
El potencial aporte de estos biomarcadores se ubica en la etapa inicial de atención. En el departamento de emergencias pediátricas, las decisiones suelen ser tomadas con información limitada, en un contexto donde deben priorizarse la seguridad del paciente, la identificación del riesgo y el uso adecuado de recursos.
Un posible apoyo para el triage pediátrico
La incorporación de biomarcadores como SII y ANC podría contribuir a mejorar el triage, es decir, el proceso mediante el cual se clasifica la urgencia y gravedad de los pacientes. También podría ayudar a orientar la toma de decisiones sobre monitoreo, estudios complementarios, interconsultas y eventual internación.
En particular, el SII presenta una ventaja operativa: se calcula a partir de parámetros que forman parte de un hemograma común, como neutrófilos, linfocitos y plaquetas.
Esto lo convierte en una herramienta potencialmente accesible, sin requerir tecnología compleja o estudios de alto costo.
El valor práctico del ANC
El ANC, por su parte, también se obtiene de manera habitual en la evaluación hematológica. En este estudio, su AUC fue de 0,805, muy similar al del SII, que fue de 0,803. Esta similitud sugiere que ambos marcadores pueden tener valor en la discriminación diagnóstica.
Sin embargo, la utilidad clínica de estos biomarcadores debe ser interpretada con cautela. Ningún marcador por sí solo permite reemplazar la evaluación médica integral. La historia clínica, el examen físico, los síntomas, los hallazgos del electrocardiograma, el ecocardiograma y otros estudios continúan siendo fundamentales.
Importancia del diagnóstico temprano en niños y adolescentes
En pediatría, el diagnóstico de miocarditis y síndromes perimiocárdicos puede ser particularmente desafiante. Los síntomas pueden ser variables, la presentación puede ser inespecífica y, en algunos casos, los pacientes pueden no expresar con claridad la naturaleza del malestar.
Esta dificultad aumenta en niños más pequeños, aunque en este estudio la mediana de edad fue de 15 años.
El diagnóstico temprano es importante porque permite anticipar posibles complicaciones, definir el nivel de vigilancia y evitar demoras en la atención especializada. En los casos de inflamación cardíaca, la evolución puede ser heterogénea, desde formas leves hasta cuadros de mayor gravedad.
Implicancias para el seguimiento clínico
La diferenciación entre miocarditis aislada y síndromes perimiocárdicos puede tener implicancias en el seguimiento clínico, la indicación de reposo, el monitoreo de función cardíaca, la interpretación de marcadores inflamatorios y la planificación de controles posteriores.
Por esa razón, contar con herramientas que ayuden a distinguir estos cuadros desde el inicio puede mejorar el abordaje global. El estudio no propuso que el SII o el ANC definan por sí solos el diagnóstico.
Más bien, se sugirió que su incorporación en estrategias diagnósticas tempranas podría contribuir a mejorar el triage, orientar la toma de decisiones y optimizar la atención inicial en el departamento de emergencias pediátricas.
Herramientas accesibles para servicios de emergencia
Esta perspectiva resulta relevante porque los servicios de emergencia necesitan herramientas prácticas, rápidas y reproducibles. En ese sentido, los biomarcadores derivados del hemograma ofrecen una ventaja: suelen estar disponibles en la mayoría de los entornos hospitalarios y pueden ser evaluados durante las primeras horas.
Además, el enfoque basado en biomarcadores puede ser útil para complementar los hallazgos clínicos cuando los síntomas no son concluyentes. En cuadros no fulminantes, donde no existe una manifestación evidente de gravedad, la información de laboratorio puede ayudar a aumentar o reducir la sospecha de una entidad determinada.
Alcances del estudio
Los hallazgos del estudio deben ser interpretados dentro de su diseño retrospectivo. En este tipo de investigaciones, los datos son analizados a partir de registros ya existentes, lo que permite evaluar asociaciones y patrones, pero puede presentar limitaciones relacionadas con la disponibilidad, uniformidad y calidad de la información registrada.
La muestra incluyó 166 pacientes elegibles, una cantidad relevante para una condición pediátrica relativamente poco frecuente, pero que igualmente debe ser considerada al analizar la generalización de los resultados. La distribución entre grupos también fue desigual: 74 pacientes tenían miocarditis, 63 miopericarditis, 21 perimiocarditis y 8 pericarditis aguda.
Limitaciones a considerar
El grupo de pericarditis aguda fue pequeño, con 8 pacientes. Esto puede limitar la capacidad para extraer conclusiones específicas sobre esa categoría por separado. Sin embargo, el análisis global permitió comparar la miocarditis aislada con los síndromes perimiocárdicos agrupados.
Otro punto importante es que los biomarcadores inflamatorios no son específicos de una sola enfermedad. Valores elevados de WBC, ANC o SII pueden observarse en múltiples condiciones inflamatorias, infecciosas o de estrés sistémico. Por eso, su interpretación debe ser contextualizada.
Por qué los biomarcadores no deben usarse de manera aislada
La especificidad de 75,3% del SII con el punto de corte de 693 indica un rendimiento interesante, pero no elimina la posibilidad de falsos positivos. Del mismo modo, la sensibilidad de 73,9% indica que algunos casos podrían no ser identificados mediante ese umbral. Por lo tanto, la prueba no debe ser utilizada de forma aislada.
Aun con estas limitaciones, los resultados son clínicamente relevantes porque permiten identificar una tendencia clara: los valores de WBC, ANC y SII fueron significativamente más bajos en la miocarditis aislada que en los otros grupos, con p < 0,001. Esta diferencia ofrece una base para futuras investigaciones y para el diseño de estrategias diagnósticas más integradas.
Transparencia ética y conflictos de intereses
El estudio informó que no se reportó financiamiento, que fue aprobado por un comité de ética el 17 de noviembre de 2021 y que los autores declararon no tener conflictos de intereses. Estos datos aportan transparencia sobre el marco institucional y ético de la investigación.
La declaración de ausencia de conflictos de intereses y la aprobación ética son elementos relevantes en investigaciones clínicas, especialmente cuando se trabaja con población pediátrica y datos derivados de la atención asistencial.
Una herramienta complementaria para emergencias pediátricas
La principal contribución del estudio fue haber explorado una vía práctica para enfrentar un problema diagnóstico complejo. En lugar de depender exclusivamente de estudios avanzados o de manifestaciones clínicas evidentes, se evaluó si la información inflamatoria obtenida tempranamente podía aportar valor en la diferenciación de cuadros cardíacos pediátricos.
El SII, al combinar neutrófilos, plaquetas y linfocitos, puede reflejar de manera integrada la respuesta inmunoinflamatoria sistémica. El ANC, como recuento absoluto de neutrófilos, ofrece una medida directa de un componente central de la inflamación aguda. Ambos mostraron un rendimiento diagnóstico comparable y superior al del WBC en el análisis presentado.
Cómo podría integrarse en la práctica clínica
En la práctica, estos biomarcadores podrían ser considerados como parte de un enfoque escalonado. Ante un niño o adolescente con síntomas compatibles, los datos clínicos iniciales, el ECG, el ecocardiograma y los biomarcadores de laboratorio podrían ser integrados para estimar la probabilidad de miocarditis aislada o síndrome perimiocárdico.
Este enfoque podría ser especialmente útil en los casos no fulminantes, señalados por los autores como uno de los escenarios más difíciles.
En ausencia de signos claros de gravedad, las decisiones pueden depender de la combinación de múltiples señales clínicas y paraclínicas. Allí, los biomarcadores inflamatorios podrían aportar una capa adicional de información.
Valores que podrían orientar nuevas investigaciones
La disponibilidad de puntos de corte también puede facilitar futuras validaciones. En este estudio, los umbrales óptimos fueron 8,24 × 10⁹/L para WBC, 4,85 × 10⁹/L para ANC y 693 para SII. Estos valores fueron definidos mediante el índice de Youden y se asociaron con distintos niveles de sensibilidad y especificidad.
No obstante, antes de una aplicación amplia, sería necesario que estos hallazgos sean confirmados en nuevas poblaciones pediátricas, idealmente mediante estudios prospectivos. También sería útil evaluar cómo se comportan estos biomarcadores cuando se combinan con otros parámetros clínicos, electrocardiográficos, ecocardiográficos o bioquímicos.
Conclusión
El estudio publicado en BMC Emergency Medicine mostró que el SII y el ANC pueden aportar información útil para diferenciar síndromes perimiocárdicos de miocarditis aislada en niños y adolescentes. Aunque no reemplazan la evaluación clínica, podrían fortalecer el triage y la toma de decisiones tempranas en emergencias pediátricas.
Referencias
Autor
El equipo de redactores de Sapue realizo esta historia, utilizando herramientas editoriales, de traducción e inteligencia artificial. El proceso de redacción contó con incidencia humana en cada etapa.
